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Desde la izquierda, Manuel Fullana Morales, socio y portavoz de F&R Construction y José García Pérez, presidente y principal oficial ejecutivo de Solaora. (André Kang)

Cada vez más techos de pequeñas y medianas empresas exhiben paneles que convierten la luz del sol en electricidad, ya sea para ahorrar en la factura de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) o para evitar el cese de operaciones luego de un desastre natural.

De acuerdo con miembros de la industria de energía renovable, los sistemas fotovoltaicos han sido adoptados por todo tipo de negocios, desde oficinas de servicios profesionales (como médicos, abogados e ingenieros) hasta colmados, supermercados y farmacias.

“La demanda ha aumentado porque ya la gente no quiere volver a pasar lo que pasó después del huracán María. Si pasas seis o siete meses sin luz, no puedes depender de generador”, sostuvo José Guzmán Jiménez, presidente de la Asociación de Contratistas y Consultores de Energía Renovable de Puerto Rico (Aconer), cuyos 175 miembros atienden el 90% de las instalaciones de estos equipos a residencias y pymes en la isla.

“A nivel de los vendedores sé que sus ventas se han multiplicado por ocho en comparación con lo que hacían antes del huracán”, ilustró Guzmán.

Para los negocios que desean aprovechar la luz del sol hay varias alternativas. Antes del ciclón, los más solicitados eran los sistemas que solo conllevaban la instalación de placas solares e inversores, en conjunto con el servicio de la AEE, para conseguir ahorros en la factura de luz.

Como estos sistemas se desconectan automáticamente cuando el negocio queda sin servicio de la AEE para autoprotegerse y evitar energizar las líneas, ha aumentado la demanda de opciones que integran baterías que almacenan energía que puede ser utilizada cuando se vaya la luz, apuntó José García Pérez, presidente y principal oficial ejecutivo de la empresa de energía renovable Solaora.

Ese fue el caso de la empresa F&R Construction Group, con sede en San Juan, que en 2015 invirtió $200,000 en un sistema de placas solares e inversores que producen un 25% de la electricidad necesaria para operar. Según Manuel Fullana Morales, socio de la firma de construcción, el ahorro en la factura de luz fluctúa entre $2,000 y $3,000 mensuales, por lo que “la inversión se repaga en cinco o siete años”.

Hace mes y medio, por $14,000 agregó al sistema un banco de baterías de 52 kilovatios para mantener energizado el servidor y el acondicionador de aire del cuarto donde se encuentra. Esto, luego de que durante los meses sin servicio de la AEE tras el paso del ciclón, la firma gastó una cantidad considerable de dinero en diésel para energizar el servidor y otros equipos con un generador.

“Ahora tengo la tranquilidad de que el servidor está protegido y tendrá energía siempre disponible”, sostuvo Fullana.

La Súper Farmacia Vanga, en San Juan, hizo lo propio en verano pasado, cuando estrenó la primera fase de su sistema fotovoltaico. Con la finalización de la última fase recientemente, ahora cuenta con más de 1,000 paneles solares que producen un 83% de lo que consume el negocio. Sus dueños, Pedro y Alberto Vanga, esperan que esta inversión de $800,000 les genere un ahorro de $8,000 mensuales en la factura de luz.

Como parte de esa inversión, adquirieron un banco de baterías de 10 kilovatios para “proveer energía a todas las computadoras por un periodo de cuatro a cinco horas si el generador, que corre con diésel, falla”, contó Alberto Vanga. Esas baterías, además, energizan las luces de emergencia y el robot que despacha los medicamentos.

Lo que debe saber

A la hora de integrar al negocio un sistema fotovoltaico, primero el empresario debe saber a cuánto asciende su consumo actual de electricidad (información que aparece en la factura de la AEE) y determinar cuáles son sus cargas prioritarias, es decir, aquellos equipos que son esenciales para la operación de la empresa. Las compañías que diseñan e instalan proyectos de energía renovable también toman en cuenta el espacio disponible para colocar las placas solares y las baterías, coincidieron Guzmán y García.

El presidente de Aconer aconsejó que antes de invertir en estos sistemas, se comience a implementar medidas de conservación de energía “como cambiar el calentador de eléctrico a solar, o cambiar la estufa eléctrica por una de gas, adquirir enseres Energy Star, aires ‘inverter’ y bombillas eficientes (LED)”. Tomando estas medidas, el comerciante puede reducir su consumo de electricidad. Al necesitar menos energía, puede optar por un sistema más económico, con menos placas y baterías.

Con esa información, se diseña un sistema ajustado a las necesidades, espacio y presupuesto del cliente. Jéramfel Lozada Ramírez, presidente de la empresa Green Energy Systems, resaltó que el diseño y la instalación deben ser realizados por ingenieros o peritos electricistas certificados por la Oficina Estatal de Política Pública Energética (Oeppe) como instaladores de equipos fotovoltaicos.

De hecho, la Oeppe cuenta en su página web con una lista de profesionales certificados y su información de contacto. Aunque ese registro de instaladores certificados fue actualizado por última vez hace un año, puede resultar útil.

Lozada también recomendó solicitar cotizaciones detalladas. “Verifiquen los equipos que les están ofreciendo en la cotización. Ahí debe decir las cantidades, marcas y modelos específicos de los equipos que les van a instalar. También se debe especificar la garantía de cada equipo en la cotización”. Dijo esto porque los precios pueden variar dependiendo de las marcas y modelos de las placas, inversores y baterías, así como de los años de garantía que tiene cada uno.

Una vez culmina la instalación, esta debe ser certificada por un ingeniero o perito electricista y luego registrada en la Oficina de Gerencia dePermisos (Ogpe). Documentos sobre la instalación también deben someterse a la AEE para acogerse al programa de medición neta, mediante el cual el sistema renovable suple electricidad al cliente y el exceso de energía, si alguno, se exporta al sistema eléctrico de la corporación pública. Cuando se exporta energía a la red de la AEE, el cliente recibe un crédito en su factura.

Aunque existe la tecnología para desconectarse por completo de la AEE, los entrevistados no lo recomiendan. “Es mejor tenerlos y no necesitarlos que necesitarlos y no tenerlos”, apuntó Lozada. Agregó que si el equipo fotovoltaico sufre algún desperfecto, el negocio no quedará desprovisto de energía si cuenta con conexión a la corporación pública.

Variedad de baterías

En cuanto a otras opciones disponibles en el mercado, Lozada informó que hay comercios que, a falta de espacio en el techo para placas solares, solo adquieren bancos de baterías que se cargan con la electricidad de la AEE. Estas baterías pueden energizar equipos críticos para el negocio –como cajas registradoras o puntos de venta (POS)- durante varias horas en lo que se restablece el servicio eléctrico.

Tanto para sistemas fotovoltaicos como para utilizarse solas, existen nuevas tecnologías de almacenamientos: los bancos de baterías integrados y los sistemas inteligentes de almacenamiento. Los primeros son “bancos con varias baterías que ya tienen todos los componentes para formar una sola unidad”, explicó Lozada. Agregó que los segundos consisten de “un equipo modular con baterías, inversor y ‘automatic transfer switch’, todo integrado en un solo equipo”. Entre estos últimos, los más conocidos son los de marca Sonnen y Tesla.

Las baterías están hechas de distintos materiales, como ácido plomo (líquido o gel), ion de litio o nanocarbono, entre otras, que inciden en su rendimiento, durabilidad y precio.

En caso de que estos sistemas exhiban desperfectos o estén mal instalados, primero debe dialogar con la compañía que hizo la instalación. Si no consigue una respuesta satisfactoria, puede reportar lo ocurrido a la Oficina Independiente de Protección al Consumidor o al Departamento de Asuntos del Consumidor, señalaron Lozada y Guzmán.


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