Las personas que no confían en las vacunas entienden que lo viable contra el coronavirus es la inmunización natural. (Archivo)

Los Ángeles - "Absolutamente no". Ni Abbi Kailin ni ninguno de sus cuatro hermanos ni sus padres tienen intención de recibir la vacuna contra COVID-19 cuando se desarrolle un método para prevenir la enfermedad, que ha quitado la vida de casi 200,000 personas a nivel mundial en los últimos meses.

Como Abbi explica, su repulsa surge de la desconfianza hacia el poder político y de un caso que afectó a uno de los hijos de una familia muy cercana a sus padres, que decidieron desde entonces no vacunar a ninguno de sus vástagos y tomar la vía de la "inmunización natural" a través de una alimentación cuidada y suplementos vitamínicos diarios.

Esta familia afincada en Carlsbad, una pequeña ciudad de California a medio camino entre Los Ángeles y San Diego considerada como una de las veinte poblaciones con mayor renta per cápita de Estados Unidos, forma parte del movimiento antivacunas, con una historia larga en el país y que ha cobrado auge en los últimos años.

En este contexto, California cuenta con algunas de las leyes de vacunación más estrictas de Estados Unidos, desde que en 2016 se prohibieran las exenciones de vacunas basadas en creencias religiosas y personales, lo que ha motivado protestas y una fuerte movilización de los antivacunas.

Yodo y eucalipto para protegerse

La hispana Martha Ugarte, del grupo "No a las vacunas forzadas", es una activista que ha participado en ese tipo de manifestaciones. "No me gustan los regímenes autoritarios: que la gente decida sobre su propia vida, su propio cuerpo", pide Ugarte, que reside en North Hills, una comunidad agrícola al norte de Los Ángeles.

Descartada la vacuna como tratamiento para enfrentar al coronavirus, Ugarte y su hija, también llamada Martha, apuestan por la "inmunización natural", como hacen Kailin y sus parientes en Carslbad. Las dos activistas envían un listado a Efe con más de una decena de alimentos y productos para hacer frente a la pandemia: yodo, eucalipto, equinácea, ivermentina, aceite de orégano, dióxido de cloro de amplio espectro, aceite de coco y vitamina C, entre otros.

De acuerdo a su relato, un nieto de Ugarte tuvo problemas médicos después de vacunarse al poco de nacer y, desde entonces, su mejoría ha sido "gracias a" una dieta rigurosa y una suplementación pautada.

"¿Arriesgar todo el progreso que mi hijo ha tenido hasta ahorita en una vacuna? No lo hago", comenta Martha hija sobre una posible vacuna como solución al coronavirus.

Posibles efectos secundarios

Uno de los principales motivos de las familias Kailin y Ugarte para evitar a toda costa vacunarse contra el coronavirus son los "posibles efectos secundarios".

El Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos argumenta que la "mayoría" de personas no experimentan efectos secundarios graves por las vacunas, ya que siguen estándares de seguridad y medidas de protocolo muy elevados.

Aun así, el porcentaje de niños menores de dos años en Esatdos Unidos que no han sido vacunados se ha cuadruplicado en los últimos veinte años, alcanzado el 1,3 % de los bebés estadounidenses, de acuerdo a datos oficiales.

"Para los Gobiernos y las farmacéuticas está bien sacrificarse por el bien común. ¿Pero no ven que son seres humanos? (?) Cuando es tu hijo, tú no puedes decir 'oh, voy a sacrificar a mi hijo por el bien de todos", explica Ugarte hija.

Coincide con ese punto de vista Kailin, quien considera que las vacunas son un "veneno" que las personas no necesitan para defenderse ni del coronavirus ni de otras enfermedades, como la gripe o el sarampión. Frente a pacifismo de Ugarte y Kailin se encuentra el tono más combativo de uno de los activistas antivacunas más conocidos de EE.UU., Austin Bennett, también residente en California y que asegura estar protegido del coronavirus "gracias a Dios". En su canal de Facebook, con varios miles de seguidores, Bennett cataloga el confinamiento obligatorio de "inconstitucional" en charlas en directo de más de una hora al día en las que defiende también teorías de la conspiración. "¿Por qué Bill Gates, quien dijo que el mundo está sobrepoblado, se esforzaría tanto por proporcionar una vacuna que nos impida morir del coronavirus? La lógica, la razón y el sentido común dicen que Gates es un mentiroso, criminal e hipócrita", afirma.

La viruela, el inicio de un movimiento

El debate sobre las vacunas es antiguo en Estados Unidos y ya en el siglo XIX el abolicionista Frederick Douglass, uno de los grandes oradores estadounidenses de la época, fue una de las primeras voces públicas en oponerse a su obligatoriedad frente a la viruela porque, en su opinión, invadían la libertad de elección de las personas.

A lo largo del siguiente siglo, la viruela fue responsable de cerca de 300 millones de muertes en todo el mundo, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), unas cifras que la convierte en una de las pandemias más letales de la historia humana reciente.

Unos 150 años después de las palabras de Douglass, casi la mitad de los adultos en Estados Unidos dudan de la fiabilidad de algunas vacunas, aunque no estén específicamente en contra, de acuerdo a una encuesta reciente de la firma Harris Poll.

Celebridades estadounidenses, como los actores Jim Carrey, Jessica Biel, Jenny McCarthy y Selma Blair, entre otros, se han opuesto públicamente a las vacunas, desencadenando la polémica entre sus seguidores y los medios de comunicación que cubren la actualidad de Hollywood a diario.

Estas opiniones opuestas a la vacunación dibujan un panorama paradójico en tiempos de coronavirus, una infección que ha alterado el curso de los sistemas sanitario y económico a escala global y mantiene en vilo a líderes de todos los países del mundo.


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