Una de las residencias que colapsó en Guánica tras el terremoto de 6.4 que afectó la región suroeste de Puerto Rico, durante la madrugada del martes 8 de enero. (Ramón “Tonito” Zayas)

“Tenemos los mejores códigos del mundo, pero vamos a implementarlos. Vamos a ayudar a la ciudadanía a mejorar lo que ya está construido. Pero, en lo que se va a construir de ahora en adelante, ¡no caigamos en el mismo error! Que sean estructuras con permisos, planos, inspección”.

Ese fue el llamado del presidente de la Comisión de Terremotos del Colegio de Ingenieros y Agrimensores (CIAPR), Félix Rivera, al reconocer el temor colectivo que han dejado las imágenes de escuelas, casas y estructuras dañadas o colapsadas tras los sismos de esta semana.

Ahora, aunque son conscientes de que en Puerto Rico hay más de 200,000 viviendas de construcción informal, tanto el ingeniero Rivera como su colega Emilio Colón Zavala recalcaron en entrevistas separadas que el hecho de que un estructura refleje daños tras los terremotos no implica necesariamente que haya sido construida mal o sin cumplir con el código.

“La primera reacción es en contra de la vivienda informal, pero (los daños) es algo que ha pasado en todos lados, porque las estructuras se diseñan para salvar vidas, no a ellas mismas. La idea es que no colapsen con la gente adentro”, indicó Colón Zavala, expresidente de la Asociación de Constructores (ACPR).

A su vez, Rivera indicó los buenos diseñadores se ocupan de agregar factores de resistencia y seguridad por encima de los estándares mínimos en el código, con el fin de que la obra pueda lidiar con un evento mayor. “Pero no es que la estructura va a aguantar 100%. Puede tener un daño, pero lo importante es que no colapse”, recalcó.

En cuanto a cómo el código de construcción adoptado en noviembre de 2018 mejora la resistencia a sismos, Colón Zavala destacó que profundiza en “temas como la continuidad de carga”. Para simplificar este concepto, indicó que es similar a mejorar los métodos para que dos lápices pegados con cinta adhesiva no partan por esa unión cuando se les aplica presión y se comporten más como una estructura continua. También elogió que se hayan incluido aceleraciones (uno de los factores que se usan en las fórmulas para levantar estructuras que resistan mejor el impacto de un sismo) desarrolladas localmente por el CIAPR, en vez de las que venían en el código modelo, porque entiende que se ajustan mejor a los distintos suelos y condiciones locales.

Por su parte, Rivera indicó que la emergencia tras los terremotos recientes debe motivar al gobierno, al sector privado y a la ciudadanía a pensar en cómo hacer más seguras las estructuras donde pasan sus días y sus noches, enespecial ante las dudas de si las ampliaciones se han hecho conforme a código o cuando son construcciones que levantaron antes de 1987, cuando por primera vez se incorporaron requisitos de resistencia a sismos. “Escuelas, colegios, hospitales, áreas industriales, estamos por lo menos 8 horas en un trabajo... Todas esas instalaciones deben estar construidas de forma segura”, subrayó.

¿Cómo lograrlo? “A las personas que les preocupe la seguridad, el paso correcto es llamar a un profesional del diseño, con experiencia, para que pueda recomendar cómo llevar la propiedad a cumplir con código. Es una inversión en la seguridad”, indicó el arquitecto Eugenio Ramírez, presidente del capítulo local del Instituto Americano de Arquitectos (AIAPR) y quien indicó que los planes se pueden ejecutar por etapas. “Puerto Rico en términos de código está al día y nuestros profesionales están entrenados en el código vigente”, puntualizó sobre la adopción del estándar internacional de 2018, cuando hay jurisdicciones de Estados Unidos que aún usan el de 2003.

Sin embargo, el arquitecto reconoció que a Puerto Rico le falta rigurosidad en cuanto a las inspecciones de obra, que un tercero debe realizar por etapas para garantizar que el contratista no esté omitiendo pasos o detalles que sí están incluidos en el plano. “A veces, el dueño, por razones económicas piensa que no las necesita. Pero se presta para errores serios”, advirtió. “La construcción es un proceso que conlleva planificación, diseño y ejecución e inspecciones. Hay que respetar cada paso”.

Para mitigar la falta de acceso

Pero ¿qué hacer cuando por razones económicas o desconocimiento se dificulta el acceso a profesionales licenciados? Por años el CIAPR, la ACPR y otros gremios de la industria han intentado mitigar esta realidad con publicaciones informativas, talleres y labores pro bono, aunque la construcción informal persista.

Por ello, en la fase de recuperación, Rivera indicó que un grupo del CIAPR está colaborando con FEMA y también con el gobierno estatal para que damnificados que van a reconstruir o personas que quieren erigir su propia vivienda tengan acceso gratuito a planos modelos preaprobados, ya sea para unidades de cemento, de madera o de una combinación de materiales. Espera que estén disponibles para verano a través de la Oficina de Gerencia de Permisos (Ogpe).

Este acceso tiene un requisito: “La persona obligatoriamente tiene que contratar a un ingeniero o arquitecto para que haga las fundaciones, los cimientos, el ajuste de esa estructura al terreno. Es un ahorro”, adelantó Rivera. “Es un método para evitar que sigan las construcciones informales”.

Otro ejemplo reciente es que en octubre de 2019, la ACPR y su aliado sin fines de lucro Enterprise Community presentaron un abarcador tomo titulado “Manténgase seguro”, que se distribuye de forma gratuita por internet en enterprisecommunity.org y también en copias físicas. Entre las estrategias que detallan con diagramas y fotos figuran: hacer un refugio comunitario que cumpla con parámetros de resistir sismos y huracanes; reforzar una habitación en la casa para que sirva igual propósito; cómo hacer paredes, cimientos y techos más fuertes; cómo mejorar el sistema de pozo séptico; y cómo anclar aperturas en las casas, sean de cemento o de madera. “No necesita reservas financieras o experienciaen construcción para hacer cambios que protejan tanto a las personas que ama como a su persona frente al desastre”, se indica en la guía de 243 páginas que también incluye consejos para cotizar proyectos.

Por ello, las estrategias contenidas en la guía pueden ayudar también a comerciantes y comunidades a ahorrar dinero en las mejoras que puedan ejecutar de forma responsable por sí mismos, mientas destinan presupuesto para las que requieren ayuda profesional.


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