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Todo el mundo recuerda ese juguete que no soltaba. Y es que pocos objetos pueden despertar tanta nostalgia como aquellos que nos transportan al tiempo en que empezamos a descubrir el mundo. Aquella muñeca que bautizamos en la fiesta familiar, las figuras de acción que recrearon batallas o quizás el juego de cartas con el que aprendimos que no siempre se gana, forman parte del inventario único con el cual cada niño dibuja su fantasía y realidad.


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