Los investigadores esperan que la famotidina afecte la replicación del coronavirus 2. (NIH Flickr)

La búsqueda de un medicamento que permita tratar el COVID-19 inmediatamente continúa en incremento, y los médicos están echando mano del armamento existente contra otras condiciones de salud que son más comunes.

Uno de estos es la famotidina, un medicamento que, según Medline Plus, la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, adscrita a los Institutos Nacionales de la Salud, se usa para tratar las úlceras (heridas en el recubrimiento interno del estómago o del intestino delgado); la enfermedad del reflujo gastroesofágico (GERD), una condición en la que el reflujo de ácido desde el estómago provoca pirosis (acidez estomacal) y lesiones en el esófago; y otras condiciones donde el estómago produce demasiado ácido.

Así lo reporta la revista en línea Science, de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS, por sus siglas en inglés), que menciona que la famotidina es el compuesto activo en el medicamento de venta libre para la acidez estomacal Pepcid y que se comenzó a dar por vía intravenosa a los pacientes del sistema de salud Northwell Health, en la ciudad de Nueva York.

Según Kevin Tracey, un ex neurocirujano a cargo de la investigación del sistema hospitalario, el estudio se inició el pasado 7 de abril y se mantuvo en secreto para evitar que la reserva del compuesto se agotara ante el anuncio. El sistema de 23 hospitales también está probando otros posibles candidatos como el sarilumab, de Regeneron; y el remdesivir, de Gilead Sciences.

Hasta el momento, 1,174 personas, incluyendo a 187 pacientes con COVID-19 en estado crítico, están inscritos en el estudio aleatorio doble ciego, que, según reporta Science, surge de informes de China y de resultados de modelos moleculares que sugieren que el medicamento aparentemente funciona al unirse a una enzima clave en el SARS-CoV-2. Sin embargo, el doctor Tracey prefiere no comentar sobre sus expectativas y esperara los resultados preliminares de los primeros 392 pacientes en algunas semanas.

El doctor Michael Callahan, un infectólogo del Hospital General de Massachusetts, en Boston, y que ha viajado el mundo investigando las enfermedades infecciosas, fue el primero en llamar la atención en los Estados Unidos a la famotidina como un posible compuesto para batallar contra el COVID-19. Cuando explotó la epidemia por COVID-19 en Wuhan, Callahan se encontraba en Nanjing, China, trabajando en un proyecto de gripe aviar. Allí, él y sus colegas notaron algo curioso: el virus estaba matando a uno de cada cinco pacientes mayores de 80 años y muchos de los que sobrevivían habían sufrido acidez estomacal crónica y estaban tomando famotidina en lugar de omeprazol (Prilosec), el medicamento de elección tanto en los Estados Unidos como entre los chinos con mayor poder adquisitivo.

De ahí, al regresar a Estados Unidos, no solo le habló de lo que acontecía en China a Robert Kadlec, secretario asistente de Preparación y Respuesta en el Departamento de Salud y Servicios Humanos, sino que también contactó a Robert Malone, director médico de Alchem Laboratories, y quien forma parte de un proyecto clasificado llamado DOMANE que utiliza simulaciones por computadora, inteligencia artificial y otros métodos para identificar rápidamente medicamentos aprobados por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) y otros compuestos seguros que se pueden reutilizar contra amenazas como nuevos virus.

Malone, a su vez, reclutó al químico computacional Joshua Pottel, presidente de Molecular Forecaster, con sede en Montreal, para predecir, a partir de dos estructuras cristalinas de la proteasa del coronavirus del SARS de 2003, combinado con la nueva secuencia de ARN del coronavirus, si esta enzima viral, parecida a la papaína, afecta la replicación del patógeno. Pottel probó más de 2,000 compuestos que interactuaban con la nueva proteasa y, de estas comparaciones surgieron varias docenas de compuestos prometedores, siendo uno de estos la famotidina. Entonces, Callahan contactó a Tracey para realizar el estudio.

De funcionar el modelo que apunta hacia la famotidina, se tendría un medicamento de bajo costo y generalmente seguro para tratar el COVID-19, excepto para aquellos pacientes con función renal comprometida, ya que la famotidina pudiera causarles problemas cardíacos.


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