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Mariano Rivera ríe con ganas durante la actividad celebrada ayer en Nueva York donde se presentó de forma oficial a la Clase del 2019 del Salón de la Fama. (AP)

Nueva York - Mariano Rivera era todo sonrisas ayer en la conferencia de prensa oficial de los nuevos miembros del Salón de la Fama de las Grandes Ligas.

Como su compañero de la Clase 2019 de inmortales del béisbol Edgar Martínez, Rivera suele no ser muy expresivo.

El vídeo que retrató el momento de su elección, de hecho, inicialmente le presenta tranquilo y calmado al momento de recibir la llamada oficial en que se le informó su elección.

Pero, cuando el secretario-tesorero de la Asociación de Escritores de Béisbol de America, Jack O’Connell, quien lo cubrió toda su carrera, le notificó que había sido elegido por unanimidad, hasta Rivera, rodeado de su familia, no le dejó terminar de hablar y comenzó a celebrar.

No era posible la serenidad. Rivera había hecho historia, al recibir el endoso de los 425 votantes.

Al cerrador de los Yankees de Nueva York le impactó conocer que Martínez y él se convierten en el primer tándem latinoamericano de una misma clase. Para Rivera es notable además que es solo el segundo panameño en el Salón de la Fama, uniéndose al legendario segunda base Rod Carew.

En ese sentido, recordó sus humildes orígenes en la villa pesquera Puerto Caimito de Panamá, donde se enamoró, jugando hasta descalzo, del béisbol. “Viniendo de una pequeña villa pesquera en Panamá, entrar al Salón de la Fama es algo que mi mente aún no procesa”, sostuvo.

Para Rivera, es algo especial haber representado a Panamá y Latinoamérica durante su carrera, pero sostuvo que tuvo como ejemplo a jugadores como Roberto Clemente y Juan Marichal “que nos enseñaron cómo hacerlo”.

Rivera es muy religioso y sus palabras de agradecimiento fueron primero para Dios y su familia. Pero, en referencia a que se ha convertido en el primer jugador en ser elegido por unanimidad, el exlanzador panameño indicó a los periodistas con derecho al voto que “ustedes son los mejores”.

El exlanzador hizo reír al público cuando expresó que Martínez le debe una cena, por haberle hecho subir su promedio. Los medios no han cesado de recordar que el exbateador designado puertorriqueño de los Marineros de Seattle tuvo promedio de .579 frente a sus lanzamientos.

Aunque fue convertido de campo corto a lanzador, Rivera – quien tiene el récord de partidos salvados, con 652, y fue parte de cinco ediciones campeoniles de los Yankees-, sostuvo que el juego nunca se le hizo difícil. Lo complicado, dijo, fue no poder hablar inglés al llegar a las Menores.

“Estuve varios días llorando. El juego para mí era más fácil de lo esperado pero el factor del idioma fue difícil. Las ligas menores me formaron. Cuando aprendí el idioma, el juego fue más fácil”, indicó.

Pese a los diferentes campeonatos, Rivera sostuvo que su mejor momento en el béisbol fue ponerse cada día el uniforme de los Yankees durante 19 años. Siempre que lo hacía, indicó, “recordaba todos esos jugadores que estuvieron allí antes que yo”.


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