La película cuenta con un nuevo elenco joven. En la imagen, la actriz Jenna Ortega en una escena de "Scream".
La película cuenta con un nuevo elenco joven. En la imagen, la actriz Jenna Ortega en una escena de "Scream". (BROWNIE HARRIS)

La nueva “Scream”, la quinta película de esta serie de horror que estrenó esta semana en los cines de Puerto Rico, no es la primera oferta de esta franquicia que registra como el equivalente de una serpiente que comienza a comerse su propia cola.

Aún con las otras secuelas defectuosas que ha tenido esta serie, que la peor sigue siendo “Scream 3”, esta producción de Paramount Pictures es la primera que genuinamente toma la cualidad distintiva del filme original y lo transforma en algo forzado y carente de chispa creativa.

Lo que el guionista Kevin Williamson expresó en el guión de la película original no era particularmente profundo pero en su momento, sí registró como algo totalmente original.

Todas los “slasher films” sufren exactamente de los mismos clichés. El toque especial de este planteamiento fue el humor y la inteligencia que lo acompañaba, sin mencionar el excelente trabajo de Wes Craven en la silla del director. Aquí esa posición es ocupada por Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillet, quienes estuvieron a cargo de la excelente “Ready or Not”.

En esta nueva entrega los cineastas se esmeran por emular el estilo simple y efectivo de Craven en estos filmes, pero no logran calibrar por completo la facilidad que tenía ese director para generar suspenso. En ausencia de esto, los directores han decido que su contribución principal a esta franquicia es que los asesinatos sean los más violentos y gráficos posibles. Esto de por si es totalmente contradictorio al trabajo de Craven en estas películas, quien claramente contaba con que al espectador le importara más el personaje que estaba en peligro de ser eliminado y no cuan explicito podían ser los momentos de violencia.

Aún así, lo más problemático de esta película es su guión, cuya premisa principal es que todas las secuelas de “Scream” son iguales. Esto no es una verdad absoluta y el que los escritores no lo entiendan resulta en un filme que no se divierte con todas las posibles críticas que se le pueden hacer a estas películas.

El guión de James Vanderbuilt y Guy Busick lanza comentarios sobre los prejuicios que hay con los “slashers” versus el “horror elevado” de años recientes, sobre el truco de hacer algo que no sea ni un “reboot” ni una secuela y sobre caer victima de tomar decisiones creativas tratando de satisfacer las expectativas de los fanáticos.

Todos puntos legítimos, pero ninguno es expresado con el humor sagaz y la sinceridad del primer filme y “Scream 4″, que es la que más que se acerca al tono original. Aunque hay algunos momentos de sorpresas genuinas, los creadores de esta “Scream” están convencidos de que es igual de relevante que la original pero sus observaciones sobre el género de horror se sienten demasiado rebuscadas o como algo que el filme hace en piloto automático.

La trama preserva gran parte del concepto central. Alguien asume la identidad de “Ghostface” y comienza una nueva serie de asesinatos brutales de un grupo de adolescentes que de alguna forma están atados a los personajes del filme original. Lo que sí se puede decir es que en esta película Neve Cambell, David Arquette y Courtney Cox genuinamente son colocados en roles secundarios. Lo que el guión hace con los personajes nuevos es un secreto que apunta a que se quiere tener más secuelas de esta serie sin tener que estar totalmente atrapados por la sombra de la original.

Después de esta versión de “Scream” esa posibilidad no resulta particularmente emocionante y le da un toque profético a lo que dice uno de los personajes en uno de los momentos claves de esta película: “En esta serie fue en la quinta secuela donde todo se descarriló por completo.”

💬Ver comentarios