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Fernando Rivera es profesor en la Universidad Central de Florida.
Fernando Rivera es profesor en la Universidad Central de Florida. (Carla D. Martínez Fernández)

Orlando - En el salón hay una llamativa colección de bolas de béisbol, una por cada estadio que ha visitado.

En una esquina, hay una imagen de una estampa borincana con un imponente flamboyán, árbol adoptado en Puerto Rico, pero que es de Madagascar.

En la otra, una monoestrellada se asoma en una pared con un pequeño rótulo en el que se lee “Puerto Rico se levanta”.

La oficina del doctor en Sociología, Fernando Rivera, es también, por el momento, el corazón del Centro para Investigaciones Puertorriqueñas (CIP), una entidad creada hace un mes en la Universidad Central de Florida, para investigar todo lo relacionado con Puerto Rico y la diáspora boricua hacia este estado, ese piso sociocultural que se ancla con firme zapata en Florida hace cerca de una década.

A partir de 2006, la situación económica empezó a empujar a miles de puertorriqueños fuera de la isla, eligiendo como destino favorito la zona central de Florida.

Y, cuando en el 2014 se declara la bancarrota, la emigración a Florida Central se acelera más y luego llega el huracán María, que pone un acelerador en ese proceso”, explicó Rivera.

Así que, desde 2010, ya se hablaba de la necesidad de crear una entidad que mirara y analizara este fenómeno, explicó.

Queríamos establecer un ‘hub’ que produjera y promoviera investigaciones mediante una colaboración entre Puerto Rico y Estados Unidos, crear unidad entre los distintos sectores de la población, pero desde una plataforma universitaria”, añadió.

De hecho, fue el huracán y la crisis que provocó, tanto en la isla como en Florida, lo que catapultó la creación del Centro para Investigaciones Puertorriqueñas, que aún está en proceso de estructuración.

Y es que la sede de este “hub” fuera la UCF supone una perfecta sintonía con lo que ocurre en la demografía de este centro docente. Hoy día, tiene 66,000 estudiantes y 18,000 son hispanos.

Esto le valió una designación federal como una “Hispanic Serving Institution”, sello que viabiliza ayudas y servicios enfocados en atender las necesidades particulares de los latinos.

Además, recientemente, la UCF decidió extender a los estudiantes puertorriqueños que han llegado tras el huracán un beneficio que era solo para los residentes: costos de matrícula a precio reducido.

Este beneficio estará vigente hasta el año 2023.

Apenas da los primeros pasos y ya el Centro ha identificado uno de los retos con los que tendrá que trabajar: dar apoyo a cientos de profesionales de gran capacidad que han llegado a este estado desde Puerto Rico, pero enfrentan la barrera del idioma.

Estamos buscando cómo proveer educación y talleres para que un profesional afine el inglés, de manera que pueda competir en este mercado”, dijo.

“Algo que no queremos que pase es que en Florida se perpetúen bolsillos de boricuas, sino que haya una integración social, que no queden marginados. Y ahí es que entramos con los grandes dilemasque se generaron en la década de 1940, cuando aquella gran migración al noreste de Estados Unidos creo polos sociales de pobreza”, sostuvo.

Sin embargo, admitió que estos bolsillos boricuas ya se están formando particularmente en ciudades como Kissimmee. “Y esto no siempre es positivo”, dijo.

Alianzas

El Centro no operará en el vacío. Capitalizará la plataforma académica y apolítica que crea el mundo universitario, pero establecerá lazos de colaboración con los gobiernos de las ciudades y condados.

Mi marco de operaciones es relativamente neutral. No hay agendas políticas, ni de crecimiento económico. Este es un espacio seguro para discutir ideas”, dijo el sociólogo, quien es natural de Barceloneta.

Rivera contó que, en febrero pasado, visitó la isla junto a un grupo de profesores. La parada obligatoria fue Piñones, a donde los llevó a disfrutar de la gastronomía única de esta zona.

Allí vio que uno de los kioskos operaba con un generador de emergencia y ello le hizo aterrizar en la dura realidad que vivía su isla natal.

Me pregunté qué hago viviendo en Florida, pero también recordé que muchos mentores me enseñaron que estando afuera, estaría adentro, y tengo bien arraigado que estando lejos, estoy cerca. Y ahora la responsabilidad con Puerto Rico se vuelve más grande, pues no solamente es ayudar a la isla, sino también a los que están llegando”, dijo el sociólogo, de 44 años, y quien lleva 13 viviendo en Estados Unidos.