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Desde la izquierda, María Rodríguez, Alondra Belaval y Alexandra Piovanetti juegan Pokémon Go frente a una heladería en Condado. (Xavier García)

Oír hablar de términos como “PokéStop”, “Lures” y “PokéGym”, hace semanas atrás, era casi el  equivalente a escuchar palabras en un idioma o  jerga desconocida, sin relevancia alguna. Solo los fanáticos de los dibujos y juegos animados Pokémon, cuya popularidad explotó en los años 1990, en este lado del mundo, eran capaces de entender o identificarse.


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