La administración de valles inundables es vital para lograr cambios en nuestras decisiones a nivel individual y de sociedad. (Shutterstock)

El manejo integrado del riesgo de inundación pudiera servir para mejorar nuestro bienestar y la economía del país. Esto, mediante el desarrollo de proyectos que atiendan múltiples objetivos, pero que a su vez consideren las vulnerabilidades de la población y la exposición a fenómenos naturales.

La administración de valles inundables es vital para lograr cambios en nuestras decisiones a nivel individual y de sociedad. Asimismo, es fundamental cambiar la dirección de la conversación sobre cómo manejar nuestro riesgo de inundaciones, en lugar de pretender controlarlas.

Lograr este cambio de paradigma es complejo por distintas razones. Requiere que planifiquemos tomando en cuenta eventos que aún no han ocurrido. También implica que sustituyamos el enfoque localizado en una sección de un cuerpo de agua por uno sistemático considerando toda su cuenca hidrográfica. Además, hay que precisar la incorporación de diversas disciplinas sociales, económicas y ecológicas.

Urge apostar a nuestra capacidad de identificar, analizar y mitigar los riesgos de las inundaciones fluviales, costeras y urbanas. Las inundaciones son fenómenos naturales; es decir, esperados y normales, no un riesgo en sí mismo. Estas se identifican y caracterizan por su magnitud o nivel de inundación y por su probabilidad de que ocurran. El efecto de estos eventos dependerá del uso del suelo, de las condiciones del hogar, estado de la infraestructura, la capacidad de responder a emergencias y del nivel de ingresos. Esto significa que un mismo fenómeno afectará a distintas personas y sectores de diversas formas. Así que, cuando hablamos de riesgo, nos referimos a la suma de los peligros de estos fenómenos con el grado de vulnerabilidad.

El huracán María causó daños por inundaciones en lugares que se encontraban fuera de áreas identificadas como inundables en los Mapas de Tasas de Seguro de Inundación del 2009. En 2018, para atender esta necesidad durante el proceso de reconstrucción de la isla, la Junta de Planificación y FEMA desarrollaron y adoptaron los Mapas de Niveles de Inundación Base Recomendados. Estos mapas identificaron nuevas zonas inundables, así como los nuevos niveles de inundación que pueden afectar las prácticas de construcción. Es necesario seguir mejorando su precisión y efectividad. Los mapas de inundación son la herramienta más utilizada por los desarrolladores, diseñadores, técnicos de permisos de construcción, oficiales federales, estatales y municipales y dueños de propiedad para tomar decisiones relacionadas a posibles eventos de inundación. Se utilizan, además, para el desarrollo de los planes de mitigación, los planes de ordenamiento territorial, el uso de fondos federales, requisitos de pólizas de inundación, entre otros. A nivel individual, estos mapas proveen una idea sobre cuál es la exposición que puede tener una propiedad residencial o comercial ante un evento de inundación.

Sin embargo, la información de estos mapas solo nos facilita entender a qué nos exponemos, pero no considera las vulnerabilidades, y por lo tanto, desconocemos el riesgo y el impacto de un evento de inundación.

Hay varias opciones para identificar y analizar el riesgo, y poder ser efectivos en diseñar estrategias de mitigación. A nivel institucional, existen los mapas de riesgo, los cuales proveen información del impacto económico luego de un evento y los diferentes niveles de inundación, entre otra información relevante. Por otra parte, el modelo HAZUS-MH de FEMA es una herramienta basada en el sistema de información geográfica para el análisis de peligros naturales que utiliza metodologías y modelos para estimar las pérdidas potenciales de terremotos, inundaciones y huracanes.

Es importante que las personas entiendan su exposición, susceptibilidad y capacidad de adaptación ante los fenómenos de inundación. A nivel individual, el dueño de una propiedad puede contratar a un agrimensor para desarrollar un certificado de elevación, el cual ayuda a cumplir con la regulación Número 13, negociar las pólizas de seguros de inundación, estimar el nivel de inundación y facilitar el diseño de estrategias para evitar la entrada de las aguas de inundación. El Programa de Resiliencia Comunitaria bajo el Plan de Acción de Vivienda, podría servir de apoyo a las personas que no cuentan con los recursos para contratar un profesional. Estas ayudas deben aportar en aumentar el conocimiento que tenga determinada comunidad sobre el manejo de riesgo en su área.

De esta forma se promueve y se fomenta la toma de decisiones informadas. Estas deben tomar en consideración los impactos de inundación, los periodos de sequía y otros retos como la baja calidad de agua, el deterioro de la infraestructura, la falta de acceso a áreas verdes y los eventos de calor.