La diseñadora Verónika Pagán transformó una experiencia difícil en un movimiento contra la violencia de género.
La diseñadora Verónika Pagán transformó una experiencia difícil en un movimiento contra la violencia de género. (Suministrada)

Luego de ser víctima de maltrato emocional, la diseñadora Verónika Pagán utiliza su talento para visibilizar este problema a través de su nuevo proyecto, No me jod*n club.

Hace poco más de una década, el nombre de Pagán comenzaba a posicionarse como una de las promesas locales en el diseño de trajes de baño. Sus creaciones engalanaron las páginas de los principales medios de moda de Puerto Rico y su talento llegó hasta la portada de la revista estadounidense Maxim, en la cual la cantante Lindsay Lohan utilizó una de sus piezas.

La gran acogida de su marca la llevó a querer expandirse más y se mudó a Bali, Indonesia. Allí se estableció con una compañía sólida.

Para la diseñadora todo estaba fluyendo de manera extraordinaria y “mejoró” cuando “encontró el amor” en un hombre australiano que parecía ser esa persona que la complementaba.

Su novio se involucró en el negocio y, para ella, todo estaba bien. Sin embargo, Pagán no se daba cuenta que los comentarios sobre su desempeño y capacidad para llevar el negocio eran negativos y mucho menos los catalogaba como maltrato emocional.

“Estamos acostumbrados a normalizar la toxicidad. El abuso emocional se minimiza y podemos caer en esa trampa porque estamos en esa nube negra y no vemos que el comportamiento de esa persona está mal”, destaca Pagán.

Luego de cuatro años en Bali, poco antes de la pandemia, la diseñadora viajó a Puerto Rico y, el cierre de las fronteras debido a las medidas para combatir la propagación de virus, le imposibilitó regresar a la isla asiática.

Esto la llevó a convivir con su novio en Puerto Rico y, aunque ella estaba cerca de su familia, él no dejó de maltratarla de manera emocional. Hasta que un día su familia decidió intervenir, el individuo regresó a Bali solo, pues Pagán debía tramitar su visa. Una vez allá, el exnovio de la boricua se apropió del negocio y le pidió una alta suma de dinero para devolvérselo.

Pagán desistió realizar esa transacción comercial y se hundió en una presión que la arrastró al alcoholismo.

“Fue un año y medio en el que tuve un comportamiento bien ‘self destructive’. Estaba deprimida. Sabía que algo me pasaba, pero no sabía cómo salir. Sentía que no podía crear. Entonces poco a poco comencé a trabajar gorras con el mensaje de No me jod*n club. Para mi sorpresa, la gente empezó a pedirlas y se agotaron. Luego hice las ‘t-shirts’ y también nos fuimos ‘out of stock”, asegura.

Sin esperarlo, a través de las redes sociales Pagán vio cómo crecía una comunidad que condenaba el abuso y la apoyaba. Sus seguidores son mujeres y hombres de diversas edades que están dispuestos a llevar el mensaje de que no se debe tolerar ningún tipo de maltrato.

“Todavía me estoy curando porque es bien fuerte. Poco a poco voy viendo cómo la gente se ha abierto a mí y me ha apoyado. He recibido mensajes con personas compartiendo sus experiencias. Eso me ayuda y ahora me da un propósito”, menciona.

La diseñadora celebra que lleva un año sobria y con su experiencia también busca llevar el mensaje de que el alcohol no ayuda a curar las heridas del alma ni a solucionar ningún problema.

“Es como esconder todo bajo de la alfombra. Me tocó llegar al fondo para despertar. Gracias a mi familia pude salir”, enfatiza.

En esta nueva etapa, Pagán ha vuelto a sentir el deseo de crear, pero esta vez con un propósito.

“El mensaje que me repito y que quiero transmitir es enfócate en ti, confía en ti, tú puedes. Eso estoy haciendo y las cosas cambiaron. Ya no bebo, aprecio las cosas de una manera diferentes y le he dado importancia a lo importante. Me he convertido en mejor ser humano y sigo trabajando”, dice con emoción.

Sus creaciones están disponibles a través de veronikapagan.com y de su página en Instagram.

Mientras esto ocurre, las heridas siguen sanando y Pagán mira el futuro con esperanza. Por el momento está explorando la posibilidad de seguir la línea de No me jo**n club y lanzar una línea de ropa cómoda y casual.

“La creación de No me jo**n club me está dando fuerza e inspiración”, puntualiza.

Pagán estudió un bachillerato en diseño de moda en Miami International University of Art and Design y más tarde una maestría en el mismo campo en el Instituto Marangoni en Milán. En Italia, trabajó en la división de moda masculina de las compañías Sun Deck y Vintage 55.

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