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Enfrentan múltiples retos y críticas tras volver a suelo boricua con negocios diversos. (GFR Media)

Decir que estamos "ahogados" en deuda parece más catastrófico para un país rodeado de agua. Señalar que hay pánico en nuestra isla por ese déficit no se aleja mucho de la realidad. Degradaciones de crédito gubernamental, lamentos, excusas, vergüenza, desconfianza, furia e intentos fallidos para salir a flote se entremezclan actualmente en Puerto Rico. Y muchos boricuas, intentando escapar de la ola crítica, deciden viajar fuera del País.

Pero no todos se van. Algunos regresan y hasta tratan de crear su propio salvavidas en forma de pequeños negocios.

Un ejemplo de esto es Jesse Cruz, un guaynabeño de 34 años que en el 2007 partió hacia Nueva York "buscando nuevas oportunidades". Lo que encontró entonces en la "ciudad que nunca duerme" fue un extenuante trabajo como mesero que combinó con pequeñas ofertas de modelaje. Circulando la Gran Manzana también conoció a Fumiyo Hayashi, japonesa que hoy es su amada esposa y madre de sus dos hijas. Sin embargo, un “vacío” perturbó a este amante de playas boricuas.

Hizo sus maletas y, con su familia, regresó el año pasado al país que una vez abandonó. "Siempre quise darles a mis hijos lo que yo tuve: aventuras en temperatura caribeña, la fauna y la flora de Puerto Rico", destaca. Se arriesgó a contraatacar la recesión desde su guagua Bento Box, donde ahora vende mezclas de comida tailandesa, coreana y japonesa en Guaynabo.

"Ha sido un poco difícil introducir esta propuesta porque no es de arroz y habichuelas. Es un reto, pero pienso que la economía está igual en otros países. Todo el mundo está sufriendo. Yo decidí regresar y la clave es seguir las ideas de uno, poner energía positiva en lo que uno quiere hacer", reflexiona.

La "rebeldía" de "echar pa'lante"

Dado la gran crisis fiscal de Puerto Rico y el hecho de que el gobernador Alejandro García Padilla admitió que la deuda pública de $72,000 millones es "impagable", extraños y conocidos cuestionan la decisión de quienes retornan al País tras haberse radicado exitosamente en otra nación.

"La gente era bien negativa. Tenemos que explicarnos todo el tiempo. Nos preguntan por qué volvimos. Nos dicen que las cosas están malas. Eso nos dio un poquito de rebeldía de echar pa'lante y demostrarle a la gente que aquí sí se puede, siempre y cuando tengas voluntad y buen carácter", indica, por su parte, Carlos Iván Alfaro.

Luego de una década en Chicago, el riopedrense de 33 años volvió a la Isla junto al serbio Nesh Maksimovic, quien se mudó a Estados Unidos porque en su país se sentía acechado como hombre gay y quería mejor calidad de vida. Ahora, con diez años de noviazgo, la pareja traslada a suelo boricua su exitoso Nesh Grooming, local para el aseo de mascotas que desarrollan actualmente desde Carolina. Su motivación trasciende el dinero.

"Había un aspecto vacío en nuestras vidas: estábamos lejos de la familia. Mi familia lo es todo para mí y lo más cercano que él (su novio) tiene es la mía. Es el tronco de la vida; lo que te da estabilidad", menciona Alfaro haciendo referencia a su pareja, quien considera que Puerto Rico es "hermoso" y completa trámites para adquirir la ciudadanía estadounidense.

En tierras de Morovis, como parte de otro negocio familiar, el puertorriqueño también aporta para cultivar y vender cilantro, plátanos y criar conejos. Planifica igualmente un negocio de turismo interno, según explica, "porque no podemos ser tan negativos".

Sacrificio y trabajo en equipo

Más allá de objetivos personales, boricuas han retornado a Puerto Rico para luchar por el colectivo de un terruño inmerso en problemas socioeconómicos.

Este es el caso de Camille Collazo, quien volvió y se unió a un grupo de profesionales y voluntarios para darle vida al proyecto Rico, cuyo fin es lograr que en la Isla se produzca más comida local saludable. "Da mucha gratificación que estamos creando algo de cero", confiesa la sanjuanera de 31 años. "Cuando la cosa se pone difícil, uno se pone a pensar en la misión".

Con este movimiento diseñan experiencias de agroturismo, crean perfiles de agricultores, educan a estos trabajadores sobre administración de negocio, ofrecen talleres, mejoran la infraestructura de fincas seleccionadas y establecen alianzas. Sin embargo, aunque esta iniciativa tan ambiciosa requiere de un significativo trabajo en equipo, Camille acepta que el proceso también implica sacrificios a nivel personal.

"He tenido mis momentos duros. Lo más difícil para mí ha sido perder mi independencia. Bajé mis gastos al mínimo. No tengo carro. Acabé mi préstamo estudiantil y ahora debo pagarlo, así que adicional tengo un trabajo part-time. Uno se frustra, pero al mismo tiempo quieres lograrlo", cuenta quien ahora, nuevamente, vive en casa de sus padres.

Su esfuerzo responde a la “inquietud” que sintió luego de que se mudó a Nueva York en el 2011 para una maestría en diseño empresarial y presentó una tesis con posibles soluciones a los problemas de agricultura en Puerto Rico. Durante ese período descubrió que su padre tenía cáncer. "Cuando supe que la enfermedad estaba relacionada con la alimentación, me dio coraje y tristeza… Quería hacer algo", recuerda. Regresó motivada el año pasado, tomó acción y convirtió su esfuerzo universitario en un proyecto que hoy cuenta con el auspicio de la unidad Para la Naturaleza, del Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico.

“Cuando ocurren situaciones nacionales como la que estamos pasando, no va a ser fácil, pero es un terreno muy fértil de posibilidades. Tantos problemas a veces traen muchísimo optimismo. He recibido mucho apoyo de muchas personas", señala.

¿Es más barato en familia?

Quizás el respaldo más significativo proviene de familiares y allegados de confianza, según David Afanador, un administrador de oficinas médicas que regresó en enero de este año a su natal Aibonito para fusionar diferentes prácticas de salud en un mismo local.

El sanjuanero de 32 años admite que pudo crear un "contrato mínimo" con su progenitor como el médico generalista del negocio Vital-Care, donde también se proveen tratamientos de medicina alterna y masajes terapéuticos. En los próximos meses pretende añadir servicios de pediatría, ortopedia y gastroenterología, pero confiesa que se trata de un reto.

Y es que decidió regresar de Orlando -tras 12 años en el estado de Florida- en plena crisis del Plan de Salud del gobierno. "Ahorré dinero y se me hacía más sencillo abrir un negocio en Puerto Rico, porque tengo amistades que apoyan. Pero la caída de la Reforma (ahora Mi Salud) ha afectado el 60% del negocio, al punto de que tuve que dejar de aceptar (ese plan médico público)", dice. "Nos topamos con el problema de la economía, pero hay mucha esperanza", culmina con optimismo.


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