En la foto la planta de AES en Guayama. (GFR Media)

Orlando – La controversia en torno a la llegada de millones de toneladas de cenizas provenientes de la planta AES Puerto Rico en Guayama para ser depositadas en un relleno sanitario en el Condado de Osceola está lejos de disiparse. Sin embargo, en Puerto Rico el carbón tiene sus días contados.

Esto, porque el gobernador Ricardo Rosselló, en su reciente mensaje de Estado el mes pasado, prometió que, para el 2020, el carbón no tendrá espacio en el panorama energético puertorriqueño. Lo que está por verse es si esa promesa se cumplirá y si ello apaciguará la ola de incomodidad que causó en el Condado de Osceola la revelación sobre la existencia de un contrato que permitirá que se depositen allí cerca de 650 millones de cenizas. No hubo consultas públicas ni notificaciones a la ciudadanía.

AES Puerto Rico es una planta generatriz privada que se estableció en Puerto Rico en la década de 1990 en virtud de una ley federal que permite que empresas cogeneradoras produzcan electricidad y la vendan a la utilidad pública del estado, en el caso de Puerto Rico la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE).

El contrato está vigente hasta el 2027, pero el cambio de política pública energética del país ha presionado el acelerador y ahora la AES se encuentra en un proceso de evaluación para determinar qué nueva tecnología utilizará para poder continuar haciendo negocios en Puerto Rico.

La ley que permitió el establecimiento de AES se llama Public Utility Regulatory Policies Act (PURPA), y se promulgó para evitar que se repita la crisis energética de 1970. PURPA promueve la producción energética mediante plantas cogeneradoras privadas. Esta electricidad se debe vender a las utilidades públicas a un precio igual o menor de lo que le costaría producirla, en este caso, a la AEE. De esta forma, el gobierno evita destinar millones de dólares en la construcción  de nuevas plantas.

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Esto permitió que en Puerto Rico, luego de un largo proceso de audiencias legislativas y propuestas de todo tipo (incluyendo una que proponía generar electricidad quemando plantas de marihuana) el gobierno suscribiera también un contrato con otra empresa cogeneradora: Ecoeléctrica.

Ecoeléctrica utiliza gas natural, que es el combustible fósil más limpio disponible en el mercado. AES utiliza carbón con una tecnología que implica quemarlo mezclado con piedra caliza. La piedra caliza absorbe el azufre del carbón haciendo que las emisiones al aire sean menos contaminantes. No obstante, el proceso genera unas cenizas que han generado grandes controversias públicas desde el día el mismo día que AES quiso poner su pie en Puerto Rico hace poco más de 20 años.

Ahora, Puerto Rico ha apostado al gas natural como el combustible a costo plazo por sus relativas bajas emisiones contaminantes al tiempo que marca la fecha del fin del carbón en una meta para la cual apenas faltan siete meses.

Esa fecha -31 de diciembre de 2019- coincide con el fin del contrato de envío de cenizas de Puerto Rico al Condado de Osceola. Este acuerdo, vigente desde abril, establece que se depositarán en un relleno sanitario en Saint Cloud operado por la empresa JED Landfill. AES Puerto Rico le pagará a JED Landfill $2 por cada tonelada.

Ayer los comisionados del Condado de Osceola, y en presencia de decenas de personas que asistían a una audiencia pública, descubrieron que al dar el visto bueno para que esas cenizas de Puerto Rico pudieran se enterraran Saint Cloud, quedaron con las manos atadas e imposibilitados de cancelar ese acuerdo cuando la molestia de los ciudadanos le hizo cambiar de opinión.

En su lugar, acordaron enviar de inmediato una carta al relleno sanitario pidiéndole que voluntariamente decidiera no recibir tales cenizas. Viviana Janer, la única puertorriqueña en esa comisión, no estuvo disponible para entrevista hoy. Janer votó a favor del depósito de estas ceñidas en Saint Cloud, pero ayer, en un cambio de postura, apoyó una moción presentada por su colega Peggy Chouhry, para que se enviara tal carta. Mientras, AES dijo que no emitiría comentarios sobre este particular.

En cuanto al fin del uso del carbón, AES sí expresó a través de una declaración escrita que la empresa está en un proceso de transición para cambiar a otras tecnologías que actualmente son parte de sus operaciones en otros países, ya sea gas natural o sistemas de energía renovable como son los sistemas fotovoltaicos (energía solar). 

“Debido a la experiencia y liderazgo global de AES Corp. en renovables, AES PR ha participado en licitaciones de proyectos de gas natural y almacenamiento de energía realizados por la AEE durante el pasado año, apoyando la visión de transformación energética del Gobierno de Puerto Rico”, indicó la empresa.

AES desconoce a esta fecha cuál será la nueva tecnología que seleccionará ni el costo del cambio. “La decisión final y camino a seguir va adepender de los estudios de viabilidad técnica y comercial que están iniciando, por locual, es muy prematuro indicar que inversión y modificaciones serán necesarias para esta transición”, indicó la empresa en declaraciones escritas.

Aunque el carbón tenga los días contados, las cenizas depositadas en rellenos sanitarios constituyen una bomba de tiempo ambiental, según afirmó elbiólogo de la entidad “Ideas for us”, Clayton Ferrara. El científico afirmó que las cubiertas de plástico que se colocan en el fondo de los rellenos sanitarios como barreras para impedir la infiltración de contaminantes a la tierra y al agua subterránea, no son infalibles.

“Se rompen, y el año pasado hubo al menos seis incidentes de cuerpos de agua contaminados por la ceniza depositada en rellenos sanitarios”, dijo el experto durante su comparecencia ayer a unas audiencias públicas donde decenas de ciudadanos se expresaron en contra del depósito de este material en el Condado de Osceola.

Ferrara dijo en la Florida el nivel freático es muy cercano, -es decir, que el agua subterránea está muy cerca de la superficie. Esto implica que la basura enterrada estará en contacto con esas cubiertas de fondo de los rellenos sanitarios y, en caso de una ruptura, la contaminación alcanzará el agua causando impactos insospechados a la salud y el ambiente.


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