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La Tuna Bardos cumple 24 años de fundación

Llama la atención que en esta época de tanto avance tecnológico, de juegos electrónicos, redes sociales, de generaciones hiperconectadas por la vía digital, pero cada vez más desconectadas de su entorno, jóvenes de la llamada generación Z -nacidos entre mediados de los 90 y el 2009- se sientan atraídos por la tradición de una tuna clásica ortodoxa como la Tuna Bardos de la Universidad de Puerto Rico (UPR), que este mes cumple 24 años de fundación, recientemente superó el centenar de tunos, cuenta dos producciones discográficas y más novatos o pardillos en formación.

A estos jóvenes les encanta vestir el uniforme, que consta de pantalón bombacho corto, camisa de mangas largas también con bombacho, jubón, una beca o banda de tela sobre sus hombros y medias tipo ‘tights’. No conformes con vestirlo en sus presentaciones, siguen de ‘janga’ con él y desfilan felices por las calles vestidos como si se tratase de personajes de siglos atrás.

“A lo mejor usted piensa que como que ‘uy, qué raro’, pero a mí el traje fue lo que más me gustó. Recientemente me lo dieron en una actividad pasada y me lo puse rápido. En casa fue como que ¡aaahhh! (suspira de emoción). Vengo desde noveno queriendo entrar a la universidad y a la tuna”, reveló a Flash! & Cultura Abimael Núñez, sanjuanero que ingresó a la IUPI este año académico y es pardillo. Reconoció que hasta en su casa han bromeado sobre el atuendo, pero él lo cuenta muerto de la risa.

“La primera vez que vi esos trajes por ahí… Yo soy de Lajas, ¡y en mi vida, en mi vida yo había experimentado (visto) una cosa así! Me intrigaba el vestido y los instrumentos que usaban”, recordó por su parte Carlos René García Santiago. El tuno 101 llegó a la IUPI en 2013 transferido del recinto de Mayagüez y luego de haber estar un año de intercambio en Alemania. La tuna, a la usanza española, utiliza instrumentos como bandurria y laúd.

Durante su primera fiesta con las nuevas amistades, el joven coincidió con algunos tunos y conoció un poco más de la estirpe de músicos, entonces algo rara para él. Más adelante tuvo la oportunidad de ver su espectáculo y, aunque dudó en formar parte de la agrupación cuando lo invitaron pues también estudia en el Conservatorio de Música, algo lo hizo darse la oportunidad. “Siempre me ha atraído la estética y la música renacentista. Me gusta el traje, pero ¿qué me enganchó? Ese poder ‘performático’ que uno tenía que tener”, reveló García Santiago.

Pero hay más. Representantes de diversas generaciones de la Tuna Bardos de la UPR confesaron que además les encantó la picardía que la distingue de otras.

“Ya yo conocía más o menos lo que eran las tunas porque mi mamá perteneció a la Tuna Estatal de Comerío, y cuando entro a la universidad veo que hay dos tunas (en 1961 se fundó la Tuna de la Universidad de Puerto Rico, conocida como Tuna IUPI e integrada por artistas de todos los géneros). Musicalmente hablando y en cuanto al espectáculo, el ‘show’ completo, la actuación completa, me gustó mucho más cómo actuaban los bardos. Son más pícaros, más carismáticos, los bailes de las fantasías son más extravagantes”, ilustró el tuno 82, Jacques Michel Doriot Girón. Originalmente él entró a la IUPI reclutado por su Banda Sinfónica y hoy es uno de los tunos que con mayor habilidad realiza el espectáculo de baile, brincos y piruetas con pandereta, capa y bandera.

Naturaleza fraternal

Además de la música y la picardía, uno de los atractivos más fuertes que tiene para los jóvenes esta organización fundada en 1994 y admitida en marzo de 1997 en el Programa de Organizaciones Estudiantiles del Recinto de Río Piedras de la UPR es su naturaleza fraternal. Esto sorprendió incluso un joven nieto de español, para quien las tunas eran la cosa más natural del mundo.

“Siempre quise estar en una tuna porque mi abuelo es español y me enseñó esas tradiciones. Con el tiempo caí en cuenta de que esto no es un grupo musical, es una fraternidad, termina siendo tu segunda familia. Aquí todos nos reconocemos como hermanos, y siempre que hay una situación en la que necesitamos ayuda, nos llamamos primero a nosotros mismos para ayudarnos”, compartió Carlos Valverde, actual director musical de la organización. Coincidió con sus colegas en que la fuerza interpretativa de Bardos fue lo que le hizo querer ser parte de ella. Además, al verla por primera vez le pareció que “había más relación con el público, más carisma”.

Cuando a principios de la década de 1990 el psicólogo Miguel Marrero, entonces un “prepa” de la IUPI, quiso organizar la Tuna Bardos, lo hizo porque de adolescente se había enamorado de la tradición de las tunas al ser miembro de la Rondalla Canaria. “El director de ese grupo era tuno de la Tuna de Derecho de Valencia. Así que por medio de él y de los distintos tunos que venían desde Valencia conocí desde noveno grado lo que era la tuna. Cuando llego a la Universidad de Puerto Rico decido crear una tuna clásica y ortodoxa”, apuntó.

Establecen un hito

“Puerto Rico tiene mucha tradición de tuna, pero con el tiempo ha sucedido una cosa muy bonita que es que se ha modificado la tradición y hay muchas tunas puertorriqueñas con la visión puertorriqueña, pero no se había dado una tuna clásica ortodoxa, así que decido organizar junto a un grupo de amistades esa primera tuna clásica en Puerto Rico con la particularidad de que toca música, pero no es una agrupación musical, es una tradición académica universitaria”, aclaró.

Lo anterior no significa que se hayan cohibido de adoptar elementos nuevos y locales. Por eso Tuna Bardos incluye en su repertorio plenas y un popurrí navideño boricua, así como el cuatro puertorriqueño. Además, esta agrupación ha establecido otro hito. “Si le fuera a decir cuál es la mayor aportación o diferenciación que tenemos de muchas otras tunas, una es la incorporación de la música acapella, y dentro de la música a capella, no solo la música latinoamericana y española, también música medieval y renacentista”, destacó Marrero.

La riqueza de las aportaciones a la historia musical de Tuna Bardos se traduce de muchas otras formas en la vida de cada uno de sus integrantes. Marrero, por ejemplo, agradece las oportunidades que ha tenido de viajar por el mundo -a países como España, Egipto, Grecia, Turquía, Israel, Islandia, Cuba y otros- viviendo del arte que ama, algo que también atrae a miembros de las nuevas generaciones como el pardillo Omar Medina Santana. Además, el tuno número uno pudo sentir en carne propia la fuerza de la fraternidad que ha cultivado en estas dos décadas.

“Pasé por un cáncer que cuando lo encontraron ya era metastásico y mi red de apoyo en muchos sentidos fue precisamente la tuna, desde buscarme, llevarme, hasta la parte económica y estar en momentos conmigo como cuidadores”, agradeció.

Por su parte, David Ocasio Vega, tuno 17, consejero de la tuna y director musical de su segundo disco, resaltó las oportunidades que tienen todos de aprender y desarrollar destrezas nuevas. Por ejemplo, Edgardo Martínez, tuno 95 y presidente actual, es violinista y entró primeramente a la Orquesta de Cámara de la IUPI, “estaba acostumbrado a tocar música clásica de otro tipo de repertorio, y con esto puedo ver otros géneros de diferente procedencia”.

Y volviendo al llamativo traje y al cruce generacional, los propios jóvenes señalaron que disfrutar de este espacio de interacción y desarrollo hace que ni falta les hagan las nuevas “redes sociales”.

“Es un tipo de ‘outlet’ en el sentido de que tengo ese espacio donde puedo estar con muchas personas, versus que en estas generaciones poco a poco nos vamos aislando más en nuestros espacios porque tenemos nuestro espacio digital y va a llegar un momento en el que no necesitamos interactuar con otras personas. Es un espacio donde yo voy a la torre (de la IUPI) a las 8:00 p.m. que es donde ensayamos los lunes y miércoles, y me puedo encontrar con mis amistades. Aquí siempre se ha hecho fácil encontrarse”, describió Valverde, el tuno 100.


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