Este año, el gobierno islandés invertirá alrededor de $12.3 millones en infraestructura en destinos turísticos públicos y privados.
Este año, el gobierno islandés invertirá alrededor de $12.3 millones en infraestructura en destinos turísticos públicos y privados. (Unsplash) (ELNUEVODIA.COM)

En un mes normal, el Hotel Radisson BLU Sagaen Reikiavik en Islandia estaría repleto de viajeros entusiasmados por ver auroras boreales, asistir a ferias comerciales, recién casados emocionados por recorrer las cascadas y aguas termales. Este año, obviamente todo es muy distinto. “Es irreal”, dijo Ingibjorg Olafsdottir, la gerente. “Está completamente callado”.

Desde marzo, incluso con el apoyo del gobierno, el personal de Olafsdottir se ha reducido de 140 a 16 empleados. El hotel, con más de 200 habitaciones, suele tener una ocupación sobre el 75 por ciento, pero cayó a un 11 por ciento en septiembre.

“Ha provocado muchos sentimientos”, comentó Olafsdottir: “Creo que todos estamos en la misma situación”.

El turismo experimenta una recesión sin precedentes en el mundo, pero varios factores hacen a Islandia particularmente vulnerable: el aislamiento geográfico, una población nacional pequeña, medidas fronterizas estrictas y una economía que -tras un auge turístico extraordinario que ha durado una década- ha terminado por depender en gran medida de los visitantes extranjeros.

Sin embargo, aunque las cifras de visitantes hoy son bajas, Islandia se posiciona para una recuperación significativa tras la pandemia. El gobierno invertirá más de $12 millones en infraestructura para el turismo, al tiempo que mejora carreteras y puertos en todo el país. Para mantener la industria turística a flote a corto plazo, el gobierno también invertirá más de $9 millones en un programa que distribuye cupones de viajes gratuitos entre ciudadanos y residentes. A fines de la primavera boreal, se lanzó una campaña publicitaria dirigida a los turistas nacionales; una versión internacional se develará tan pronto se terminen las restricciones de viaje. El plan es que cuando la gente reserve sus primeros vuelos internacionales tras la pandemia Islandia sea su primera opción.

El auge del turismo

La escasez de turistas era la última preocupación islandesa en 2018, cuando el país recibió una cifra récord de 2.3 millones de visitantes, más de seis veces su población. Fue el cénit de un auge que, según la mayoría de los observadores, se remonta a 2008, cuando un brusco descenso en el valor de la corona islandesa -como consecuencia de una crisis económica- de pronto hizo a Islandia mucho más asequible para los extranjeros.

Luego, en abril de 2010, la nube de ceniza de la erupción del volcán Eyjafjallajökull forzó la clausura temporal de una amplia franja del espacio aéreo de Europa, y puso a Islandia en los titulares del mundo. El gobierno lanzó la campaña Inspirado en Islandia unas semanas después de que la erupción fuera noticia, y lo que comenzó como una incomodidad de viaje se convirtió en una enorme ventaja publicitaria. El turismo se disparó. Los visitantes aumentaron de 459,000 en 2010 a más de 2.3 millones en 2018.

En términos económicos, el turismo llegó a constituir el 8.6 por ciento del producto interno bruto y el 39 por ciento de los ingresos totales por exportación del país. Unas 30,000 personas -casi el 16 por ciento de la fuerza laboral islandesa- trabajaban en la industria del turismo en 2018.

Una encuesta de 2016 reveló que casi todos los islandeses tenían opiniones positivas sobre el turismo. De hecho, el ascenso de la industria se tradujo en muchos beneficios para los lugareños: una variedad más amplia de empleos y restaurantes, vuelos más costeables a otras partes del mundo. Además, muchos en realidad disfrutaban la presencia de visitantes. A diferencia de otros destinos como Venecia y Barcelona, Islandia no tiene un movimiento activo en contra del turismo. Los islandeses “simplemente son personas afectuosas que disfrutan recibir a los visitantes”, dijo Anna Dora Saethorsdottir, profesora de Turismo en la Universidad de Islandia. “Estamos orgullosos de nuestra cultura y de nuestra naturaleza. Cuando estás orgulloso de algo, también te encanta mostrarlo”.

Aun así, las inquietudes empezaron a aumentar. A los expertos extranjeros y a muchos islandeses les preocupaba la presión que todos esos turistas ejercían sobre el frágil ecosistema natural del país. En 2016, la frase “exceso de turismo” apareció en un relato de viajes sobre Islandia y el término comenzó a difundirse.

Aunque no tardaría en disiparse, por supuesto. En 2017, la corona islandesa se fortaleció, lo cual hizo al país un destino más caro. En marzo de 2019, WOW Air, una aerolínea islandesa de bajo costo, colapsó. Las cifras de turistas ese año cayeron un 14 por ciento, a poco menos de dos millones. Y luego llegó 2020.

Todos están llorando

El verano empezó bastante bien. Las cifras de coronavirus aquí eran bajas y los viajes dentro del espacio Schengen de Europa, del cual es miembro Islandia, empezaron a abrirse. La gente que viajaba a Islandia podía elegir entre someterse a una prueba del virus al llegar al territorio o cumplir con una cuarentena de 14 días. Al mismo tiempo, el gobierno lanzó una campaña para promover el turismo entre los estimados 366,000 habitantes de la isla, que ofreció cupones turísticos a todos los islandeses mayores de 18 años.

“Nos fue bastante bien, en vista de la situación”, dijo Bjarnheidur Hallsdottir, presidenta del consejo de la Asociación de la Industria de Viajes de Islandia y directora ejecutiva de dos empresas turísticas. “Y luego, de la nada, el gobierno decidió cambiar las reglas en las fronteras. Desde entonces, todos están llorando”.

Las nuevas reglas, que entraron en vigor el 19 de agosto, dictan que los pasajeros que llegan pueden elegir entre someterse a dos pruebas diagnósticas del virus, con un intermedio de cinco días de cuarentena autoimpuesta, o cumplir con una cuarentena de 14 días tras su llegada.

Hallsdottir afirmó que cuando entraron en vigor las nuevas medidas, las cifras de turistas se desplomaron. Y aunque los casos del virus permanecieron bajos durante la mayor parte del verano, el país ha registrado una ola de nuevos contagios desde mediados de septiembre, incluso con las nuevas regulaciones.

Igual que en casi todos los rincones del mundo, el caos de los últimos meses ha detonado un incremento del desempleo. Entre marzo y agosto de este año, unas 8,000 personas -alrededor del cuatro por ciento de la fuerza laboral del país- fueron despedidas, según la Dirección General del Trabajo de Islandia; la mayoría de los despidos fueron en turismo.

Hallsdottir dice que los operadores turísticos ahora han solicitado al gobierno que ayude a cubrir los costos de operación, o a pagar salarios del poco personal que puede mantenerlos a flote.

“Si nadie atiende el teléfono ni responde los correos electrónicos, no habrá turismo el año que viene”, afirmó.

Inversión en el futuro

Después de la crisis bancaria de 2008, el auge turístico de Islandia ayudó a impulsar una recuperación económica impresionante. Sin embargo, también dejó rezagada la capacidad del gobierno de construir la infraestructura necesaria para atender a tantos visitantes nuevos. Ahora que las cifras son tan bajas, se abre la oportunidad de ponerse al corriente.

Este año, el gobierno islandés invertirá alrededor de $12.3 millones en infraestructura en destinos turísticos públicos y privados, declaró Skarphedinn Berg Steinarsson, director general de la Oficina de Turismo de Islandia. Estas inversiones ya estaban planeadas desde el año pasado, pero el gobierno aumentó el financiamiento cuando se desató la pandemia. Estas inversiones adicionales apuntalarán las mejoras en puertos y carreteras de toda la nación.

Las mejoras en los sitios turísticos tienen dos objetivos, dijo Steinarsson, “permitir la recepción de grandes cantidades de visitantes y preservar la naturaleza para garantizar que los sitios no se desgasten cuando volvamos a abrir las puertas”.

Las subvenciones más cuantiosas servirán para respaldar la construcción de un mirador en la montaña Bolafjall en la región de Vestfirðir, así como para la infraestructura en el cañón Studlagil, donde se instalará un mirador junto con nuevos senderos peatonales, sanitarios y señalizaciones informativas. Estas mejoras están pensadas para mantener seguros a los turistas (la montaña Bolafjall tiene un acantilado escarpado), y también para proteger al paisaje del daño ambiental.

Studlagil es ejemplo de un fenómeno común en Islandia: un sitio que no fue creado por los anfitriones, sino por los invitados. El cañón -que tiene riscos pronunciados de basalto a los costados de un río glaciar- fue “descubierto” como destino hace poco, relató Steinarsson, luego de que el caudal del río se volvió más tranquilo debido a la construcción de una planta hidroeléctrica cerca.

“Este es uno de esos sitios turísticos que nacen en las redes sociales”, dijo Steinarsson. “Pero no hay infraestructura ahí, no hay espacios de estacionamiento ni sanitarios. ¿Qué pasa cuando empiezas a permitir la entrada de 100,000 o 500,000 visitantes? Todo resulta perjudicado porque nada está diseñado para eso”.

Ahora el gobierno trabaja con los propietarios del terreno para construir senderos. El objetivo, dijo Steinarsson, es garantizar que los visitantes puedan disfrutar del lugar “sin dañar nada”.

El tipo de infraestructura que se va a instalar en Studlagil ya está montada en la mayoría de los sitios más conocidos de Islandia, sobre todo en el Círculo Dorado, un área cercana a Reikiavik que incluye algunos de los destinos más famosos del país: la cascada Gullfoss, la región geotermal de Geysir y el Parque Nacional Thingvellir, entre otros.

En los últimos meses, bastantes islandeses han visto estos lugares y los han disfrutado con menos personas de lo normal. A fines de la primavera se lanzó una campaña para motivar a los lugareños a explorar su país (“Island - komdu med¡” o “Islandia, ¡ven a visitarnos!” ), y la campaña de cupones de viaje promocionada por el gobierno ayudó a reactivar la demanda de hoteles, restaurantes y atracciones. Hasta ahora, los islandeses han usado más de $1.2 millones del valor de sus cupones de viajes gratuitos, que son válidos hasta el final del año.

“Fue un éxito”, dijo Steinarsson sobre los esfuerzos para incentivar el turismo nacional. “Los islandeses realmente disfrutaron su país. Eso es lo importante”.

Con miras al futuro

¿Cómo se verá el turismo en Islandia después de que se levanten las restricciones? Varios entrevistados expresaron esperanza de que los turistas futuros se queden más tiempo y exploren rincones menos populares.

“Si van más allá de los lugares típicos -y ni siquiera tienen que alejarse demasiado-, encontrarán una sensación más remota, una versión más privada de Islandia”, afirmó Gottlieb, la autora de la guía turística.

Es un tipo de turismo que parece coincidir más con la manera en que han cambiado las actitudes de los consumidores durante la pandemia. Incluso Olafsdottir, la gerente del hotel, se mostró optimista sobre las posibilidades turísticas del país después de la pandemia.

“La población es tan pequeña y el país es tan grande”, dijo. “Para Islandia, esa es una gran oportunidad”.