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La cámara es un artefacto tan seductor, tan misterioso, que uno puede pasar la vida entera delante de su lente, y de repente, algo cambia. Ser el fotógrafo se convierte en la aspiración que se siente una necesidad.

Es la historia de Astrid Muñoz (1971), una reconocida top model puertorriqueña -cuyo rostro y su silueta se han vinculado a campañas o pasarelas de nombres como Yves Saint Laurent, Balenciaga, John Galliano y Christian Dior aparte de haber aparecido en revistas como Vogue- que se convirtió en fotógrafa como consecuencia de la emoción que derivó desde temprano por la fotografía en blanco y negro. Desde ese tipo de foto, que suele evocar tanta expresividad y que Muñoz describe como una ventana al pasado, quiso construir un nuevo presente para ella.

En sus años de modelo, a partir de temprano en los noventa, empezó a cargar consigo su cámara para al finalizar cada sesión fotográfica, cambiar de roles y ser ella la que capturaba lugares, personas, animales. Así lo hizo en África, por ejemplo, en la reserva Masái Mara, en Kenia, y sus regresos estaban acompañados de muchos rollos expuestos de película y sintió urgencia de erigir en su casa un laboratorio para revelarlos.

“Cuando empecé a revelar, y empezaba a salir la imagen, me enamoré también de la parte técnica y fue lo que me impulsó a querer ser fotógrafa”, reflexiona quien unos años después, en 1998, decidió tomar un curso de fotoperiodismo con Joseph Rodríguez, el fotógrafo conocido internacionalmente por su trabajo documental, en el International Center of Photography en Nueva York.

Relata que esa experiencia de formación le sirvió también para entender por medio de Rodríguez que la fotografía de mayor rentabilidad es la de moda.

“Pero yo no quería hacer moda sino fotoperiodismo y retrato”, detalla. Entonces se afincó a sus raíces, en el campo donde comenzó como adolescente, y si se revisan sus fotos se advierte la mezcla de gustos: la moda y la fotografía documental.

Aparte de las temáticas que ha cultivado en sus fotos, en el trabajo de Muñoz se tiene la sensación de que, de algún modo, se retrata a sí misma.

Por eso, al hablar de lo que ha querido con su fotografía, divide las etapas que han moldeado su experiencia tras el lente y, si se quiere, de la vida. “Al empezar quería grabar el momento, captar un momento en la vida de otra persona”, narra de esa meta de conectar para “entrar al alma” de aquellos a los que retrataba. En un ejercicio de introspección sintió que, a través de su cámara, expresaba distintos ciclos suyos en el plano psicológico y físico.

“Mi primer matrimonio, en el que no me fue bien y estaba triste, mis fotos siempre eran sobre una chica sola, sentía esa niña desprotegida, y era porque se reflejaba lo que estaba pasando. Cuando me divorcié, mis fotos se convirtieron en más sensuales, en una mujer fuerte, sola, segura de sí misma porque pasé por eso”, afirma del crecimiento que la condujo a la etapa en la que llegó la alegría, “y era todo colores” que manifiesta en fotos así aunque suele incluir una foto en blanco y negro porque la reafirma como su pasión. “Así voy desarrollándome psicológicamente con mi cámara al lado”.

Estar presente

Perú, Argentina y México son algunos de los lugares que ha retratado como un gesto suyo para documentar las costumbres y las formas de vida de diversos grupos de personas mientras recrea su mirada. De la Argentina surgió su proyecto fotográfico de los gauchos como muestra de sus inquietudes por ser testigo de algo que, como dijo Diane Arbus, si no se retrata quizás no puede ser visto.

La fotografía le ha dejado unas experiencias que la han hecho crecer y que, para ella, significan un momento que tuvo con quien retrató.

Resalta, por ejemplo, una imagen que tomó en México. “Pasé bastante tiempo con esa señora, me quedé en su ranchito durmiendo en el piso en mi sleeping bag y ayudándola a hacer tortillas, enseñándole cómo era viajar en un avión. Le hice todo el teatro de cómo uno se montaba en un avión y ella era, ‘wao esas son las cosas que pasan por arriba’ ”, comparte del capítulo que aún la estremece y la lleva a pensar que, como escribió la novelista Susan Sontag, coleccionar fotos es coleccionar el mundo.

La cámara como testigo de su relato se evidenció recientemente cuando Muñoz fue tanto modelo como fotógrafa de la colección otoño-invierno 2013 de Esprit en una sesión de fotos en la isla escocesa de Skye.

“Ha sido el momento culminante de mi carrera como fotógrafa y como modelo. Siempre he guardado autorretratos para proyectos íntimos y esta es la primera vez que lo uso para un plano más comercial”, comenta al relatar que gracias al director artístico de este proyecto, el equipo de aproximadamente 50 personas se redujo para así preservar la intimidad de sus autorretratos.

La campaña, que proyecta a “la mujer polifacética, apasionada y chic” de dicha tienda, es metáfora de un viaje interno de cualquier persona, pero en el que la modelo encontró un atractivo por los paralelismos con el lugar en el que está actualmente.

“Este reto me dio mucha libertad para encontrarme con mis sentimientos y me cayó en un momento que estoy buscando y aprendiendo mucho de mi espiritualidad, y es cómico que me haya llegado este proyecto que significa espíritu en francés, esprit”, apunta.

Allí, en la parte norte de Escocia, en medio de un entorno que, como suele pasar con la naturaleza, recordó su poder ante el humano. Muñoz supo que toda idea preconcebida se marchitaría por algo que no podría controlar. Decidió, como plantea, hacer simbiosis con la naturaleza. “Me dije: ‘No voy a ir en contra de la corriente, si este es el clima, esto es lo que voy a trabajar. Si va a haber viento, pues mi pelo va a volar; si hay lluvia, me voy a mojar’ ”, articula.

Aese escenario se agregó la intimidad a la que remite el autorretrato y la vulnerabilidad por desvelar mucho de sí frente al ojo colectivo. “Tomo la foto y estoy tratando de ser honesta, de proyectarme quién soy adentro y eso no lo hice con los fotógrafos de moda. Con los fotógrafos estaba actuando y el challenge es no dejar que la Astrid modelo se interponga en la verdadera Astrid”, subraya de su necesidad por “estar presente” en cada foto y eso supuso que hubiesen algunas tomas que rechazara aunque estuviesen bien porque procuró traducir su alma en cada una.

La satisfacción que este proyecto le ha dejado no ha concluido pues el pasado 27 de septiembre se celebró en París, en La Halle Freyssinet, la exhibición Skye Photography & Installation by Astrid Muñoz donde presentó las imágenes que nutren esta campaña ante un público que incluyó a personajes como la modelo Natalia Vodianova, el fotógrafo Mario Testino y la actriz Rossy de Palma.

Según Muñoz, con el evento que se hizo en el hangar donde se hace el show de Givenchy quiso transportar a la audiencia a Skye y el sentimiento de comunión que tuvo con la naturaleza. Por ello, mediante una gama de efectos se intentaron replicar los retos del viento, el agua, la neblina y el olor a musgo en el espacio en el que incluso se recreó la colina rocosa El Storr en una instalación.

Así las cosas, aparte de compartir lo que sintió durante la sesión de Esprit, indica que deseó acercarlos a la naturaleza que la envolvió en ese momento. “La naturaleza es el único lugar donde podemos recargar todos los sentidos a la misma vez. Estamos cada vez matando más y más a la naturaleza, y no vemos el valor que tiene, que cuando no la tengamos, ¿dónde vamos a ir a recargar, dónde vamos a ir a hacer esa comunión con Dios?”, apunta quien compara la naturaleza con una iglesia o un templo, un lugar donde a su juicio el alma puede salir sin freno.

Abrirse al mundo

Su carrera y sus inquietudes emocionales y profesionales muestran que, de muchas formas, no encaja con esa lectura de la moda como un campo frívolo y, para muchos, vacío. De modo que, cuando analiza la vida que eligió en ese mundo, reflexiona que la moda es como la suma de las personas que componen esa industria.

“Todas las personas vienen con sus cargas culturales y estéticas, y la gente experta y artística son tremendos personajes, cada uno tiene su carácter excéntrico. Quizás ahora, se habla más de ayudar a las personas, de temas que abarcan problemas sociales. No hablo mal de la moda porque yo soy parte de eso todavía, y está hecho por seres humanos que todos cometemos errores pero sí he sido un poco diferente”, sentencia al atribuir su carácter dentro de ese mundo a sus raíces y los valores inculcados por su familia.

“Tal vez muchas personas en el ámbito de la moda no tienen esas raíces y muchos están solos, son autodidactas y no tienen ese peso de los valores familiares. En la cima del éxito de mi modelaje también a mí se me estaba yendo un poco a la cabeza... viajar en primera clase, todo primera clase, como que se le va a uno. Pero tan pronto llegaba a Puerto Rico me bajaban a la tierra”, revela.

Como hacedora de imágenes, reconoce la primacía de la imagen y el poder que ejerce el concepto de la belleza, por ello, manifiesta preocupación por el mensaje que puede enviarles a las nuevas generaciones con sus fotos.

“Me preocupa que las imágenes contribuyan al valor de la mujer, al valor de la persona. Tenemos un bombardeo de imágenes para las nuevas generaciones y el 80% no son buenas. El mensaje es incorrecto, y la verdad es que no quiero contribuir a esa basura. Me gustaría contribuir a resaltar la belleza de la mujer, la belleza de los valores humanos, la belleza y la importancia de la naturaleza. Sí, quiero resaltar la belleza con mi fotografía, una belleza que se refleje tanto exterior como interior”, argumenta.

Del modelaje le quedan memorias, relaciones y un presente que atestigua que no hay motivos para separarse de lo que le ha traído aprendizaje, retos y alegría.

“El modelaje me abrió un mundo mágico. Poder vivir en ciudades increíbles, conocer genios en cada ámbito, en el arte, en la moda, del entretenimiento, y toda esa recopilación de momentos, de lugares, es lo que me hace como persona. Me hizo salir del cuadrado”, acepta quien expone que no viene a Puerto Rico tanto como quisiera y, si no logra venir, sus “viejos” van a visitarla a Miami.

Comparte, a su vez, que se encuentra en agradecimiento a la vida y a Dios “por las cosas lindas y no tan lindas” que han cincelado a la persona que es. De ahí le viene también el deseo de involucrarse con la comunidad y aportar, como cuenta, en lo que pueda.

La mirada al futuro no es concreta porque acepta que está en una fase de reagruparse.

Recuerda algunos de los comentarios sobre su trabajo de quienes fueron a la exhibición de Esprit y su tono es de satisfacción porque los sintió como un entendimiento y aprobación a su trabajo. “Me validó la dirección hacia la que me quiero ir”, expone acerca de la fotografía.

“Tengo que ver cómo ser fiel a mi nueva dirección pero también incluyendo la moda y me quiero meter más en el ámbito del arte. Siento que a través de la fotografía de arte puedo vivir más la vida que quiero, la de viajar, la de sacar fotos. No tengo nada pensado todavía. Quiero entender lo que pasó y hacia donde quiero ir”, finaliza con ese dejo de esperanza que trae lo que no se conoce aún.


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