A principios de la pandemia, Nike envió a trabajar a sus casas a la mayoría de sus empleados que trabajaban en su sede en Portland. Ello contribuyó a la censantía de cientos de empleados de Aramark que le proveía los servicios de alimentos.
A principios de la pandemia, Nike envió a trabajar a sus casas a la mayoría de sus empleados que trabajaban en su sede en Portland. Ello contribuyó a la censantía de cientos de empleados de Aramark que le proveía los servicios de alimentos. (Rick Bowmer)

El 16 de marzo fue el último día en que David Engelsman entró al Jackrabbit, el aclamado restaurante del hotel boutique Duniway en el centro de Portland, Oregon. A Engelsman, mesero principal del turno matutino, le dijeron antes de empezar su día, que su trabajo ya no era necesario. Se fue temprano, a las 10:30 a.m. Desde ese momento, el restaurante no abrió más.

Engelsman, ahora sin trabajo, le toca enfrentar la realidad teniendo dos hijos autistas, una esposa con una afección cardiaca y sin seguro médico. “Nos quedamos aquí sin nada. Sé que sueno dramático, pero es dramático”, acotó.

Con 12 millones de empleos perdidos desde febrero y el informe mensual del gobierno que muestra una disminución en las contrataciones, historias como esta se han vuelto dolorosamente comunes. Cuando las empresas enviaron a su personal de oficina a trabajar a distancia, desde sus casas, recortaron los viajes de negocios y cancelaron las comidas de trabajo, eliminaron los trabajos de limpieza de las oficinas y habitaciones de hotel, los traslados por la ciudad y los servicios de comida.

Para este ejército de trabajadores de servicios en todas las urbes estadounidenses, la pandemia corre el riesgo de convertirse en algo más que un choque económico a corto plazo. Si los trabajadores estadounidenses no regresan a las oficinas, los trabajadores de servicios se quedarán sin nadie a quien servir.

Eso es especialmente preocupante en las ciudades, que durante décadas han mantenido decenas de millones de empleos para trabajadores sin educación universitaria. Ahora, el trabajo a distancia se suma a otras presiones que han dificultado las oportunidades. El colapso de tiendas minoristas como J.C. Penney y Neiman Marcus ha acabado con muchos trabajos de bajos salarios. La implosión del turismo en ciudades como Nueva York y San Francisco acabará con muchos más.

María Valdez, una mucama del Grand Hyatt de San Antonio que fue despedida, se las arregla con tres niños y un cheque de desempleo semanal de $314. Waldo Cabrera, quien fue despedido de su trabajo que consistía en limpiar las cabinas de los aviones de American Airlines en el aeropuerto de Miami, espera que una oferta para conducir un camión cisterna en Texas aguarde hasta que pueda mudarse a fin de año. “Me veo obligado a irme de aquí”, manifestó.

Mari Duncan es relativamente afortunada. Todavía está cobrando su sueldo, a pesar de que su trabajo marinando carnes y cocinando sopa en el campus de Facebook en Seattle terminó cuando la empresa envió a sus gerentes e ingenieros a trabajar desde casa. Sin embargo, teme que su contrato (Facebook sigue pagando a su contratista de servicios de alimentos para cubrir la nómina) no dure para siempre.

“Cuando vi que salió una noticia de que Facebook se mantendrá trabajando a distancia hasta julio de 2021, me asusté un poco”, reveló.

A todos les urge volver al trabajo. No obstante, existe el temor de que aunque la pandemia se termine, la economía no podrá seguir ofreciendo los trabajos de antes.

“Algunos bufetes de abogados están descubriendo que es más rentable que sus abogados se queden en casa”, expresó Kristinia Bellamy, quien trabajaba limpiando las oficinas de un rascacielos en el centro de Manhattan. “Este podría ser el principio del fin de estos edificios de oficinas comerciales”, afirmó.

Pensemos en la decisión de Nike en primavera de permitir a la mayoría de los empleados de su sede en el área de Portland trabajar a distancia. Aramark, a cargo de los servicios de cafetería y alimentos de Nike, tuvo que dar licencia sin goce de sueldo a muchos de sus empleados por periodo indefinido. Unos 378 empleados ahora enfrentan un despido permanente a partir del 25 de septiembre.

La cuestión es si este tipo de disrupciones solo serán temporales. Cerca de uno de cada cinco adultos en edad productiva sin título universitario vive en las áreas metropolitanas más grandes (en el cuarto superior por densidad de población), según el Instituto Tecnológico de Massachusetts. La mayoría están en las industrias de servicios que satisfacen las necesidades de una clase acaudalada de “trabajadores del conocimiento” que han acudido en masa a las ciudades en busca de instalaciones de trabajo innovadoras y salarios elevados.

Y con el descubrimiento de Zoom, ¿qué empresa trasladará en avión a un gerente por el país para un día de reuniones?

Una investigación de la Universidad de Chicago calculó que el 37% de los trabajos se pueden hacer totalmente desde casa. Esos trabajos tienden a ser altamente remunerados, en campos como los servicios jurídicos, la programación informática y los servicios financieros.

Nike no es el mayor empleador privado de Portland, sino Intel, el gigante de los semiconductores, que emplea a 20,000 personas, con salarios, en su mayoría, bien pagados. Solo cerca de un 40% de los empleados de Intel trabajan en las oficinas y se prevé que el trabajo a distancia continúe. Es posible que esa decisión no sea una buena noticia para las empresas que dependen de Intel.

“Intel nos ha sostenido”, afirmó Rick Van Beveren, miembro del Consejo de la Ciudad de Hillsboro y dueño de una cafetería y un negocio de banquetes que, en su mayoría, permanecen cerrados. “Atendemos a una constelación de negocios que gira en torno a Intel”.

Decisiones como esta se están tomando en todo el país. Scott Rechler, director ejecutivo de RXR Realty, que posee más de 1,858,060 metros cuadrados de espacio de oficinas en la ciudad de Nueva York, estima que cada trabajador ejecutivo mantiene cinco empleos de servicio, desde un puesto de limpiabotas hasta una cafetería. Sin embargo, solo alrededor del 12% de sus inquilinos están en las oficinas.

Restaurant Associates ―el conglomerado de servicios de alimentos que opera cafeterías en empresas como Google y The New York Times, así como otros restaurantes― empleaba a 10,500 trabajadores antes de la pandemia, e informó que solo la mitad de sus empleados están trabajando en este momento.

Está claro que los gobiernos de ciudades y estados han cerrado gran parte de la economía urbana que emplea trabajadores de servicios con bajos salarios con la esperanza de contener la pandemia. El riesgo de infección también mantiene a muchas personas en casa. Se cree que estos temores y restricciones se flexibilizarán una vez que se desarrolle una vacuna o un tratamiento para la COVID-19.

Una gran parte de la fuerza laboral de Estados Unidos espera que así sea.