Las playas han permanecido cerradas desde que comenzó la emergencia del COVID-19 en la Isla el pasado desde el 16 de marzo y recientemente varios sectores han reclamado su reapertura. ([email protected])

En medio de la discusión pública sobre si se deben reabrir o no las playas, el Departamento de Salud (DS) advirtió hoy sobre los riesgos de contagios con el COVID-19 en esos espacios.

Mientras las autoridades sanitarias locales e internacionales no han llegado a una conclusión sobre cuán posible es la infección a través del mar, a científicos del Departamento de Salud les preocupa más otras formas de posible contagio en las playas, así como en áreas de piscinas públicas por factores que no tienen que ver con el agua.

Para directora de la División de Salud Ambiental del Departamento de Salud, Mayra Toro, la mayor preocupación en esos espacios son las dificultades para seguir las recomendaciones del Centro para el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) y la Organización Mundial de Salud (OMS).

"La CDC y la OMS han dicho que lo único que ha demostrado efectividad para evitar enfermarnos (con el COVID-19) es con el distanciamiento social, evitando conglomeraciones de grupos de personas, uso de mascarillas y lavado continuo de manos", recordó Toro.

Agregó que "si vamos a la playa, como acostumbramos a hacer un domingo, con la orilla llena de personas y los espacios son limitados... y donde no es factible usar mascarilla dentro del agua... eso podría dar el espacio para que estemos en un riesgo de exposición de podernos contagiar".

"El problema no es el que está enfermo con síntomas, porque esa persona está convaleciendo en su hogar. Lo que nos debe preocupar son los asintomáticos... que tienen la capacidad de transmitir el virus", abundó.

Recientemente han surgido manifestaciones reclamando la reapertura de las playas, indicando que se trata de espacios abiertos que presentan menos posibilidad de infección que un lugar confinado y que es posible establecer controles que prevengan el contagio.

Pero, Toro planteó que con mucho público en las playas es más difícil controlar el distanciamiento social.

"Una persona estornuda al lado suyo y sin mascarilla... esos son los riesgos que tenemos que pensar", comentó.

Un estudio publicado el lunes en la revista científica "Physics of Fluids" y liderado por los investigadores Talib Dbouk y Dimitris Drikakis, del Instituto Americano de Física, constata que con una ligera brisa de 2.5 millas por hora, la saliva viaja casi 18 pies en 5 segundos y que las gotitas expulsadas en un estornudo pueden infectar a adultos y a niños.

Por su parte, la infectóloga y exepidemióloga del Estado, Ángeles Rodríguez, coincidió con los señalamientos de que el viento en las playas plantea retos adicionales a la precaución del distanciamiento social de al menos seis pies.

"El viento carga las partículas y si uno está a menos distancia de la persona que está infectada, que puede estar hablando o tosiendo, pues la persona que está atrás teóricamente pudiera infectarse, pero esos escenarios no se han probados", explicó.

En caso de que se decida reabrir playas, es imperativo que haya algún control de la cantidad de personas que entre, aunque reconoce que "eso bien difícil".

"No lo veo posible", manifestó Rodríguez. "Pero hay sitios que han reabierto (fuera de Puerto Rico) y están dispuestos a vivir con las muertes".

Otros factores que inquietan a Salud, según Toro, es que en muchas playas o balnearios no hay acceso adecuado a agua potable para el lavado de manos ni baños, "lo que es otro factor de riesgo de exposición (a contagio)".

En el caso de las piscinas públicas, aunque se considera que el cloro elimina el virus, Toro observa que aplica la misma preocupación de la cercanía física entre multitudes, como en las playas, así como el contacto con superficies compartidas, como pasamanos y perillas de puertas, entre otros.

"Mantener el distanciamiento es difícil... Hablando de los chorritos, por ejemplo, que les gustan tanto a los niños... ¿crees que se podrá mantener entre ellos un distanciamiento físico social y el uso de la mascarilla?", cuestionó Toro. "La persona en el agua estornudó y antes de que la gota caiga en el agua con cloro, le cayó a otra persona... Son muchos aspectos a considerar".

Pese a todo esto, Toro señaló que Salud no ha emitido a La Fortaleza una recomendación a favor o en contra de la reapertura de las playas o piscinas públicas, sino que se ha limitado a insistir en que cualquiera que sea la decisión, debe ser en cumplimiento con las guías de precaución del CDC y la OMS.

"Por decir algo: ¿Y si el dueño de la piscina pública decide abrir con poca gente, dando (turnos de) 15 minutos de disfrute del agua a cada uno... Todo dependerá de la creatividad de cada uno", comentó Toro.

"Yo no sé si alguien se está inventando una mascarilla impermeable, por decir algo", añadió. "Si con la inventiva se establecen métodos que cumplan con las recomendaciones del CDC, pues eso hay que tomarlo en consideración".

¿Contagio en el mar?

Las playas han permanecido cerradas desde que comenzó la emergencia del COVID-19 en la isla el pasado 16 de marzo mediante las órdenes ejecutivas de la gobernadora Wanda Vázquez. El toque de queda vigente expira el 25 de mayo.

El Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), entidad acargo de monitorear las condiciones de las playas, ha emitido su recomendación a La Fortaleza sobre la reapertura de las mismas y actividades marítimas, pero el secretario Rafael Machargo ha declinado esta semana adelantarlas públicamente.

Mientras existen versiones encontradas de científicos en distintas jurisdicciones, el Departamento de Salud no cuenta al momento con una posición oficial sobre cuán posible es que una persona se pueda infectar con el nuevo coronavirus si se sumerge en aguas del océano.

Toro indicó que debido a la novedad de este virus, todavía no existen estudios que produzcan datos finales sobre cuánto puede vivir el COVID-19 en el agua y cuán posible es que enferme a alguien a través de esa vía.

"En Estados Unidos hay un diálogo continuo amparado en todos los estudios que se están realizando, sobre si el virus está presente en el agua de mar, aguas usadas o agua potable", sostuvo Toro.

"Algunos (estudios) dicen que sí, otros dicen lo contrario. Así que decir categóricamente si se puede transmitir o no (a través del agua), estaríamos faltando a la verdad. Tenemos que esperar a que sigan los estudios", agregó.

Una posibilidad de que las partículas del COVID-19 lleguen al agua de las playas es a través de aguas no usadas.

Por un lado, el Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos ha indicado que "el virus que causa el COVID-19 ha sido encontrado en aguas usadas no tratadas".

"Los investigadores no saben si este virus puede causar la enfermedad en una persona si se expone a agua usada no tratada o sistemas de alcantarillado", agrega el CDC.

Por su parte, Rodríguez, indicó que "el virus no es inactivado por el agua de mar o en agua que no sea clorinada, porque el cloro sí lo mata".

"El virus sí se encuentra en las heces fecales. Eso sí se sabe y en un sitio donde puede haber una descarga de aguas negras, pues podría existir el virus", sostuvo.

Para otros coronavirus, como el SARS CoV-1, sí se ha probado el contagio por partículas presentes en las heces fecales, destacó Rodríguez.

"Ahora, no hay evidencia de que el virus (COVID-19) se transmita a través del agua de mar", afirmó. "La dilución sería inmensa, así que la probabilidad de una persona infectarse en (el agua de) la playa sería muy mala suerte. No me puede imaginar un escenario clínico donde eso ocurra. Pero, nada es imposible".


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