Freddie Mercado ha sabido fusionar elementos del transformismo, la pintura, el performance y la escultura, para convertirse él mismo en una pieza de arte, desdoblándose en una multiplicidad de personajes simultáneos que invitan a cuestionar la compleja condición humana.
Freddie Mercado ha sabido fusionar elementos del transformismo, la pintura, el performance y la escultura, para convertirse él mismo en una pieza de arte, desdoblándose en una multiplicidad de personajes simultáneos que invitan a cuestionar la compleja condición humana. (Alexis Cedeño)

El pasado mes de agosto, en plena pandemia y tras el paso de la tormenta Isaías, el artista puertorriqueño Freddie Mercado se enfrentó a un incendio en su casa/taller que lo consumió todo.

El fuego acabó con décadas de trabajo artístico y con todo un inventario de materiales claves para construir sus provocadoras piezas escultóricas corpóreas. En medio de la desesperación por salvar sus cosas personales, Mercado Velázquez entró varias veces al apartamento en llamas para salvar lo que podía. No fue hasta que llegaron los bomberos que el artista entendió la locura que acababa de hacer.

“Está toda tu vida ahí y de repente empieza este fuego y qué haces, tratas de salvarlo. En un momento tuve que decirme ‘Freddie Mercado esta es la naturaleza tienes que dejarla porque si no te vas a quedar con ella allí’”, revela.

En ese momento, el artista ya había comenzado a construir varias piezas que formarían parte de su nueva exhibición en La Casa de les Contrafuertes, en el Viejo San Juan, donde había llevado a cabo una residencia artística. El concepto de la muestra, naturalmente, cambió luego del incendio.

Esa tragedia se sumaba a otras situaciones duras vividas recientemente por el artista, como fue un reemplazo total de cadera, la cual estaba practicaba hecha pedazos y que lo obligó por años a usar bastones, andadores, y a vivir con mucho dolor. Todo eso, sin sumar el contexto de huracanes, terremotos y hasta una pandemia.

Repasado todas esas calamidades físicas y emocionales, Mercado pensó que lo más sensato era integrar ese elemento a su nueva exhibición, donde contó con la colaboración de su homólogo Charles Juhász-Alvarado. De esta forma, se concretó “Fractura”, muestra que abrió el pasado mes de febrero en La Casa de les Contrafuertes y que se extiende hasta agosto.

En esta exhibición -que cuenta con un cortometraje hecho por Carla Cavina titulado “Una mirada por la grieta”- Mercado Velázquez presenta ocho escenas originales montadas en sala. Cada una, presenta una figura del cuerpo del artista a tamaño real en uno de sus voluptuosos desdoblamientos, donde abundan ojos, encajes, collares, banderas, lentejuelas y genitales.

Una de las particularidades de la muestra -organizada por Ana Rosa Rivera Marrero- es que deja visibles las estructuras interiores de las figuras construidas en trozos de maderas hendidas y desperfectas, con las caras y las manos en yeso sin terminar, con andadores, y con otros elementos que apuntan precisamente a todas las calamidades vividas por el artista en los pasados años. La exhibición cuenta además con 12 pinturas sobre tela de canvas –incluyendo varias rescatadas del fuego-, tallas y documentación personal e histórica del artista.

El título de la muestra no solo apunta a las fracturas emocionales y físicas del artista, sino también a las que ha hecho en el mundo del arte, en el que irrumpió hace más de tres décadas con una estética cuir nada común para la época.

Freddie Mercado ha sabido desde entonces fusionar elementos del transformismo, la pintura, el performance y la escultura, para convertirse él mismo en una pieza de arte, desdoblándose en una multiplicidad de personajes simultáneos que invitan a cuestionar la compleja condición humana.

El artista recuerda que su exploración artística comenzó en la Escuela de Artes Plásticas, donde ingresó a mediados de la década del ochenta con el propósito de estudiar dibujo y pintura. Pero la curiosidad afloró tan pronto puso un pie en la institución y descubrió la escultura, y más tarde, el performance con la artista multidisciplinaria Awilda Sterling.

Esa información, sumado a la pasión que sentía desde niño al construirles vestuarios a muñecas y superhéroes, le dieron una dirección y comenzó a colocarse cosas en el cuerpo hasta que, inevitablemente, “me convertí en la pieza tridimensional, donde pongo todo ese elemento de pintura, de dibujo, de gráfica”.

“De pequeñito eso estaba fluyendo. Tengo un tío que es sastre y botaba materiales, y de ahí los cogía del zafacón, de ahí viene el empezar a buscar en los zafacones y reciclar”, comenta sobre la materia prima de sus obras que proviene principalmente de objetos encontrados o descartados.

Toda esa búsqueda artística, desde que era un niño hasta la actualidad, es lo que precisamente recoge esta muestra.

En la foto, parte de la muestra.
En la foto, parte de la muestra.

Freddie, además de las fracturas evidentes –las físicas y emocionales- esta muestra también habla sobre esa ruptura que haces en el arte puertorriqueño. ¿Cuáles dirías que son esas fracturas artísticas?

Transgredir y meterme. Desde joven, desde que entré a la Escuela de Artes Plásticas, fue bien difícil entrar en los espacios de exposición. En ese sentido, se me va la cabeza al cuerpo y vuelvo y miro a mi espacio de niñez y me veo como esa muñeca y digo, “me voy a convertir en la muñeca que va a irrumpir en esos espacios, voy a entrar y aprovechar las pequeñas grietas que hay para meterme en los espacios y presentar lo que quiero”.

Para las personas que no saben y que no vivieron esas décadas de los ochenta y noventa, ¿qué era lo que tú hacías y lo que haces?

Lo que hacía es que averiguaba de qué era el tema de ‘x’ exposición y me ponía cosas que fluyeran con el asunto y llegaba a las exhibiciones. A los artistas le encantaba y me empezaban a llamar para ir a sus exposiciones. Me convertí como en ese personaje que de momento llegaba. Todo el mundo comenzó a esperar esa situación de “cuándo va a llegar Freddie Mercado a la exhibición”. Comenzó como algo informal, pero luego de tomar clases con Awilda Sterling, lo empecé a coger mucho más en serio. Ya no era como ponerme alguito y aparecer, había una información que yo empezaba a trabajar como una historia o un sonido, ya que nunca utilizo la voz porque me parece que soy mucho más visual. Para mí lo importante es llegar y que la información corra con lo que estás mirando y ponerte a pensar.

¿Cómo se recibió tu trabajo entonces?

Recuerdo que en la Escuela de Artes Plásticas me pasó en diversas ocasiones que mis pinturas eran rechazadas y lo que hacía como protesta es que me metía a la actividad y hacía una pasarela tipo Miss Universe. Los estudiantes me apoyaban y nadie se atrevía a decirme nada, como que me cogían miedo.

¿Pero reconocieron ese trabajo performático como algo valioso?

Sí, pero siempre me dejaban fuera. Es que tú te vistes y te pones… Pero no cogí lucha con el asunto y seguí haciendo lo mío porque si no me tumbaban y no hubiese hecho nada.

En tu obra hay todo un discurso que tiene que ver con la estética queer. A lo mejor ahora hay mayor aceptación -y qué bueno- de lo queer, pero, ¿cómo fue hacer esto en aquel momento?

Era duro. A mí siempre me han tratado de señora, yo me monto en la guagua de la AMA y me dicen “señora, siéntese” a veces hasta con la barbita saliéndome. Nunca me ha molestado. Y de gritarme, de arriba para abajo, me han gritado de todo, ¡eres bucha!, porque la gente piensa que soy una mujer lesbiana y de repente miran cuatro veces más y se preguntan, ¿esto es un hombre o es una mujer? Se crea esa ambigüedad que es con la que he trabajado toda mi vida porque siento que todos somos andrógenos.

¿Crees que por eso es que tu trabajo se ha dirigido en esa línea?

Sí, porque es lo que yo vivo. Es mi experiencia de vida y mi experiencia de vida la trato de transportar y llevarla y un poco que la tomen, que esté disponible a todo el mundo. Ahora hay tanta moda con el asunto y qué bueno que se ha abierto todo eso, pero los que venimos de antes la hemos pasado de cuadritos. Ahora por lo menos todo está más abierto y llegas a un lugar y rápido hay una búsqueda de tratarte bien, pero antes no era así.

Hablemos un poco sobre el proceso creativo, ¿cómo creas estas piezas escultóricas corpóreas?

Muchas veces trabajo con sketch para saber qué material voy a utilizar, con qué voy a reciclar porque reciclo como loco. Me voy a los zafacones a buscar materiales, ya sea en un laundry o donde sea, y ahí empiezo a montar con la cuestión escultórica porque empiezo a trabajarlo sobre mi cuerpo. Desde foam, plástico, tela… Cuando hay foam empiezo a tallar y hago máscaras, piernas o elementos, tanto sexuales como de sexualidad masculina ambigua, porque siempre estoy trabajando con eso. Trabajo con espejos porque trabajo y vivo solo y es la única manera de saber qué está pasando en la espalda. Muchas veces creo personajes que van creciendo y juego con mitades y multiplicidad de caracteres dentro del cuerpo. Siempre estoy con todas esas historias.

¿Cómo se vende un performance? ¿Cómo vives de tu arte?

Pues en algún momento comencé a cobrar por lo que hacía porque me comenzaron a llamar para que fuera a las exposiciones y dije tengo que parar de hacer esto gratis. Luego he hecho proyecto con gente como María de Azúa, Fofe y Andanza.

¿De qué se compone esta muestra?

De lo que se salvó, lo que pude reconstruir para terminar la exposición. Aquí hay trabajo de toda la vida.

Las personas interesadas en acudir a la exhibición “Fractura”, de Freddie Mercado, pueden hacer reservaciones enviando un correo electrónico a contrafuertes@gmail.com.

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