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Roberto Ponce y Sergio Cercós, cofundadores de la empresa Smart Living Projects. (Teresa Canino )

Imagine lo siguiente: está conduciendo en un centro urbano, buscando estacionamiento, y con un comando de voz accede a una aplicación en su teléfono móvil que le reserva un espacio a unas meras cuadras de distancia e incluso, lo ayuda a dirigirse hacia el estacionamiento.

Lejos de ser una ficción, el escenario descrito es similar a lo que sucede en varias ciudades alrededor del mundo, entre ellas Barcelona. Esta ciudad en España es uno de los ejemplos principales de lo que se llama una ciudad inteligente o “smart city”. De hecho, un informe sobre el tema preparado recientemente por la empresa Philips situó a Barcelona en la posición número tres en este renglón, precedida por Singapur y Londres.

Pero, ¿qué es una ciudad inteligente y cuáles tecnologías conlleva? En términos simples, una “smart city” requiere de sensores instalados en todo tipo de objetos. Estos sensores son capaces de recoger información de su entorno y comunicarlo por vía inalámbrica a otros dispositivos y redes en la internet, a través de tecnologías que en conjunto se llaman “internet de las cosas” (IoT, por sus siglas en inglés).

“Con esta red de sensores, cámaras inteligentes y sistemas de medición inalámbricos, podemos tener un mapa muy preciso de todo lo que nos rodea, y desarrollar plataformas de gestión que permiten tomar decisiones y actuar de forma inmediata a cualquier eventualidad”, explicó Roberto Ponce, uno de los socios fundadores de Smart Living Projects, una de las empresas que lideran este segmento.

La compañía, indicó Ponce, “nace de la necesidad de ayudar a las ciudades a mejorar su operación, administración y problemas de movilidad. Somos también una empresa de IoT, que se basa en conectar objetos de uso cotidiano en una ciudad para tener esa información que es importante en la toma de decisiones y administración de ciudades”.

El empresario, quien nació y se crió en San Juan, se radicó en Barcelona hace once años. “Allí pude formar parte de la revolución de las smart cities”, indicó. Tal revolución ha convertido a Barcelona en un ejemplo a seguir. Según Ponce, la ciudad ha logrado la creación de unos 47,000 puestos de trabajo, así como unos $52 millones en ahorros en el sistema pluvial y $42 millones en ingresos, producto del sistema de “estacionamiento inteligente” en su zona urbana.

“El 30% del tráfico en las ciudades es provocado por conductores buscando estacionamiento”, dijo Sergio Cercós, cofundador de SLP y socio en la empresa. “Con un sistema de sensores, los conductores pueden reducir el tiempo de buscar un espacio de estacionamiento a menos de cinco minutos y reducir el tráfico interurbano”.

“También nos preocupa la seguridad de las ciudades puertorriqueñas”, añadió Cercós. “A través de sistemas inteligentes de seguridad, podemos ayudar a reducir la ola de robos y criminalidad que arropa a la isla”.

la infraestructura está

Aunque parecería que el despliegue de las tecnologías que componen una ciudad inteligente requieren redes con la velocidad que solamente puede suplir un cable de fibra óptica o una antena inalámbrica 5G, la realidad es que los ingredientes de una smart city se pueden implementar con las redes que ya se encuentran en operación, indicaron los empresarios.

Desde la fundación de SLP, tanto Ponce como Cercós han gestionado proyectos de este tipo en más de 400 ciudades alrededor del mundo, y ahora han enfocado su atención en Puerto Rico. “Como se trata de una isla con una frontera natural obvia a su alrededor, esto convertiría a Puerto Rico en un ‘use case’ excepcional”, comentó Ponce. “Hay mucho por hacer, pero veo ese reto como una oportunidad. Nuestro propósito no es gestar una smart city en el Caribe, sino llegar a ser un smart island único y pionero”.

A esos efectos, ambos empresarios han entablado conversaciones durante el pasado mes con funcionarios públicos a nivel estatal y municipal, así como entidades privadas y sin fines de lucro en la isla. Hace cinco años, la empresa se embarcó en un esfuerzo similar, pero esta vez cuenta con una base más fuerte de inversión, detalló Ponce. “Gracias a nuestros inversionistas, logramos hacer estos proyectos con cero costo para los gobiernos”, añadió. “Nos gustaría encontrar colaboradores visionarios que nos ayuden a llevar a cabo la primera fase en las ciudades del área metropolitana y otras ciudades importantes en la isla”.

Dicha primera fase consistiría de un sistema de estacionamiento inteligente regulado, mejoras en la seguridad y una “plataforma de gestión ciudadana”, donde se ofrece en tiempo real todo lo que una ciudad ofrece a sus habitantes y visitantes, incluyendo eventos, alternativas de transporte disponibles, tráfico y más. La plataforma además permitiría la interacción entre ciudadanos y su gobierno, así como negocios, abundaron.

Grandes retos

A pesar de la conveniencia y el potencial de desarrollo económico que las smart cities representan, los empresarios reconocieron que existen dificultades envueltas en concretar esta visión, algunas de ellas únicas para Puerto Rico pero muchas otras en común con otras jurisdicciones. Estas incluyen restricciones presupuestarias, la carencia de infraestructuras, las planificaciones a corto plazo y la ausencia de liderazgo en la implementación.

Además, existe la preocupación en cuanto a compartir información personal a través de la red de IoT. “La data que nosotros recopilamos es anónima. Nos interesa analizar comportamientos y patrones, pero no saber quién es el dueño del aparato”, explicó Cercós.

Por último, existe el componente de educación a la ciudadanía, indicó Ponce. “Roma no se construyó en un día, hay que empezar desde abajo”, dijo. “Sin smart citizens, nopuede haber un smart city”.


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