En las comunidades de San Jacinto y El Pitirre son pocos los residentes que se mantienen en sus residencias que quedan justo frente a la costa. (Ramón “Tonito” Zayas)

La carretera PR-333 del municipio de Guánica tiene una de las vistas más hermosas. Desde allí se observan los puntos más altos del pueblo, así como las aguas cristalinas que bordean su costa.

Pero más allá de su belleza indiscutible, la vía da acceso a unas 60 familias de los sectores San Jacinto y El Pitirre, a la hospedería Costamarina, uno de los principales motores económicos del municipio; y es desde este sector donde se toma la transportación marítima para la tan visitada Isla Gilligan y sus cayos adyacentes.

Es la ruta también que da acceso al balneario de Caña Gorda.

Desde el pasado 7 de enero, como ocurrió en otros puntos de la zona sur, el tráfico por la ruta está prohibido. El suelo está agrietado en unos tramos y sufrió múltiples derrumbes que representan un riesgo de seguridad de ocurrir cualquier leve movimiento.

La foto muestra múltiples piedras que cayeron en la carretera PR-333 luego de los terremotos.
La foto muestra múltiples piedras que cayeron en la carretera PR-333 luego de los terremotos. (Ramón “Tonito” Zayas)

“Hasta que los ingenieros de la Autoridad de Carreteras no me certifiquen yo no contemplo la apertura”, sostuvo Ramón Nazario, comisionado de la Policía Municipal de Guánica.

Como medida alterna, se abrió un camino en medio del Bosque Seco de Guánica, decisión que ha levantado diversas opiniones por el impacto ambiental que podría tener el paso vehicular. El tramo, sin embargo, no es accesible para aquellas personas que no tienen un vehículo 4x4.

“El que no piense que hay un estado de emergencia, pues no lleva par de días aquí, porque aquí no ha dejado de temblar en 17 días”, expresó Nazario.

Estamos hablando que las playas, que es nuestra principal fuente de ingreso, se va a ver afectada. Estamos hablando que a nosotros nos colapsó todo el comercio. El supermercado Econo, el único supermercado de este pueblo tiene columnas comprometidas…tres escuelas fueron afectadas. No tenemos ahora mismo una escuela intermedia. No tenemos una casa alcaldía”, subrayó el comandante.

Vista desde la carretera PR-333 del balneario Caña Gorda.
Vista desde la carretera PR-333 del balneario Caña Gorda. (Ramón “Tonito” Zayas)

En las comunidades de San Jacinto y El Pitirre son pocos los residentes que se mantienen en sus residencias que quedan justo frente a la costa. Los paradores y viviendas para alquileres vacacionales permanecen cerradas. Unas 20 viviendas presentaban daños, especialmente aquellas de dos niveles. “No tenemos actividad económica”, indicó.

Freddy Torres y Jesús Rivera se encontraban haciendo unos trabajos en la hospedería Mary Lee’s by the Sea que está clausurada. El lugar, comentaron, sufrió daños mínimos. “Yo no le tengo miedo a eso. Yo lo que tengo es precaución. Pero, en mi casa, en Ensenada, ya no puedo vivir más. Se desgarraron las paredes”, expresó Rivera, quien se está quedando en el pueblo de Rincón estos días.

Para Arnold Benus, propietario del hotel Copamarina, lo esencial en estos momentos para levantar la actividad económica de la zona y comenzar a recuperar la normalidad es lograr habilitar una vía segura a través de la cual se puedan allegar los suministros que le permitirán operar, como alimentos.

El hotel, dijo, no sufrió daños estructurales, por lo que podría retomar labores en una semana. “Con un poquito de limpieza y cuando vengan los empleados, tienen en una semana, como dicen, brillao”, señaló.

“Si nos dejan utilizar el acceso del bosque, pues, seguimos operando. Lo que no se puede es prohibir acceso y punto”, añadió al agregar que para superar la situación y minimizar el impacto económico y psicológico hay que trabajar en conjunto, autoridades y ciudadanos.

Entrada principal al balneario Caña Gorda.
Entrada principal al balneario Caña Gorda. (Ramón “Tonito” Zayas)

Benus tiene una plantilla de 130, aunque el impacto indirecto es mucho más debido a que la mayoría de las compras de productos y servicios para mantener sus operaciones las hacen en empresas de la zona.

Ante lo ocurrido ha habido cancelaciones de reservaciones, así como de bodas que estaban calendarizadas para los meses de enero y febrero. Tal y como han hecho otros comerciantes, Benus, quien opera la hospedería hace 29 años, está aprovechando la ocasión para hacer unas mejoras que ya estaban presupuestadas.

“El 7 (de enero) fue duro, fue duro…”, reconoció Benus que se encontraba quedándose en el hotel junto a su familia.


💬Ver 0 comentarios