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Desde la izquierda: Pablo Aymat, de Ministros de Boda PR; Ana Sanabria, de Creaciones Ana; Yaska Crespo, de Exclusive Wedding Planning Firm; Vanessa Caro, de Vanessa Caro Cakes; Fabiola Cruz, directora de Banquetes del Hotel El Convento; y Javier Mar (Teresa Canino )

Ya sea una ceremonia de solo una pareja frente al mar o un gran evento con música en vivo para celebrar ante cientos de invitados, las bodas son el eje central de una actividad económica que impacta a distintos negocios, desde floristas y músicos hasta hospederías, servicios de banquetes y coordinadores de eventos.

En 2017 se realizaron 12,793 matrimonios en Puerto Rico, según José Antonio López, consultor de demografía del Registro Demográfico, y se espera que este año se realicen unas 13,000 uniones.

Teorizó que este aumento puede deberse, en parte, a la celebración este año de bodas que debieron llevarse a cabo el año pasado, pero fueron pospuestas debido al embate de los huracanes Irma y María. “El 2017 fue un año atípico debido a las condiciones en que estaba el país después de los huracanes, sobre todo en diciembre, mes en que más bodas se celebran”, sostuvo el demógrafo.

Si se parte de la premisa de que en Estados Unidos, según la página especializada en bodas The Knot, el costo promedio de un casamiento -sin incluir la luna de miel- fue de $33,391 en 2017, se puede estimar que las 12,793 uniones realizadas ese año en Puerto Rico generaron unos $427 millones en actividad económica.

“Yo puedo tener hasta 15 suplidores en una boda”, destacó Yaska Crespo, dueña de Exclusive Wedding Planning Firm, empresa que lleva diez años en el mercado y que puede emplear entre dos y 12 personas por contrato, acorde con el tamaño del evento que le toque coordinar.

Dependiendo del presupuesto disponible, la cantidad de invitados y los gustos de la pareja, son muchos los negocios que pueden resultar beneficiados, mencionó Crespo. En caso de un “elopement” o ceremonia solo para la pareja, dijo que basta con tener al celebrante, el atuendo de los novios, maquillaje y peinado de la novia, un ramo de flores, un bizcocho para dos personas, un fotógrafo y la estadía de hotel. Pero si es una fiesta para 400 invitados, eso implica desde mandar a imprimir invitaciones hasta el alquiler de un salón, de sillas y mesas, música en vivo o con DJ, servicio de banquetes, bebidas, decoración, transportación en limusina y fuegos artificiales.

Crespo indicó que la Asociación de Coordinadores Sociales Profesionales de Puerto Rico, Inc. cuenta con 180 coordinadores activos. Agregó que hay más de 2,000 suplidores de bodas en la isla, como músicos, decoradores, floristas y proveedores de equipos de luces y sonido, entre otros.

Aunque datos del Registro Demográfico y del Negociado del Censo apuntan a que la cantidad de bodas oficiadas en Puerto Rico exhibe una tendencia a la baja desde hace años, la coordinadora y otros dueños de negocios relacionados con la celebración de matrimonios coincidieron en que estos generan una actividad económica constante.

“Desde el año 2000, los totales de matrimonios oficiados han disminuido”, dijo López. “En el 2000 hubo 25,980 matrimonios, así que si lo comparamos con 2017, la disminución es de 50.8%”.

Cada año, según el Registro Demográfico, la cantidad de casamientos baja más. En 2013, se oficiaron 17,010 bodas en la isla, cifra que se redujo a 16,702 en 2014, a 17,012 en 2015 y a 15,907 en 2016.

De acuerdo con el Negociado del Censo, en 2013 se casaron 26,944 personas residentes en Puerto Rico, cifra que fue bajando a 25,727 en 2014, a 24,496 en 2015 y a 23,124 en 2016, último año para el cual tiene información disponible.

Acerca de las razones para el descenso, López esbozó que “en cuanto a la manera en que las parejas se están organizando hoy día, no necesariamente el matrimonio es la primera opción”. Agregó que la disminución de la población joven, que está en las edades en las que más personas tienden a casarse, “probablemente tuvo un impacto en el total de matrimonios en los últimos años”.

Ceremonias simbólicas

Sin embargo, los suplidores de bodas entrevistados se mostraron optimistas respecto al mercado local y plantearon que el número de celebraciones es mayor, pues los datos del Registro Demográfico no incluyen a las ceremonias simbólicas que tienen lugar en la isla luego de que la pareja realiza la unión legal en otro estado o país.

Pablo Aymat, quien es parte del equipo de cuatro ministros ordenados que integran Ministros de Boda de Puerto Rico, expresó que “se celebrarían de un 15% a un 20% más bodas si los requisitos legales no fuesen tan onerosos ni tan estrictos”. “He tenido parejas que, cuando les digo todos los requisitos para casarse legalmente en Puerto Rico, escogen otros destinos”, afirmó.

Para los interesados en celebrar una boda de destino, la Ley 127 de 2010 exige una certificación médica que indique que los novios cumplieron con todas las pruebas requeridas para contraer matrimonio en su lugar de residencia, documento que será válido por 10 días, periodo en el cual deberá oficiarse la unión. También requiere una identificación con foto, un sello de Rentas Internas de $150 y una declaración jurada que estipule que no son residentes de la isla, así como el propósito y duración de la visita. Todo debe llevarse a una oficina del Registro Demográfico.

“Como las especificaciones son más estrictas que en otros países, muchas personas que no viven en Puerto Rico prefieren casarse legalmente en Estados Unidos y realizar una ceremonia simbólica aquí”, dijo Crespo sobre lo que ha visto en el nicho de bodas de destino. “Entonces, el matrimonio no se registra como realizado en Puerto Rico”.

Aymat recordó que en el pasado, el Registro Demográfico contaba con una oficina en el centro comercial Plaza Las Américas, en Hato Rey, y luego en el Viejo San Juan,donde había personal capacitado y bilingüepara tramitar licencias matrimoniales para contrayentes no residentes en la isla. “Desde que cerraron esas oficinas, ahora los turistas tienen que meterse al Centro Gubernamental Minillas y salen despavoridos de allí con ese revolú”, dijo el ministro. “Eso limita el negocio de bodas de destino y empaña la experiencia de los visitantes”.

Al respecto, el Registro Demográfico informó que la solicitud de licencia matrimonial, sea boda local o de destino, puede realizarse en cualquier de las oficinas locales de la agencia, aunque es su sede en Hato Rey la que cuenta con personal destacado para atender las solicitudes que les llegan a través de la Compañía de Turismo. Dicha dependencia coordina citas con el Registro Demográfico a través de un número 1-800 que aparece en la página web de la organización de mercadeo de destino Discover Puerto Rico.

En 2010, año en que se aprobó la ley que estableció los requisitos para las bodas de destino, se realizaron 2,278 uniones de este tipo. En los últimos cinco años, según el demógrafo, las bodas de destino se han mantenido sobre las 800 uniones anuales, excepto en 2017, cuando la cifra fue de 666 matrimonios. Constituyen alrededor de un 5% de todas las bodas celebradas legalmente en la isla.

Aun así, Vanessa Caro, dueña de Vanessa Caro Cake Designer y quien tiene más de 30 años de experiencia, aseguró que el mercado “crece cada día más, pero poco a poco”.

A modo de ejemplo, Aymat sostuvo que aun cuando los hábitos de las parejas han cambiado, “más personas comienzan por convivir y se casan después de años de convivencia porque el matrimonio lleva la relación a otro nivel”.

Con menos invitados

La disminución de la población joven, así como la tendencia de casarse después de haber convivido juntos, ha tenido su impacto en el mercado. “Nuestras novias antes eran de 20, 21 y 22 años. Hoy día son de 28, 30, 35 y 40 años, profesionales que saben lo que quieren y dónde está el dinero que están invirtiendo”, planteó Caro.

Con ella coincidió Fabiola Cruz, directora de Banquetes del Hotel El Convento, en el Viejo San Juan, hospedería con cinco salones para actividades. “Los novios están siendo partícipes económicos dentro de la boda. Antes eran más jóvenes y papi y mami decidían porque pagaban, ya no. Hoy día son bien conscientes de lo que quieren, son profesionales con su poder adquisitivo”, dijo.

Agregó que “por eso también las bodas son más pequeñas, porque cuando mami y papi organizaban querían invitar al vecino y a la tía y ahora los novios deciden, por ejemplo, que la tía no está porque no la veo hace cuatro o cinco años”.

De hecho, Cruz contrastó que “en un momento dado teníamos bodas de 400 a 500 personas y ya esa en Puerto Rico no necesariamente es la cantidad promedio. Ahora el promedio está entre 200 y 250 personas para una boda local, y un poco menos si es una boda de destino”.

“La gente prefiere ahora hacer bodas más pequeñas de mejor calidad, que más grandes y con detalles más sencillos”, apuntó la coordinadora Crespo.

Esa inclinación hacia una mayor calidad en la producción obedece al impacto de las redes sociales en la celebración de casamientos. “Los ‘millennials’ han cambiado muchísimo el concepto de las bodas. Ahora las novias imitan a las artistas y ‘bloggers’. Por eso ahora las bodas son producciones, porque quieren imitar lo que ven en las redes sociales”, planteó Javier Martínez, presidente y director creativo de la empresa de diseño de eventos Akua by Event Design Group. “Prefieren invitar a menos personas e invertir más en el evento porque todo el mundo lo va a ver en las redes sociales”.

Tanto Martínez como Cruz contaron que tienen clientes que les piden que suban fotos de la boda a los perfiles en redes sociales de Akua y El Convento, respectivamente, para compartirlo con sus familiares y amigos.

Más allá de la imagen, los novios apuestan ahora a la experiencia, por lo que integran a sus festejos desde invitaciones perfumadas y ‘photo booths’ hasta un ‘late night station’ con pinchos, tripletas o asopao para la madrugada, mencionaron los entrevistados.

Al invertir en la calidad de la experiencia, los costos aumentan. Al dividir el presupuesto por el número de invitados, hay bodas que pueden salir en más de $600 por persona, según Crespo.

Un factor que, según Martínez, incrementa los costos lo es la falta de producción local de ciertos productos, como las flores. “En Puerto Rico las flores cuestan más caras que en Estados Unidos porque no tenemos cultivos locales y todo es importado”, dijo el portavoz de Akua. “Tenemos que mandar a buscar flores a Colombia, Costa Rica y otros países”.

El impacto de la diáspora

En el caso de las invitaciones de papel, Ana Sanabria, dueña de Creaciones Ana, empresa con 16 años de experiencia, indicó que la influencia de las redes sociales y la internet no ha provocado una merma en la demanda por este producto. “Las buscan porque la invitación es la primera impresión de la actividad. No es lo mismo recibir una invitación online que recibirla físicamente y pasar por el proceso de verla dirigida a tu nombre, sacarla del sobre y palpar la textura del papel”, dijo.

Añadió que, debido a la gran cantidad de puertorriqueños que se han mudado a Estados Unidos, un 5% de su clientela son personas que mandan a hacer sus invitaciones en Puerto Rico aunque contraerán nupcias fuera de la isla. En total, Sanabria trabaja unas 140 bodas al año.

Otra influencia de la diáspora se aprecia en los estados de procedencia de la mayoría de los contrayentes de las bodas de destino que se realizan en Puerto Rico. Según el demógrafo, gran parte de quienes viajan a la isla para casarse proceden de la Florida, seguido de Nueva York, Texas, Nueva Jersey y Pensilvania, “estados donde hay grandes poblaciones puertorriqueñas”.

De hecho, después del paso del huracán María en septiembre pasado, Akua inició operaciones en Miami, Florida, donde atiende tanto a la diáspora boricua como al público local, informó Martínez. La empresa cuenta con 150 empleados todo el año, plantilla que suele subir a 200 en diciembre, mes en que se suelen celebrar más bodas.

El impacto del ciclón también provocó cambios en los hábitos de consumo en el mercado de casamientos. “Este año, a raíz de María, vimos una baja, no en la cantidad de bodas que hacemos, sino en las épocas en que las hacemos”, observó Crespo, quien dijo que muy pocas se realizaron en septiembre, por miedo a la llegada de otro huracán.

“Cambió la mentalidad del cliente. Ahora hay que explicarle la forma en que uno está preparado para un fenómeno como ese”, dijo Cruz. “También cambió con cuánto tiempo de anticipación se comprometen a una fecha, a la expectativa de qué va a pasar dentro de ese periodo”.

“Antes los clientes nos contrataban con un año y medio o un año de antelación. Ahora tengo bodas en seis meses o menos; por eso pongo a correr a todos los suplidores”, contó Crespo.

A juicio del presidente de Akua, “ha sido impactado, pero este año hay un incremento de 10% a 15% que en el mercado de las bodas en comparación con hace dos y tres años atrás”.

“El año que viene se ve muy bien para la industria”, aseguró Cruz con optimismo.


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