Un grupo de estudiantes puertorriqueños publicó un libro con ensayos sobre la odisea de mudarse a la Florida. Aunque los escritos son parte del currículo de un curso de inglés, fue también un ejercicio terapéutico para expresar el proceso de mudarse que atravesaron.

Kissimmee, Florida – Fue un desahogo, un exorcismo individual durante el cual arrancaron de su corazón los sentimientos confusos que aprietan la garganta de todo aquel que, obligatoriamente o por voluntad propia, deja la Isla para vivir en Estados Unidos.

Fue también un ejercicio como como parte de los requisitos de un club creado por el profesor puertorriqueño Manuel Hernández, que imparte el curso Artes del Lenguaje en la escuela superior Osceola en Kissimmee.

Olga González, Dayinet Vélez y Danielis Coriano nacieron en Puerto Rico como otros estudiantes que forman parte de este grupo. Algunos llegaron después del huracán María. Otros arribaron algunos años antes. Cada uno tiene una historia que cuenta los momentos en que sus progenitores cuajaron la idea de dejar la Isla para brincar el charco; los detalles de proceso de la mudanza; las primeras semanas en el nuevo país; y el proceso de adaptación.

Es la historia de unos nuevos peregrinos, cuyos relatos no son tan diferentes al de aquellos que en el 1620 emprendieron un largo viaje lleno de dificultades para buscar un mejor lugar donde vivir, aun con el dolor que supone dejar lo que se conoce.

Es, precisamente, el relato de los llamados padres peregrinos que dejaron Inglaterra a bordo del barco Mayflower, el contenido de primer capítulo del libro de texto en la clase que imparte el profesor Hernandez. El título de ese capítulo es “Coming to America” (Viniendo a América) y es también el nombre del club que creó este maestro boricua y que quizás, es el único en Estados Unidos que ha publicado tres libros con estos relatos autobiográficos.

Preocupado por el exponencial crecimiento de puertorriqueños y otros hispanos en la Florida Central, Hernández tuvo la idea de documentar esas historias plasmadas por la pluma joven de estos muchachos y muchachas con una doble función: cumplir con el programa educativo que persigue mejorar las destrezas de escritura en inglés, pero también ayudarlos a sanar el alma.

A este profesor, el Distrito Escolar del Condado de Osceola se lo trajo desde Fajardo en el 2014 ante el crecimiento de estudiantes hispanos en ese sistema educativo, el cual se caracteriza hoy día porque la mayor parte de su matrícula es hispana, predominantemente puertorriqueña. En ese municipio laboraba como facilitador docente del Departamento de Educación, aunque también impartió clases en la Universidadde Puerto Rico, donde ofreció un curso sobre la creación literaria de los puertorriqueños en Estados Unidos.

“La escuela me contrata pues tenía un problema: no sabía cómo comunicarse con estos estudiantes que llegaban y siguen llegando”, dijo el profesor quien recibió a El Nuevo Día, en su salón, una hora antes de que iniciara la jornada escolar del día. En la puerta que da acceso a su aula hay un pequeño rótulo que probablemente él redactó a mano: “America has always been a land shaped by inmigrantes” (América siempre ha sido una tierra formada por inmigrantes)…una frase muy pertinente en estos días.

“El sistema educativo de Osceola no estaba preparado para eso”, dijo Hernandez.

Tampoco lo estaba Dayivet Vélez, estudiante de esta escuela y quien es de Adjuntas. El huracán destruyó la casa donde vivía junto a sus padres, hermanos y abuelos. Dañó la estructura y hasta la ropa y zapatos de la familia se las llevó el viento.

“¿Recuerdas haber tenido de esas pesadillas de las cuales luego no sabes si fue real? Bueno, pues esa pesadilla me pasó a mí”, así comienza el ensayo de esta joven. Esta mañana, cuando conversó sobre su participación en este libro, contó cuando pasaron tres días del huracán y su abuela convocó a una reunión en su habitación. Como pudieron, la familia se acomodó en la recámara cuando la matriarca lanzó la frase que desató la tormenta: “Nos vamos para Georgia”, dijo la anciana.

Dayinet contó que la abuela habló con un pariente en ese estado y arregló la estadía por unas dos semanas. “Era en lo que las cosas se normalizaban acá y para que nos tranquilizáramos”. Regresaron a Puerto Rico pero como la situación empeoraba en la Isla, decidieron regresar a Estados Unidos, esta vez a Florida.

“Vinimos a Florida pues conocíamos bien el lugar. Habíamos venido muchas veces de vacaciones. Pero una cosa es venir de paseo y otra llegar para quedarte a vivir. De vacaciones, sabes cuándo vas a regresar. Pero cuando te mudas no sabes cuándo podrás volver, si es que algún día regresas”, dijo la joven a veces mirando al techo del salón, a veces mirando a su profesor.

Su relato, que aborda otras experiencias, aparece en la más reciente edición de “Coming to America: Representing an Unexplored Reality”. La publicación fue lanzada por la editorial Divine Publishing, una casa publicadora dedicada a publicaciones de corte religioso.

No todos son boricuas. Alexander Echavarría llegó de Venezuela y contó que la primera vez que escuchó el nombre “Estados Unidos” fue en su casa cuando su mamá conversaba con alguien sobre la posibilidad de emigrar a Estados Unidos. “En ese momento mis padres no me dijeron nada formalmente, sino hasta más tarde cuando estuvieron bien seguros de que nos iríamos”, narró el joven escritor y quien llegó a Florida junto a su familia en el 2015.

Danielis Coriano llegó antes del huracán. Arribó a Florida en el 2016 porque su padre, que operaba un negocio de grúas, se había quedadosin empleo y recibió una oferta atractiva. El hombre viajó solo para ubicarse y luego regresó a Aguas Buenas a buscar a la familia.

También hubo una reunión familiar, esos encuentros poco comunes entre las familias puertorriqueñas y que, cuando se convocan, suelen ser crípticos y dramáticos.  Partieron el día 6 de julio. Danielis podrá olvidar cumpleaños y fechas particulares, pero no el día en que abordó ese vuelo a Orlando. En realidad, todo el que se va recuerda la fecha de ese pasaje de ida.

“Pensé que tendría una vida en Puerto Rico pero mi padre decidió que teníamos que irnos y eso me marcó. Ese día fue como si me arrancaran algo. Aquí todo era distinto. Como sabes, en Puerto Rico uno sale de la casa y habla con todos los vecinos, pero aquí no es así”, dijo la joven que contaba la historia como en trance, como quien ha tenido que repetirla en diversas ocasiones.

Y recordó el primer día de clases cuando su progenitora la dejó frente al plantel, pues acá los padres no pueden entrar a las escuelas como “Pedro por su casa”, tal y como ocurre en la Isla. 

“Mami me dijo que estuviera tranquila, que los cambios siempre son buenos y que yo no era la primera ni la última es una situación como esta. Recuerdo que míster Hernández fue de los primeros maestros que me recibió ese día y que me hablara español me ayudó en mi proceso de adaptación”, narró.

El peregrinaje fue duro, pero dicen que valió la pena. “Ha sido un cambio positivo. Es una ventaja el poder dominar dos idiomas. Eso sí, la nostalgia no se va”, dijo.

Esta idea del profesor Hernandez, de lograr que sus estudiantes narren sus experiencias y que sean publicadas, está dando otros frutos. El maestro contó que el distrito escolar de Denver copiará esta fórmula y pronto será parte del currículo educativo allí.

“Esto es más que un libro, Es un programa educativo para que los estudiantes desarrollen sus destrezas, pero también sirve para mejorar su autoestima”, declaró Hernández.


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