A los 10 años, se enamoró del baile, y ahora a sus 24 expande su visión artística. (horizontal-x3)
A los 10 años, se enamoró del baile, y ahora a sus 24 expande su visión artística. (Juan Luis Martínez)

La pasión apareció cuando tenía 10 años. Bastó ver un vídeo de un pas de deux interpretado por el Royal City Ballet para descubrir que eso que veía era lo que quería hacer. Para ese entonces ya llevaba tres años bailando y era la primera vez que tenía a su cargo el pas de deux del ballet “El pájaro azul”. Desde ese entonces hasta hoy, el bailarín puertorriqueño Sebastián Villarini Vélez sigue haciendo lo que ama.

Hace cinco años, este joven de 24 años y natural de San Juan fue seleccionado para formar parte del cuerpo de baile del prestigioso New York City Ballet (NYCB), siendo uno de dos puertorriqueños (el otro es Giovanni Villalobos) en formar parte de esta compañía.

Sebastián, quien es hermano del también bailarín Jorge Andrés Villarini -quien baila para el Dance Theatre of Harlem- se encuentra en Puerto Rico para participar hoy y mañana del espectáculo de fin de curso de Andanza, donde estudió cuando era niño. En estas funciones, que se llevarán a cabo en el Teatro Francisco Arriví, en Santurce, estará interpretando al “Príncipe Sigfrido” en un segmento que se realizará de “El lago de los cisnes”. Esta será la primera presentación de Villarini Vélez en Puerto Rico desde que comenzó a bailar con el NYCB en el 2013.

Además de este evento, el artista aprovechó esta visita para ofrecer una clase especial en la academia Centro Danza de la bailarina Laura Valentín y su esposo, el también bailarín Osmay Molina, quienes fueron algunos de los maestros que tuvo cuando vivía en la isla.

“Pensé que era lo menos que podía hacer después de toda la tragedia del huracán (María). Además, siempre he querido devolverle a Puerto Rico la inspiración que me dio, en especial a la comunidad de la danza”, expresó el bailarín el pasado miércoles, durante una entrevista con El Nuevo Día, realizada en un salón de ensayo de la academia Andanza.

Fue en ese mismo espacio donde hace varios años comenzó a enamorarse del ballet. Antes de integrar Andanza, tomó clases de jazz, tap y hip hop en School for the Performing Arts, luego de que una persona del mundo de la danza identificó en él y en su hermano habilidad para esta disciplina cuando ambos participaron de un “talent show” de la escuela siendo apenas unos niños.

A medida que fue pasando el tiempo, Sebastián se fue puliendo con diversos maestros, tomando clases con Miguel Campanería, María Carrera, Yolanda Muñoz, José Rodríguez y Rodney Rivera, entre otros. Su gran maestro fue Joaquín Banegas, quien le enseñó la disciplina y el profesionalismo para convertirse en un bailarín profesional.

Esa formación que recibió en la isla fue clave para que lo aceptaran en el 2010 en The School of American Ballet, escuela oficial del NYCB.

Luego de dos años de preparación en dicha escuela, entró como aprendiz de la compañía de ballet, y un año después fue contratado como parte del cuerpo de baile. Esos primeros años, admitió, fueron duros pues enfrentó situaciones que afectaron su autoestima, pero que logró vencer con el apoyo y respaldo de su familia.

“Al principio me costó entender que muchas de las decisiones que se tomaban eran por imagen, eran hechas por qui'en le caía bien a fulano y quién le caía bien a sutano y así no fue que mis papás me criaron. A mí me enseñaron que tienes que trabajar y que si trabajas duro y te dedicas y tienes pasión por lo que haces, ahí es que puedes echar pa’lante. No es lamiendo ojo, no es cayéndolo bien a fulano. Eso como que me hizo llegar a la conclusión de que si así era como tenía que lograr mis metas, pues de verdad prefería quedarme como soy y ser feliz con lo que tengo. Y de ese momento en adelante fue que me empezaron a llegar más oportunidades porque fue como una libertad artística de quitarme todos esos parámetros que nos impone hoy la sociedad con el social media, donde la gente se vende”, expresó.

Bailó contra los prejuicios

Villarini Vélez también tuvo que combatir prejuicios pues hasta hace poco a los bailarines latinos los encasillaban en los mismos personajes. Pero no fue lo único. Relató que en una ocasión estaba conversando en español con el también puertorriqueño Giovanni Villalobos durante un ensayo y uno de los entrenadores les dijo que no podían hablar español. “Existe el prejuicio y existe mucho, pero la raíz de esas cosas parte de la ignorancia”, opinó.

La buena noticia, sostuvo, es que el NYCB ha tomado cartas en el asunto y que los nuevos directivos de la compañía han creado un comité de inclusión de minorías para atender estos asuntos. “Ahora son un poco más cuidadosos y cautelosos de la manera en que se refieren a nosotros”, precisó.

Al preguntarle al bailarín qué lo motivó a seguir hacia adelante, incluso en los momentos más difíciles que enfrentó, dijo que su familia, que ha sido su “roca desde el inicio”, y su país.

“En los momentos donde mi autoestima estaba bien por el suelo que decía ‘no sirvo para esto’, me imaginaba a mis papás y me imaginaba a toda la gente que estoy representando porque uno no se representa a sí mismo. La gente generaliza mucho, así que cuando estoy en el estudio estoy representando a todo Puerto Rico, a todos los puertorriqueños, y en ese momento es que digo ‘puedo hacer esto’. También, cuando estaba empezando en la compañía, estaba pasando la huelga y los recortes de la Universidad de Puerto Rico y yo veía muchos vídeos de estudiantes y decía ‘si yo estuviese en Puerto Rico yo fuese uno de ellos y si ellos no se quitan yo tampoco’ ”, compartió con una sonrisa de orgullo.

Sebastián indicó que una de sus misiones desde hace varios años es educar un poco más sobre Puerto Rico a los que desconocen sobre la isla con el propósito de que sepan que “somos ciudadanos igual que ellos”.

“Lo más que me empuja a mí artísticamente y físicamente es poder demostrar que Puerto Rico tiene buenos bailarines y que también podemos ser iguales o mejores que ellos”, compartió.

El sueño del bailarín y el de su hermano -con quien vive en Nueva York- es “traer baile de calidad a Puerto Rico” presentando a bailarines puertorriqueños que, como él, están destacándose a nivel internacional. “La misión de nosotros es hacernos profetas en esta tierra”, puntualizó.

Apasionado

Mientras tanto, Sebastián sigue bailando con entrega y pasión. En julio estará presentándose con el NYCB en Saratoga Performing Arts Center, donde interpretará un repertorio mixto, incluyendo “Romeo y Julieta”. Luego partirá con la compañía a Dinamarca, donde también presentarán un repertorio mixto.

El bailarín indicó que lo que le gusta precisamente del NYCB es su repertorio abstracto y neoclásico que incluye nuevas coreografías, además de clásicos. Al abordarlo sobre su fascinación por el ballet, indicó que lo que le atrajo en un inicio de esta vertiente clásica fue la “bravura del bailarín”. “La habilidad de poder ser hombre detrás de una mujer y estar ahí para ella y ayudarla y tratarla como el cargo más precioso que uno tiene, es lo más que me gusta. Pero ahora estoy expandiendo mi visión artística y estoy trabajando con coreógrafos más contemporáneos y he tenido la oportunidad de hacer cosas más abstractas, así que me he ido alejando un poco de esa idea porque no me gusta encasillarme. Me gustaría ser un poco más flexible”, comentó sobre su futuro que, sin duda, será tan prometedor como ha sido su presente.


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