Una casa colapsada en el sector El Maní, en Mayagüez. (GFR Media) (semisquare-x3)
Una casa colapsada en el sector El Maní, en Mayagüez. (GFR Media)

Al sector de seguros en Puerto Rico, particularmente a las aseguradoras de propiedad y contingencia, se les llena el cuarto de agua.

Mientras todavía miles de personas, comercios, juntas de condómines y hasta instrumentalidades públicas no logran cobrar sus reclamaciones asociadas al huracán María que azotó las playas y montes de Puerto Rico hace casi un año, el estado de situación de las aseguradoras mantiene a muchos entendidos en el tema en estado de preocupación y a la Oficina del Comisionado de Seguros (OCS) en modo remediativo y de ofensiva.

Al concluir los primeros seis meses de este año, partiendo de un análisis de los informes trimestrales de estas aseguradoras, efectuado por El Nuevo Día, las aseguradoras de propiedad y contingencia que operan en la isla encaran todo tipo de retos: desde problemas de efectivo y pérdidas operacionales hasta un menoscabo o reducción en sus respectivas bases de capital, pues los productos de reaseguro que adquirieron no fueron suficientes.

El nivel de preocupación es tal que el comisionado de Seguros, Javier Rivera Ríos, admitió a El Nuevo Día que la oficina que dirige se encuentra inmersa en un proceso de auditoría a casi una decena de aseguradoras de propiedad y contingencia, y sigue de cerca el funcionamiento de dos de estas, aunque no reveló el nombre de ninguna. Esto, con el objetivo de procurar que los servicios a los asegurados y, sobre todo, la estabilidad del sector no vaya a menos.

En modo remediativo

Sobre todo, y en silencio, la OCS lleva meses aprobando transacciones especiales o haciendo concesiones para que los regulados no entren en más aprietos financieros mientras lidian con miles de reclamaciones pendientes de pago asociadas con los huracanes Irma y María.

“Se han tomado algunas decisiones porque sabemos que estos son procesos que requieren tiempo y hay que identificar cuál es la mejor forma de atender los retos”, dijo Rivera Ríos cuando este periódico le preguntó acerca de las acciones remediativas autorizadas por el regulador de seguros.

Explicó que no podía dar los nombres de las aseguradoras bajo análisis porque ello podría afectar transacciones o negociaciones en curso.

Solo en los pasados seis meses, según los informes trimestrales de aseguradoras ante la Asociación Nacional de Comisionados de Seguros (NAIC, en inglés), la OCS aprobó una transacción especial de reaseguro de unos $493 millones para la aseguradora QBE Seguros y autorizó una inyección de capital de $15 millones a Real Legacy Insurance de su matriz Grupo de Seguros Cooperativo.

La OCS también concedió tiempo adicional a la Cooperativa de Seguros de Vida (Cosvi) para quepresentara sus estados financieros. Eso evitó que la aseguradora quedara en un cuadro de insolvencia para finales del 2017, lo que habría requerido que sus accionistas -es decir, varias decenas de cooperativas de ahorro y crédito atribuladas en sí mismas por los bonos de Puerto Rico- hicieran una nueva inyección de capital en el orden de $34 millones.

En paralelo, la OCS indaga con Triple-S Propiedad (NYSE:GTS) cómo esa aseguradora allegará capital, luego de que el reaseguro que compró se quedó corto y fue necesario crear una reserva de $76.4 millones para cubrir el impacto asociado a las reclamaciones por el huracán María.

“Cuando se excede el límite de reaseguro, eso significa que ese asegurador va a tener que sacar dinero de su propia chequera para pagar las reclamaciones”, explicó Rivera Ríos al señalar que tras el huracán María, la situación que Triple-S informó el mes pasado, por tratarse de una compañía pública, no es exclusiva de esa aseguradora.

Desastres y solvencia

Según Rivera Ríos, el Código de Seguros permite a un asegurador transferir hasta el 95% de sus riesgos a un reasegurador.

Para la firma A.M. Best -que pasa juicio sobre la solvencia de las aseguradoras- y en el mercado, se vería como una práctica adecuada comprar reaseguro por el equivalente a los impactos asociados a un evento catastrófico cada 100 años.

En el caso de Triple-S Propiedad, la aseguradora alega que su reaseguro era equivalente a un evento en 160 años y con todo, no fue suficiente.

Cuando el reaseguro es insuficiente y quedan reclamaciones por pagar, la estabilidad de la aseguradora dependerá de cuántos recursos propios posee, sea por reservas o sobrante, para pagar a los perjudicados y continuar cumpliendo con los estándares de solvencia que exige el Código de Seguros de Puerto Rico.

Según Rivera Ríos, a la fecha, la lectura de la OCS del sector no apunta a que se requiera emplear mecanismos extraordinarios como rehabilitar un asegurador según provee el Código de Seguros. Pero el regulador aceptó que luego de los eventos asociados al huracán María, el sector de seguros comienza a reconfigurarse, lo que ha requerido una instrospección de parte del regulador y no necesariamente buenas noticias para los asegurados, sean individuos, comercios o el gobierno.

Andrew y Katrina

“Tenemos que tomar las medidas para que no tengamos en Puerto Rico lo que se ha visto en otras experiencias o lo que se dio en la Florida con Andrew”, dijo Rivera Ríos al destacar que una de las fortalezas del sector de seguros Puerto Rico es que se rige por los estándares del mercado de seguros estadounidense, regidos esencialmente por la National Association of Insurance Commissioners (NAIC).

Luego del huracán que azotó el llamado estado del sol en 1992, unas 10 aseguradoras quedaron insolventes y las que quedaron en pie no estaban dispuestas a cubrir los riesgos en ese estado, lo que obligó a diseñar otros métodos, explicó Rivera Ríos.

Según Brian O’Larte, director de Análisis de Propiedad y Contingencia para A.M. Best, no es la primera vez que un sector de seguros encara retos mayores después de un desastre de gran magnitud como María. Tampoco, es la primera vez en que el reaseguro que se adquiere no es suficiente para responder a las reclamaciones que se reciben. Ese fue el caso con el huracán Katrina, que arrasó con Luisiana y otros estados al sur de Estados Unidos en el 2005.

El precio de la laxitud

En el caso de Puerto Rico, sin embargo, O’Larte explicó que no todas las aseguradoras padecen los mismos males o están en aprietos por el ciclón del pasado 20 de septiembre.

Hace un año, A.M. Best pensaba que el sector de seguros de Puerto Rico capearía el saldo de María. Pero a medida que ha pasado el tiempo y que comienza a surgir un cuadro más claro de la magnitud de las reclamaciones y de los recursos que poseen las aseguradoras, la casa evaluadora ha cambiado de parecer.

“Lo que ha sucedido es que ellos (los aseguradores) esperaban que la electricidad se restauraría mucho más temprano de lo que sucedió y por eso, no esperaban un nivel tan alto de reclamaciones por interrupción de negocios. Eso fue lo que impactó a varias aseguradoras”, dijo O'Larte al indicar que por ahora, las aseguradoras parecen contar con reaseguro adecuado.

O’Larte explicó que varias de las degradaciones y cambios de perspectiva de parte de A.M. Best, responden a situaciones diversas.

En algunos casos, se trata de problemas previos al huracán María y al hecho de que por años, el sector de seguros de Puerto Rico operó “en un mercado blando”.

Grosso modo, en el mundo de seguros, un mercado “blando” significa que no hay suficiente demanda. En un intento por retener clientes o quitarlos a la competencia, las aseguradoras redujeron primas y modificaron los términos de las pólizas. En el caso de la interrupción de negocios, por ejemplo, el requisito de falta de electricidad para activar el seguro se activaba a partir de 72 horas sin servicio y se eliminaron los topes a esas reclamaciones.

“La industria ha estado operando en una economía que ha permanecido en una larga recesión. Era tan competitiva y ellos (los aseguradores) se estaban alejando de las tarifas y cediendo términos y condiciones. Estuvieron generando ingresos, pero ha venido una tormenta que simplemente les golpeó”, dijo O’Larte.

Rivera Ríos coincidió con O’Larte al señalar que por años, se sabía que en Puerto Rico, las primas de seguro estaban alejadas del riesgo que se suscribía. Antes El Nuevo Día reseñó el asunto en varias ocasiones.

Con este panorama, podría decirse que el sector de seguros de Puerto Rico tomó una pócimavenenosa como antes lo hizo la banca local con la especulación inmobiliaria y como sucedió con el sector cooperativo de ahorro y crédito, que se empachó con los bonos de Puerto Rico.

En el primer trimestre de este año, según informes de la OCS, el ingreso neto de las 20 aseguradoras locales retrocedió 52%, ubicándose en $9.9 millones relación a marzo de 2017. Al concluir ese año, el sector de propiedad y contingencia apenas registró ingresos netos por $84 millones.

En ese mismo período, 12 de 20 aseguradoras vieron descensos en su sobrante disponible para asegurados de entre -3.6% y -64.2%. El descenso más drástico se produjo en Tower Bonding Surety & Co., seguido por un -42.9% en QBE Seguros y -20.4% en Mapfre Praico.

Menos seguro y más caro

“Entendemos que al presente, hasta agosto de 2018, el mercado comienza a estabilizarse”, dijo O'Larte al indicar que ese es el caso particular del sector comercial, donde las aseguradoras han aumentado las primas y se han establecido términos y condiciones en las pólizas más restrictivos.

Por más de una década, y desde el criterio de primas suscritas, el sector de seguros Puerto Rico ha estado dominado por el llamado segmento de aseguradores nativos o locales. Sin embargo, a raíz de María, algunas aseguradoras han comenzado a recoger velas.

Rivera Ríos reconoció que luego del huracán María, hay serios problemas para que las juntas de condómines consigan un seguro contra desastres.

“Es un reto bastante difícil para los edificios, especialmente propiedades costeras, el gobierno y municipios”, reconoció Rivera Ríos, quien sostuvo que las medidas que ha propuesto la OCS para flexibilizar el segmento de líneas excedentes deben ayudar a la situación.

O’Larte sostuvo que mientras algunas aseguradoras dejarían de suscribir seguros, particularmente de gobierno, es posible que surjan nuevos jugadores de seguros al tiempo que se produciría un alza en las primas de las reaseguradoras que, en esencia, son el seguro de un asegurador. “No me sorprendería si alguien nuevo entra al mercado”, indicó O’Larte.


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