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Un hombre recibe una inyección de la vacuna cubana Abdala contra COVID-19 en un consultorio médico en Alamar, en las afueras de La Habana, Cuba.
Un hombre recibe una inyección de la vacuna cubana Abdala contra COVID-19 en un consultorio médico en Alamar, en las afueras de La Habana, Cuba. (The Associated Press)

La Habana — A Mabel Aguilera no le dolió el pinchazo. Esperó sentada una hora como lo estipula el protocolo para observar reacciones adversas ante la vacuna contra el nuevo coronavirus y salió del consultorio médico con una sonrisa, pensando que podrá finalmente ir a ver a su nieta que cumple 15 años a la oriental provincia de Granma.

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