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Henry Cole es un músico puertorriqueño afincado en Nueva York que se ha hecho un nombre fusionando melodías del jazz, el rock y el rap con ritmos caribeños heredados de la música africana, sobre todo, la bomba boricua.
Henry Cole es un músico puertorriqueño afincado en Nueva York que se ha hecho un nombre fusionando melodías del jazz, el rock y el rap con ritmos caribeños heredados de la música africana, sobre todo, la bomba boricua. (Benjamín Morales Meléndez)

La Habana, Cuba -  A ritmo de plena y bomba mezcladas con jazz, el baterista boricua Henry Cole contagió a La Habana y la puso a bailar con su grupo Villa Locura, en un debut en el festival Havana World Music (HWM) que tuvo invitados locales de lujo y guiños musicales a la historia compartida entre Puerto Rico y Cuba.

“No les puedo explicar lo emocionado que estoy. Es un honor estar aquí. Los queremos mucho mi gente y venimos a traerle un pedacito de la tierra”, aseguró Cole, músico afincado en Nueva York que se ha hecho un nombre fusionando, dentro del concepto “afrobeat”, melodías del jazz, el rock y el rap con ritmos caribeños heredados de la música africana, sobre todo, la bomba boricua.

“Esto es un sueño”, aseguró en medio de la “descarga” con la que conquistó a la masiva audiencia del Parque Metropolitano, a orillas del habanero río Almendares, convertida en sede tradicional del evento.

Pensado para mantener al espectador en movimiento, el espectáculo de Henry Cole y Villa Locura mantuvo al público bailando durante poco más de una hora. El show no decepcionó a los habituales del HWM, que en su quinta edición regresa con un cartel variado de músicos conocidos por elevar los ritmos tradicionales  de sus países y tomarlos como punto de partida para crear un sonido propio.

El baterista boricua regaló a los habaneros varios temas, entre ellos “Y en sueños te persigo”, “A bailar mi bomba”, popularizada por Rafael Cortijo y su Combo, y una versión muy especial de “El Diablo”, escrita por el legendario compositor puertorriqueño Rafael Hernández, “El Jibarito”, en una de sus estancias en Cuba, y hecha célebre por la orquesta de Ray Barreto junto a Tito Allen.

Para cantar esta “canción tan especial” para la historia de ambos países, Cole invitó a “uno de sus ídolos”, el cantante, instrumentista y director musical cubano Alain Pérez, quien con su inconfundible voz sonera dio vida al número, el más aplaudido del show.

El boricua también invitó a otro isleño que lo “dejó con la boca abierta” hace 10 años cuando asistió a un toque de rumba en el callejón de Hamel, en la capital cubana. Jorge Enrique Salazar, “uno de los responsables de muchas cosas que están pasando con la rumba en Cuba”, puso al público a practicar la clave cubana y a demostrar sus movimientos de guaguancó.

“Esta ha sido una de las mejores noches de nuestra vida. Gracias Habana”, aseguró el baterista boricua, que bajó eufórico del escenario antes de recordar que la verdadera despedida será hoy, sábado 24, en la Fábrica de Arte Cubano, una de las locaciones más populares de la ciudad, escogida por casi todos los músicos que visitan Cuba.

Segundos después de los últimos acordes de Henry Cole y su Villa Locura, del segundo escenario ubicado en la orilla del Almendares comenzaron a oírse ritmos húngaros mezclados con rock de Lolo Lovina y su grupo de gitanos romaníes nacidos en Australia, otra de las propuestas más interesantes de esta edición del Havana World Music, que concluirá con la esperada presentación de los raperos cubanos “Orishas”, en lo que será el regreso del trío a los escenarios de su país natal tras casi una década de ausencia.