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El presidente colombiano Iván Duque (centro) amenazó a Cuba con denunciarla ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como país que promueve el terrorismo. (AP / Fernando Vergara)
El presidente colombiano Iván Duque (centro) amenazó a Cuba con denunciarla ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como país que promueve el terrorismo. (AP / Fernando Vergara)

La Habana, Cuba - La introducción al tablero político latinoamericano de gobiernos de extrema derecha ha colocado a Cuba en una posición incómoda, que entre otros temas ahora lidia con un diferendo con Colombia por los miembros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) que permanecen en la isla, como parte del fracasado proceso negociador entre ambas partes.

El último capítulo en esa controversia se dio el martes, cuando el presidente colombiano Iván Duque amenazó a Cuba con denunciarla ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como país que promueve el terrorismo.

La intención del presidente colombiano surge porque Cuba no ha atendido su pedido de entregar a los integrantes del ELN que se encuentran en la isla, entre ellos los comandantes guerrilleros conocidos por sus alias de Gabino y Pablo Beltrán.

Duque entiende que Cuba tiene que entregar a los guerrilleros luego de que el diálogo se rompiera después de que el ELN se atribuyó el estallido de un coche bomba contra una academia de policía de Bogotá, en el que murieron 22 personas en enero pasado.

Cuba se ha negado a dicha solicitud, con el apoyo de Noruega, por lo que el presidente colombiano busca encontrar coro en la ONU, donde el proceso no le será sencillo.

A continuación, ofrecemos varias preguntas que pueden arrojar luz sobre si, en efecto, Dique tiene o no razón para querer denunciar a Cuba por apoyar el terrorismo. 

¿Puede el presidente colombiano tomar dicha acción?

Puede, eso es correcto, el tema está en que su denuncia prospere. Cuba tiene una línea de defensa sólida en este caso, pues su rol como país sede de las conversaciones de paz le vino por carambola, a pedido de Noruega, luego de que Ecuador se negara a acoger las conversaciones de paz, como se había comprometido previamente. Como Cuba había sido un garante exitoso en el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que hoy se tambalea, emergió como un socio lógico para también acoger el proceso ELN-Gobierno. Esa determinación fue avalada por otros países garantes, como Chile, Venezuela, además de Estados Unidos y el propio delegado de la ONU para las conversaciones de paz. Para que Duque tenga éxito en la ONU, tendría que lograr que los países garantes y el propio organismo desconozca un protocolo de rompimiento de las negociaciones que todos reconocen, menos él -y solapadamente Estados Unidos-, por lo que la tarea no será sencilla.  

¿Por qúe daría Colombia ese paso, qué busca?

Esa es la pregunta de los 64,000 chavitos. En primera instancia está la aspiración legítima de poder procesar judicialmente a los dirigentes del ELN por el ataque al cuartel, con la correspondiente ganacia política. Los dos comandantes que están en La Habana han negado cualquier vínculo y aseguran que todo se cuajó sin su participación, aunque lo reconocen como un acto de guerra. Pero Duque podría tener una carta debajo de la mesa y es presionar a La Habana para hacerle el juego político a Estados Unidos, que lentamente ha echado para atrás todas las medidas de acercamiento impulsadas por Barack Obama. Entre esas medidas estuvo la eliminación de Cuba de la lista de países que promueven el terrorismo, lo cual abrió las puertas al restablecimiento completo de las relaciones bilaterales. La administración Trump anda buscando un argumento perfecto para devolver a Cuba a esa lista, romper relaciones y cerrar oficialmente su embajada habanera, lo que Colombia le pondría en bandeja de plata. El único argumento ante eso es que el gobierno de Obama reconoció y avaló la gestión de Cuba en las negociaciones de paz, lo cual pondría a Trump en un dilema moral. 

¿Cuál es el contexto de este lío?

Para entender cóm Duque llegó a este punto, hay que echar para atrás y ver este asunto en un conexto más amplio. El diferendo se cuajó a partir de enero pasado, cuando un integrante del ELN estalló un coche bomba contra la sede de la Escuela de Cadetes de la Policía General Francisco de Paula Santander, en Bogotá, causando la pérdida de 22 vidas humanas y sobre 60 heridos. El ELN se atribuyó el ataque y el viernes, 18 de enero, Duque informó la ruptura de los diálogos de paz con el grupo guerrillero, los cuales se venían realizando en La Habana desde el año pasado. Luego, activó a través de la Interpol órdenes de captura contra los miembros de la delegación de negociadores de la organización que están en tierras cubanas. Duque, igualmente, solicitó a Cuba la captura y entrega de los integrantes de la mesa diálogo del ELN, a lo cual las autoridades cubanas, en unión a Noruega, se han negado, pues su posición como países garantes es que se debe respetar el protocolo firmado por ambas partes antes del inicio de las negociaciones, sin importar cuál fue la causa del rompimiento. El gobierno colombiano desconoce ese acuerdo, porque fue firmado por la administración de Juan Manuel Santos y no por la de Duque. Se suponía, según el pacto bilateral avalado por la comunidad internacional, que la primera semana de febrero el gobierno colombiano diera un salvo conducto a los guerrilleros para su regreso a la selva, cosa que nunca ocurrió, como tampoco se ha sido concretada la orden de captura a través de la Interpol.

¿Por qué Cuba no entrega a los negociadores y se quita ese problema?

No hay dudas de que el rol de Cuba como país sede de las conversaciones de paz colocó a la isla en una incómoda posición, pues el mortal ataque realizado por el grupo insurgente quebró irreparablemente el proceso y obligó a las autoridades cubanas a tener que decidir entre entregar a los integrantes del comité negociador guerrillero, seguir los protocolos de las negociaciones o dar asilo político a los combatientes, como establece su constitución, un pedido que el ELN ha asegurado que no se materializará. No es un escenario sencillo para Cuba, que se convirtió en sede de los conversaciones de paz luego de que Ecuador decidiera retirarse tras la llegada al poder de Lenín Moreno. Cuba esperaba fungir un rol parecido al que asumió en las negociaciones bilaterales entre las autoridades colombianas y las FARC, las cuales acabaron, tras un tortuoso camino, en un acuerdo de paz que está vigente, aunque no sin faltar las polémicas. Cuba ha mantenido que, como garante junto a Noruega, no entregará a los guerrilleros del ELN ni violentará su posición como nación sede de un proceso de paz, lo cual ha sido rechazado por Colombia. En esencia, Cuba defiende los acuerdos que se firmaron y procura, junto a Noruega, su cumplimiento.

¿Se merece Cuba ser desginada como nación que promueve el terrorismo?

Desde una perspectiva esencial y estrictamente procesal, no lo merece, al menos por este tema. La isla está cumpliendo con su deber como defensor de unos acuerdos firmados por la comunidad internacional, por lo que acceder al pedido de Duque sería romper con los protocolos y pactos avalados por la diplomacia mundial. Además, el garante principal de este proceso no es Cuba, es Noruega. El gobierno noruego ha sido enfático en que todos los actores -incluyendo a Cuba, Colombia y el ELN- deben cumplir con el protocolo de quiebre de las negociaciones y seguirlo al pie de la letra. Así que si Duque quiere que le devuelvan a los miembros del ELN, a quien debe dirigir sus cañones es hacia Noruega, no hacia Cuba, y conseguir que se establezca algún procedimiento alterno negociado, que permita el regreso de los combatientes del ELN a Colombia. Claro, nada de eso tendrá valor si la intención de Duque es hacerle el juego a Washington y ayudar a que Trump tenga la razón perfecta para devolver a Cuba a la lista de países que promueven el terrorismo. 

¿Promueve Cuba el terrorismo?

La nueva constitución cubana prohibe expresamente que Cuba apoye o albergue a cualquier ente que fomente el terrorismo como arma política. Por lo otro lado, permite la petición de asilo por razones de persecución política. Parece lo mismo, pero no lo es, y es muy complicado explicarlo para Cuba. Institucionalmente, desde que Fidel Castro Ruz abandonó el poder a mediados de la década pasada, el país se ha negado a apoyar o reconocer a organizaciones que usan el terror como arma de combate y se ha sumado a la cruzada internacional para detener o negar apoyo a organizaciones que se estiman son terroristas. El país tiene, sin embargo, un pasado turbulento que no ha podido borrar del todo, pues apoyó y tuvo vínculos directos con grupos como las FACR o el ELN, que hoy día son considerados terroristas por Estados Unidos, pero que en la isla son vistos como ciudadanos que intentan liberar a sus países de lo que son catalogados como gobiernos opresores. En la era de la guerra fría, Cuba reconocía a grupos considerados terroristas en sus países, como la Organización para la Liberación de Palestina o el Congreso Nacional Africano, como organizaciones que combatían por la libertad de sus pueblos. En ese contexto, en la isla permanecen refugiados, por ejemplo, prófugos de la justicia estadounidense que son considerados terroristas domésticos, como la líder del movimiento de las Panteras Negras, Joanne Chesimard, alias Assata Shakur, o los puertorriqueños Victor Manuel Gerena, de “Los Macheteros”, y William Morales, del Frente Armado de Liberación Nacional. Cuba se niega a entregarlos por entender que fueron combatientes por la libertad de sus pueblos. Por el otro lado, las propias organizaciones de seguridad estadounidenses han reconocido el rol de Cuba en combatir el narcotráfico y el terrorismo en la región desde que comenzaron sus contactos en el 2015. Además, en un intento por esconderse de la justicia estadounidese, el magnate de la industria tecnológica, John McAfee, buscó esconderse en la isla para evitar ser procesado en Estados Unidos, pero el gobierno cubano elegantemente lo sacó del país.

¿Y ahora qué?

Queda por ver si Duque cumple su amenaza y si en la ONU reciben su mensaje con los brazos abiertos. Igual habrá que esperar si la salida de John Bolton como asesor de Seguridad Nacional impactará la ruta de esta controversia, pues el “halcón” era el propulsor principal de la presión sobre Cuba y su devolución a la lista de naciones que promueven el terrorismo. Igualmente, habrá que ver qué dicen entidades como el FBI, que ha estrechado lazos con la isla en términos de combatir el narcotráfico y otros delitos, como la trata humana.