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Los cambios en la orientación de las jaulas, así como en la iluminación, pudieron haber tenido un impacto directo en las abejas, que ahora son menos dóciles y menor en cantidad.  (archivo / gfr media)
Los cambios en la orientación de las jaulas, así como en la iluminación, pudieron haber tenido un impacto directo en las abejas, que ahora son menos dóciles y menor en cantidad. (archivo / gfr media)

Los terremotos que están impactando a Puerto Rico también han tenido su efecto en el comportamiento de las abejas, particularmente en las áreas más afectadas, aunque se han reportado cambios significativos en otras regiones de la isla.

Hermes Conde, director de la Escuela de Apicultura del Este, reveló a El Nuevo Día que tras los terremotos se perdieron 12 de las 60 colmenas que había en Patillas y 10 de las 50 que estaban en Guayanilla. 

“Algo bien inusual es que están más indóciles, tenemos que manejarlas con mayor protección. No están saliendo el grupo completo a colectar. Hay una mitad que se queda en al apiario y la otra mitad sale. No están saliendo mucho”, expresó.

Conde indicó que ese cambio en comportamiento lo está notando también en sus colmenas en Fajardo, que está bastante distanciado del área más afectada por la consistente actividad sísmica.

Opinó que el movimiento brusco de los terremotos impactó las colmenas. “Las colmenas están en cajas y ese movimiento brusco las cambia de posición, cambia la caja de lado y la abeja se desorienta y tienen que reajustarse a la nueva dirección de su llegada y eso produce que mucha abeja se quede en el campo perdida porque pierde la noción de donde estaban sus cajas”.

La expresión de que las abejas “abandonaron” su área implica que dejaron las cajas donde estaban ubicadas, explicó Conde. “Aparentemente presienten ese movimiento y se mueven al campo adentro. En Fajardo no se han ido, están todas en las cajas, pero el movimiento ha sido muy lento”, agregó.

El experto señaló además su preocupación por el incremento de actividad que se desarrolla en la región suroeste. “Estamos vigilantes ante esta situación porque todos necesitan ayuda. Ante este cambio de personas, los muchos vehículos, los cambios en la iluminación y las muchas personas, lo que van a hacer las abejas es abandonar el área”, dijo.

Por su parte, el doctor en entomología y profesor de biología de la Universidad de Puerto Rico, Tugrul Giray, reconoció que hay un cambio en el comportamiento de las abejas y la pérdida de colmenas, pero no lo vinculó todavía directamente con los terremotos.

“Tengo que investigar sobre eso. En esta época en sí no hay mucha comida para las abejas. Hemos hecho un estudio y solo un 20% de árboles están en flor comparado con el verano que es de un 80%. Hay una escasez”, dijo el estudioso de las abejas en Puerto Rico.

Opinó que los terremotos pueden tener el efecto de que el apicultor no pueda llegar a sus abejas para alimentarlas y estas van a dejar el sitio.

Advirtió que para prevenir que la situación se agrave, se requiere el apoyo a los apicultores para obtener el alimento que deben proveer a sus colmenas. “Hará falta una ayudita”, dijo.

Con esa evaluación coincidió Conde y señalo que “este es el mes más malo para las abejas.  El mes de mayo fue muy distinto este año, casi no hubo primavera, no tuvieron ese tiempo para poder colectar y hasta marzo no vuelven a salir flores”.

Reclamó que tanto el Departamento de Agricultura como entidades privadas van a tener que ayudar a los apicultores para alimentarlas. “No tienen buena cantidad de flores para ellas poderse sostener vamos a tener que alimentarlas”, declaró.

De no atenderse esta situación, señaló que habrá una nueva reducción en la producción de miel en el país, y un impacto mayor sobre este sector que todavía está en medio de su proceso de recuperación tras el fuerte impacto que recibio del huracán María.