El reconocido maquillista Kodo Nishimura lleva su mensaje de igualdad a través de budismo y del maquillaje. (Seth Miranda)

Su hablar es pausado, su mirada es apacible y siempre tiene una sonrisa lista para compartir. Su conversación es fácil y cálida, como cuando hablas con un viejo amigo que te permite descubrir nuevos secretos y anhelos.

Para Kodo Nishimura, monje budista de la tradición Tierra Pura y artista del maquillaje, su voz y su arte son las herramientas más preciadas para llevar un mensaje de igualdad, amor y esperanza que trasciende las barreras del género y la distancia. Pero, para llegar hasta aquí, el camino del japonés de 31 años no estuvo exento de algunos tropiezos y minado por su falta de autoestima y valor propio.

Nishimura es una artista del maquillaje reconocido mundialmente, cuyo trabajo ha sido reseñado por el periódico The Times, BBC Radio, Vogue y The New York Style Magazine, entre otros medios. También es el embajador de la marca NYX en Japón y es el portavoz multilingüe del proyecto Global Views, auspiciado por la embajadora de Estados Unidos en Japón, Caroline Kennedy.

Su niñez

Escucharle hablar español con el acento de la Madre Patria resulta ser un deleite: con dicción perfecta -que aprendió de su mejor amigo y que perfeccionó con clases en la universidad y ahora con una maestra particular venezolana- cuenta parte de su historia y recuerda su niñez.

Kodo es hijo único. Su madre, una pianista y su padre, un monje budista, profesor universitario que enseña historia del budismo y cómo leer los sutras (o discursos dados por Buda) y autor de varios libros sobre este tema. Kodo nació y se crió en el templo de sus padres, desde donde concede la entrevista en el salón de música de su madre, mientras su padre tomaba el desayuno en el cuarto contiguo.

“Cuando era niño amaba a la Cenicienta, a la Bella y la Bestia, y siempre quería vestirme como una princesa. Solía decirle a mi mamá, ‘yo soy una niña’, y usaba sus faldas y el cinturón que se usaba para ajustar el traje de monje, que era color rosado, me lo ponía en la cabeza. Así era como me convertía en princesa”, recuerda entre risas.

(Suministrada)

Sin embargo, a esa corta edad, quizás 4 o 5 años, un suceso sin aparente importancia le haría pensar que mostrar su lado femenino y su gusto por princesas y vestidos quizás no sería bien visto.

“Teníamos un evento anual en el que más de 100 personas vendrían al templo, por lo que necesitábamos la ayuda de nuestros familiares y una de ellas tenía el trabajo de cuidarme. Así que me llevó al karaoke y a la tienda, y me compró un esmalte de uñas de brillo multicolor y me las pintó. Cuando se las enseñé a mi mamá ella me dijo, ‘tú no quieres ser un adulto, haciendo esa clase de cosas’. Y ahí pensé, ‘quizás a ella no le gusta cuando hago cosas de niñas’, así que siempre tuve un poco de miedo de expresarme”, comenta. Agrega que en kindergarten ya les enseñaba a sus compañeritas a cómo vestirse como la Cenicienta con los vestuarios de juego que había en el salón de clases.

“Les decía que se podían poner una falda como vestido y usar otra como peluca”, relata divertido, mientras recuerda que él era el que siempre notaba cuando la maestra usaba un nuevo maquillaje o se había cambiado el estilo de cabello.

Señala que, en la escuela elemental e intermedia, aunque tenía amigos, a veces estaba solo porque otros niños hacían deportes y a él no le gustaban y se dedicaba a dibujar. Todo cambió cuando llegó a la escuela superior y se formaron grupos de solo niños y solo niñas en una nueva escuela.

“Fui a una escuela superior diferente y no pude hacer nuevos amigos. Ellos hablaban de béisbol, comedia y niñas; y ellas hablaban de los chicos. Así que estar con las chicas no era bien visto y me sentía aislado. Pensaba, ‘soy una buena persona, soy amigable, pero, ¿por qué tengo que estar solo?’”, describe, al narrar que no podía decir que le gustaban las princesas de Disney o que le gustaban los chicos. De igual forma, aunque sabía que no había hecho nada malo para merecer las burlas por su sexualidad, comenzó a volverse más tímido e introvertido.

Un momento determinante

Fue cuando vio la película “The Princess Diaries” que comenzó a ver como una posibilidad ir a estudiar a Estados Unidos, donde pensaba que podía ser aceptado por ser simplemente él.

“Vi que el personaje principal se convirtió no solo en una princesa, sino que también maduró mucho y desarrolló autoconfianza con la ayuda del maquillaje y la educación. Eso me inspiró”, dice, al recordar que pensaba si se iba a Nueva York o a Los Ángeles, California, “quizás me iban a respetar y no iban a discriminarme por lo que soy”. Pensaba que sería muy diferente a su natal Japón -donde la homosexualidad es vista como motivo de bromas y burlas- y que encontraría su lugar y su propósito.

Pero, la realidad es que se sentía inferior y ese sentimiento se afianzó cuando comenzó a compararse con sus compañeros de clases.

“Me sentía inferior por mi raza. Era más bajito, no hablaba el inglés bien, tenía ojos pequeños y pensaba, ‘wow, otra vez estoy solo, ¿por qué?’. Era muy difícil para mí hacer amigos y pensaba que era así porque era japonés”, detalla, mientras destaca que, en un principio, no fue como él esperaba, aunque no llegaba a darse cuenta de que su autoestima tenía mucho que ver.

Esa autopercepción cambiaría cuando, en el 2007, la japonesa Riyo Mori ganó el título de Miss Universo.

“Cuando le entregaron la corona, yo dije ‘¡woa, una mujer japonesa ganó Miss Universo!’ y pensé que no había motivo por qué sentirse inferior por la etnicidad. Si sabes cómo expresarte y que eres digno y merecedor de cosas buenas, tu raza no importa”, explica, mientras agrega que también se fijó en su maquillaje y cómo este acentuaba sus rasgos.

(Yoko Miyazaki)

El momento se convirtió toda una revelación que dejaba al descubierto su potencial de llegar a ser lo que deseara y de dejar atrás esa concepción cultural de que los japoneses no son personas hermosas. De ahí comenzó su idilio con el maquillaje y, armado con solamente mascara y delineador de ojos, dejó relucir su personalidad.

No le define la sexualidad

“En Japón no podía ir a comprar maquillajes porque siempre me preguntaban si eran para mi mamá o mi novia”, sonríe Nishimura, mientras repite la cara de sorpresa e incomodidad que le provocaba dicho ejercicio. En Boston o en Nueva York, donde estudió, primero, en una universidad privada y graduándose eventualmente de Parsons School of Design, la historia era diferente y en una gran cadena de tiendas de maquillajes estadounidense se sentía a sus anchas para aclarar sus dudas sin temor a ser juzgado.

(Yoko Miyazaki)

Aunque acepta que en Japón todavía no se ha llegado a ese nivel de aceptación, añade que cada vez hay mas personas de la comunidad LBGTQ que están luchando abiertamente por sus derechos.

“La situación está un poco mejor, pero no pienso que sea suficiente y que seamos lo suficientemente visibles y respetados”, destaca, al mencionar que su deseo es, precisamente, convertirse en un profesional respetado sin que medie la sexualidad como un elemento de juicio en su trabajo, ya sea como monje o como maquillista.

(Yoko Miyazaki)

“Quiero ser un profesional serio y respetado”, expresa, para decir que no se siente totalmente mujer ni totalmente hombre. “Me siento totalmente cómodo con mi cuerpo, por lo que me gusta referirme a mí mismo como una persona de género dotado (gender gifted)”, describe Nishimura, al explicar lo que implica este concepto.

Puedo ser un puente entre los hombres y las mujeres, porque soy tanto hombre como mujer y puedo entenderlos a ambos. Significa que no soy totalmente hombre o totalmente mujer, por lo que soy capaz de crear nuevas y diferentes experiencias con hombres y mujeres”, exalta y añade. “no quiero que la gente piense que es algo que debo esconder o que es inferior, un pecado o algo terrible. Quiero que piensen que porque son diferentes tienen algo nuevo que aportar”, puntualiza. “¡Hay tantas posibilidades!”, exclama. Y son estas las que le hicieron considerar algo que, hasta ese momento, no había visto como una opción.

En Nueva York, al artista y monje budista había encontrado una nueva manera de expresarse a través del maquillaje. Incluso, fue asistente del maquillista de Riyo Mori en Miss Universo, lo que le proveyó mucha experiencia y seguridad en sus habilidades. Ya estaba claro de que su vida giraría, de alguna manera, en torno al arte.

“Sabía que no me iba a ganar la vida como artista plástico”, dice convencido, aunque, mirando imágenes de sus trabajos universitarios se puede observar una gran habilidad y sentido de la estética.

De regreso a casa

Sin embargo, Nishimura decidió regresar a Japón con una encomienda entre las manos. Aunque, hasta ese momento no había ni siquiera pasado por su mente convertirse en monje budista -en Japón, a diferencia de otros países en los que se practica el budismo, los monjes pueden tener sus profesiones y casarse- decidió iniciar su entrenamiento como monje budista en el 2013, avalado por un mentor que aclaró todas sus dudas sobre si un monje budista podía ser, también, homosexual y maquillista profesional.

(Suministrada)

En ese momento, tenía un novio y al participar de una parada de orgullo gay se dio cuenta de que había muchos líderes, profesionales y compañías que respaldaban a la comunidad LBGTQ con evidente orgullo.

Para él, que solía pensar que ser gay era algo que debía esconder, fue otro de esos momentos en los que tomaría una decisión más para trazar su trayecto de vida.

“Siempre sentía el peso de un ancla sobre mí, porque no podía decirle a nadie mis sentimientos, pues pensaba que me abandonarían o no me querrían más, así que cuando regresé a Japón hablé con mis padres”, comenta Nishimura.

Para su madre, que siempre estuvo preocupada por su sexualidad y que pensaba que algo estaba mal con él, fue un poco más difícil de aceptar. Su padre, le apoyó y le dijo que hiciera lo que considerara que era mejor. En ese momento sintió que su vida comenzaba y, si bien ninguno de los dos le pidieron en ningún momento que estudiara para ser monje, tuvo sus propias razones para hacerlo.

“Crecí en este templo y la gente me preguntaba si iba a ser un monje también y yo les decía que no, que no me iba a afeitar la cabeza y me dejaba el cabello largo, para asegurarme de que no iba a ser un monje”, resalta jovial. No obstante, en el 2013, pensaba cómo podía ser diferente y original, pues consideraba que nunca sería exitoso como artista. Así llegó al convencimiento de que no podía rechazar el estudio del budismo sin conocerlo realmente. Comenzó su entrenamiento por dos años los que cataloga como duros, tanto física como mentalmente.

“Nunca fui un fan del budismo, así que fue muy difícil memorizar todo”, acepta, mientras menciona un incidente en el que, una vez más, fue discriminado y señalado por ser homosexual, en el que un compañero lo avergonzaba frente a otros estudiantes en el baño comunal.

En esa ocasión, con un convencimiento renovado, decidió que podía hacer una diferencia y poco a poco habló sobre sus estudios y su trabajo en Nueva York, dejando ver una faceta que nadie en ese lugar conocía. Así se ganó el respeto de ese compañero, mostrándose tal cual era.

“Sino lo hubiera hecho, él nunca habría cambiado, así que estoy muy orgulloso. Me di cuenta de que, a menos que tú no cambies y te respetes a ti mismo, la gente no te va a respetar”, destaca, para añadir que “mientras me entrenaba para ser monje nos dijeron que, si realmente no crees en el budismo con tu corazón, nadie lo hará. Tu fe es transparente”. Comprendió que ser homosexual no es una barrera, como tampoco lo debió haber sido años antes ser japonés. “Todos somos iguales y tuve la convicción de querer hablarle a las personas sobre esto”, subraya.

La belleza es brillo en el corazón

“Cuando veo algo hermoso, mi corazón siente regocijo. Pienso que la belleza es algo que pasa en tu corazón y que hace que sea bello”, analiza, el monje-artista del maquillaje, quien recuerda que, en el 2013, mientras trabajaba en el concurso de Miss Universe, una participante reflejaba esa belleza interna y externa, enrolada con una humildad increíble. Se trataba de Gabriela Isler, quien, cada vez que lo veía, lo saludaba amigablemente por su nombre. Ella se convertiría en la más bella del universo en esa ocasión.

“Ella me hizo sentir importante, que era valioso y bello, y aprendí que una persona reamente bella, no es solo hermosa, sino que es capaz de hacer sentir hermosos e importantes a otros también”, dice.

Sobre las puertorriqueñas que ha conocido trabajando en este concurso, cuenta que han sido muy simpáticas, humildes y fáciles de conversar.

(Suministrada)

Además de los concursos Miss Universe y Miss USA, ha realizado diversos trabajos comerciales que han aparecido en revistas de prestigio como: Nylon, LA Weekly, Men's Health, Esquire, US Weekly Magazine y Life & Style Magazine. Ha trabajado con el dúo Chloe x Halle, Christina Milian, Carson Kressley, Halima Aden, Jeanie Mai, Andrew VanWyngarden (de la banda MGMT) y el medallista de oro olímpico de patinaje sobre hielo Daisuke Takahashi.

Pero, para Nishimura, aún falta mucho por hacer, y aunque ayuda a su padre en las ceremonias del templo, está convencido de que su propósito es más amplio y no se circunscribe al entorno del templo familiar.

“Como monje o artista del maquillaje necesitas destrezas y corazón para poder ayudar a las personas. Disfruto poder compartir mi historia. Es algo nuevo para las personas y muestra que todos podemos ser iguales: no importa cómo vistas o tu sexualidad”, resalta Nishumura, quien disfruta de ver animé, cantar, dibujar, viajar y ofrecer talleres de maquillaje a la comunidad LBGTQ.

“No soy un buen bailarín, pero adoro bailar. También me gusta experimentar con la ropa… aun soy la misma persona desde que era un niño”, dice, para comentarque, recientemente, comenzó un canal de YouTube para enseñar técnicas de maquillaje y que su mamá es su modelo.

Si bien estos momentos no tiene una pareja, pues se encuentra en una etapa muy plena de su vida y con muchos proyectos por concretar, está claro de que no desea ser un monje solo para los locales, sino que quiere prestar su voz para llevar un mensaje que llegue globalmente. Y, parte de ese llamado, incluye un libro que está próximo a publicar con la misma casa editora de la reconocida Marie Kondo y en el cual espera contar más sobre su historia y cómo logró sobreponerse a los obstáculos que enfrentó antes de reconocer su sexualidad abiertamente y empoderarse.

Al señalar que, a veces, los japoneses olvidan disfrutar la vida, “a los puertorriqueños le doy las gracias por lo que son, porque solo por el hecho de ser expresivos y felices demuestran que la vida debe ser celebrada en todo momento”, dice, finalmente, Nishimura.


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