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Entrar a su círculo de amigos no es muy fácil que digamos. Son honestos, pero cada cual a su manera. Son cautelosos, aunque solo porque la experiencia les ha dejado bastante claro que la traición existe, la hipocresía no se queda atrás y la envidia también puede pisarte a veces los talones. Sin embargo, mientras recorren del Viejo San Juan a Santurce en bicicleta, la pareja de músicos se detiene a saludar a la gente con sumo entusiasmo. No olvidan sus raíces, aquellas que exploran semanalmente mientras descubren tesoros escondidos en la ciudad.

Kany García y su esposo Carlos Padial lo explican casi todo de su relación a la vez que revelan los detalles de dos de sus grandes pasiones: el ciclismo y el café. Es precisamente en dos ruedas que los enamorados se pasean desde el negocio Café Cola’o hasta la Hacienda San Pedro.

“Sí, hay adicción. La confieso”, bromea la cantante sobre lo mucho que le gusta aquella bebida.

Entender sus pasatiempos requiere conocer que la intérprete de Esta soledad aprecia el individualismo, pero casi nunca anda sola. En su baúl hay varios paquetes de comida que confirman que ella incluso hace sus compras. Llega al supermercado para adquirir la carne que cocinará más tarde en el día y el detergente que necesita para mantener limpio el hogar que comparte con quien lleva dos años casada y una década de noviazgo. El asunto es que, entre el ajetreado vaivén de su profesión -incluso a días de presentarse en el Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot- la cantante boricua encuentra la forma de despejarse a solas y con su marido al mismo tiempo.

“Me gusta porque es como un espacio para uno mismo. Aunque uno está con el de al lado y te sientes bien acompañado, uno no va realmente hablando, menos en Puerto Rico que tienes que estar pendiente a los carros”, explica durante un receso de correr bicicleta.

Ni ella ni Carlos atienden llamadas en ese momento. La regla tiene doble propósito.

“Casi siempre ves los detalles de cosas en las que quizás nunca te fijas: carros, edificios que no sabíamos que existían”, sostiene. Habla la voz de la experiencia: “Una vez pasó que había este lugar abandonado y un día su enredadera estaba llena de luces, le pusieron un piso de madera y lo convirtieron en un restaurante. Nos bajamos a tomar algo y luego regresamos otra vez, pero estaba abandonado nuevamente... Pareció una película”.

La otra razón para evitar el celular consiste en impedir accidentes, sobre todo ella que casi perdió la vida en un accidente de auto mientras se alistaba para competir en el show Objetivo fama. Aún así confiesa que “me caí cuando compré una bicicleta barata, el pedal se rompió y salí volando debajo de un carro que frenó exactamente para no hacerme nada”. De más está decir que fue a la tienda y la devolvió para luego comprarse una más profesional.

¿Por qué no lo hizo desde un principio?

“Me compro las cosas si siento que me las merezco”, indica. La misma regla aplica a quienes entran a su círculo de amigos.

No entra cualquiera

A la casa de Kany García y Carlos Padial no entra cualquiera y no es que se crean más que nadie, sino porque buscan proteger la relación que han trabajado por los pasados 10 años.

“Si hacemos una fiesta y tengo un amigo de la familia que trae a alguien que no conocemos, estamos toda la fiesta preguntándonos por qué está. Cuando recibimos a alguien, es para quedarse y tratarlo como todos”, dice el guitarrista.

La cantautora hace eco de las palabras de su media naranja: “A mí me cuesta mucho dejar entrar gente a mi círculo... Una vez entras, me doy totalmente”. Hay luces rojas que la guían en el proceso.

“La primera cosa en la que me fijo es que (la persona) no esté pendiente -para nada- a mi carrera, que no hablemos de cuántos discos vendo o de cuánto cobro por show. Me fijo que está por lo que nosotros podemos ofrecer como seres humanos”, advierte.

Mutua protección

Una vez en su hogar, Kany García y Carlos Padial saben que no encontrarán peluches románticos, ni para celebrar San Valentín la semana entrante. ¿No tienen ni uno escondido en el armario?, pregunto, a lo que la cantante responde con un gran “¡no!”. Luego ríe y dice que “a él (su esposo) le da alergia”. Esa es su excusa.

Chocolates sí se regalan en el llamado Día del Amor, aunque prefieren cenar entre sus cuatro paredes. “Los restaurantes están todos llenos”, justifica él mientras su adorada asiente la cabeza porque sabe que tiene razón. En esta ocasión, sin embargo, no podrán recibir a Cupido en la intimidad porque deben trabajar en Costa Rica.

Como sabemos, Carlos es guitarrista de la famosa y, si regresamos a su hogar, podríamos notar que la pareja conoce las fortalezas y las debilidades de cada uno. “Somos el balance perfecto”, coinciden.

A él le encanta “la seguridad que ella me da y que -como soy tan despistado- procura que nunca me falte nada”. Ella adora más el hecho de que él la frena cuando resulta necesario.

“Él siempre tiene esta facilidad de caer bien. A veces soy demasiado franca y él nunca acaba mal con nadie porque siempre le busca la vuelta a la gente, aunque sin ser político. Me cuida mucho porque soy demasiado explosiva, honesta. Cuando algo no me gusta, lo voy a decir”, manifiesta.

Su rol en la mesa también lo tienen trazado.

“Ella cocina muy bien y muchísimo más, porque yo hago cosas específicas en el bbq, como hamburgers. Ese es mi área, pero arroz, habichuelas, chuletas y pasta los hace ella”, comenta el músico.

Reguero ordenado

Cuando hablan de defectos, los esposos se sientan a analizar mejor lo que van a decir, aunque al final revelan lo primer que les llegó a la mente.

¿Qué no te gusta de Kany García?, cuestiono.

“Son cosas bobas... Si ella llegó (a la casa), se sentó en el mueble y se quitó los zapatos, allí mismo se quedaron”, confiesa entre risas.

Desquítate, Kany, digo.

“Que es extremadamente limpio, al punto de que es un freak con la limpieza. Hay días en que uno debe relajarse y decir: ‘La casa está sucia, pero mañana la limpiamos’. Él no puede bregar con eso. Todo tiene que estar en supremo orden absoluto. Nada fuera de lugar. Si tuviera que dibujar a Carlos, lo dibujaría con un pote de Fantastik en la mano... ¡Es demasiado!”, reacciona a carcajadas.

El chiste, la honestidad y la humildad apuntan a ser las cualidades que los unen, aunque el romance es algo que conservan alejándose de vez en cuando.

“Nos texteamos un montón, pero a la vez es bueno siempre tener nuestro espacio. A veces se va a jugar con sus amigos y, aunque trabajamos juntos, no siempre va conmigo porque no somos banda”, explica la vocalista.

Pero el espacio no los distancia y, cuando son abordados sobre aquellos que no le auguraban mucho éxito como esposos, Kany indica que este pensar puede ser “por mil cosas: él trabaja conmigo, mi personalidad”.

“La gente piensa que ella es fuerte”, añade su marido.

“Esto va para largo”, concluye la artista.


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