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Silvina Moschini anticipó que tiene planes de establecerse este año en la isla para iniciar una operación de su empresa SheWorks!, que también incluye capacitación en línea para las mujeres que buscan mejorar su empleabilidad. (GFR Media)
Silvina Moschini anticipó que tiene planes de establecerse este año en la isla para iniciar una operación de su empresa SheWorks!, que también incluye capacitación en línea para las mujeres que buscan mejorar su empleabilidad. (GFR Media)

En el mundo, las mujeres ingresan en promedio 77 centavos por cada dólar que reciben los hombres en igualdad de condiciones laborales, de acuerdo con ONU Mujeres, mientras que en el Caribe, la Organización Internacional del Trabajo señala que las féminas ganan 17% menos salario que los varones por hora trabajada.

La brecha persiste aun en países como Estados Unidos, donde más mujeres que hombres se gradúan de las universidades, de acuerdo con la empresaria y experta en tecnología Silvina Moschini, quien aseguró que el problema no es el acceso a educación, sino la falta de transparencia.

“Con transparencia me refiero a que las compañías, ya sea por ley o como parte de sus políticas, hagan visible y pública la información acerca de cuánto se compensa a una persona por su rol y sus habilidades”, apuntó Moschini.

Indicó que la transparencia se puede dar de distintas formas, desde que las empresas rindan informes sobre la brecha salarial de género en sus plantillas –como hace Dinamarca desde el 2006–, hasta publicar en internet cuando se busca reclutar empleados, un rango con el salario máximo y mínimo que paga un puesto de trabajo. Resaltó que hay plataformas como Glassdoor, en la que dice el salario promedio de distintos puestos.

“Si al contratar no ponen cuánto dinero pagan por esa posición, los patronos optan por el más barato, lo que es injusto para el mercado y para la persona”, sostuvo Moschini. “Y no debería importar cuánto ganabas en tu trabajo anterior”.

En el caso de Puerto Rico, la Ley de Igualdad Salarial y las guías para su implementación, ambas aprobadas en 2017, disponen que en la isla es ilegal que un patrono le pregunte a un aspirante a empleo sobre su salario actual o su historial de salarios. La razón es que como históricamente ha sido la mujer la que ha recibido una paga más baja por el mismo trabajo, es la fémina la que se ve en desventaja al divulgar sus salarios anteriores. En la isla, no hay leyes que obliguen a los patronos a divulgar datos sobre brecha salarial o salario promedio de los puestos disponibles.

De acuerdo con Moschini, más países deberían seguir el ejemplo de Dinamarca y forzar la transparencia mediante la aprobación de leyes en esa dirección. “Esto debería regularse porque, si no se fuerza, queda como una lista de sugerencias para los patronos”, sostuvo.

Agregó que la tecnología no solo permite divulgar con mayor facilidad este tipo de información, pues también resulta útil para lidiar con otro aspecto que impacta el desarrollo laboral de las féminas. “Las mujeres hoy toman un 80% de las decisiones de compra en todo el mundo, logran un 57% de los títulos universitarios en Estados Unidos, pero el 51% abandona sus trabajos por falta de flexibilidad”, aseguró la empresaria, quien preside las plataformas TransparentBusiness y SheWorks!. Esa flexibilidad, en muchas ocasiones, es para cumplir con otras responsabilidades, como el cuido de los hijos u otros familiares.

“Las compañías siguen pegadas a modelos en que quieren que los empleados calienten la silla, aun en plena era de explosión digital”, manifestó. “Así pierden la perspectiva de esta gente educada y con capacidad de compra. Las dejan fuera porque las reglas de los lugares de trabajo fueron pensadas para hombres cuando las mujeres no eran parte del mercado laboral hace 60 años”.

Para propiciar una mayor flexibilidad, Moschini fundó TransparentBusiness, plataforma en la nube que hace que el trabajo remoto sea verificable y transparente, y SheWorks!, plataforma de talento femenino en la nube que conecta a mujeres profesionales con oportunidades de trabajo remoto.

“La tecnología permite que el trabajo remoto sea costoefectivo porque solo necesitas internet y un teléfono”, acotó Moschini. “Puedes vivir en Loíza, estar certificada con Google y que una compañía en Silicon Valley te pueda contratar porque la tecnología te acerca al empleador y te da la transparencia de ver cuánto te tienen que pagar y al patrono la transparencia al patrono de que vea en qué estás trabajando y se elimine la desconfianza”.