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Claudia Rivera Sánchez, de 18 años, vive enamorada de los sonidos

Imagínate tocar la música, literal. Siente cómo el pentagrama te recorre el cuerpo. Experimenta los solfeos en tus dedos. Todo en “crescendo”, puras blancas, negras y corcheas. Imagínatelo todo, pero imagínatelo en silencio.

Así Claudia Rivera Sánchez, la primera estudiante sorda del Conservatorio de Música de Puerto Rico, palpa las notas musicales del oboe, instrumento de viento que maneja a la perfección.

¡Adoro los retos! Elegí el oboe porque es bien difícil de tocar. Ser una de las pocas oboístas que existen es 'wow'. Por alguna razón, que al momento desconozco, me identifica”, contó la joven de 18 años, cuya composición favorita es “Oda a la alegría” del renombrado músico alemán Ludwig van Beethoven, quien también era sordo.

El amor de Claudia por la música inició en el 2007 cuando una profesora de la Escuela Elemental de la Universidad de Puerto Rico, le dijo a su madre, Nerihaida Sánchez, que “Claudia tiene el mejor oído de toda la escuela elemental”. Un comentario que sorprendió a la progenitora.

“¿Cómo que el mejor oído? Ella es sorda. Usted lo sabe, ¿verdad?”, respondió Sánchez en aquel entonces. Un brillo nació en el rostro de la entrevistada al rememorar la anécdota.

“Claudia me dijo desde muy pequeña: ‘¿Yo no puedo ir a una escuela que solamente enseñen música?’. En ese momento comprendí que ella estudiaría música”, detalló la progenitora, quien se desempeñó como trabajadora social por muchos años en el gobierno. 

Tras la revelación, Sánchez optó por matricular a su hija, de unos siete años para la fecha, en la Escuela Preparatoria del Conservatorio, donde inicialmente aprendió guitarra.

Y es que Claudia es sorda desde “siempre”, cuenta la joven, aunque el por qué exacto de la discapacidad no queda claro. Algunos doctores la atribuyen a los medicamentos que utilizaron para tratar los recurrentes ataques de asma que sufrió de bebé. Otros, por su parte, aseguran que nació así.

De pequeña tenía sordera parcial. Con el tiempo, pues, la condición empeoró por estar tanto tiempo en la banda de la iglesia. Hoy por hoy, soy sorda severa”, reveló la estudiante a endi.com.

Sin embargo, eso no impidió que Claudia solicitara al Conservatorio, donde lleva dos semestres repleto de "aprendizaje" porque entonar sin audición puede ser "todo un reto".  

La universitaria recurre al afinador, que le provee su teléfono inteligente, y las vibraciones para asegurar la calidad de su interpretación. Por ejemplo, se sienta a media silla para captar los movimientos de las notas a su alrededor. También verifica la posición de la caña.

Requiere mucho trabajo, pero en lo más que confío es la música. Nos llevamos bien, la música y yo. Simplemente, está en mí. No lo puedo explicar con palabras. Me da paz”, puntualizó Claudia.

Muchos de sus profesores del Conservatorio utilizan el sistema de frecuencia modulada (FM) para facilitar el entendimiento a la estudiante. Esa dinámica consiste en un micrófono transmisor que utiliza el hablante para agudizar el sonido que escucha el receptor a través de un auricular. 

“La habilidad que tiene Claudia para leer los labios está altamente desarrollada. Para ayudarla los profesores hablamos más pausados. Además, procuramos mantener el rostro en su dirección. Yo, por mi parte, empleo con ella varias señas claves para identificar sonidos. Así logra alcanzar la técnica deseada”, aseguró la maestra de oboe Frances Colón.

Y es que, según la docente, Claudia “tendría que decir que es sorda para que las personas lo sepan, pues de lo contrario nadie se entera”. Una particularidad que atribuyó a la “buena actitud” que tiene la adolescente para lidiar con su discapacidad.

“Al igual que una familia se acopla para recibir un nuevo integrante, el Conservatorio lo ha hecho. La institución brilla por tener un ambiente compasivo y amoroso”, añadió Colón.

Claudia camina a paso firme. Sin encajonarse en estereotipos sociales. Ella sabe que es “única”, de esa manera alcanzará todas las metas que se proponga.

Yo no tengo un modelo que me inspire. Solo sé a dónde quiero llegar y ahí voy a llegar. Todo el mundo es diferente, no quiero ser igual a nadie. Con mis dificultades llegaré al final”, puntualizó Claudia, quien espera establecer una escuela de música para las personas discapacitadas en la isla.


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