El grupo de voluntarios llegó a la pista atlética con los materiales necesarios para construir la recámara para resguardar a los niños refugiados. (Xavier J. Araújo Berríos)

Un equipo de 17 voluntarios llegó en tempranas horas de la mañana al refugio habilitado por el municipio de Peñuelas en la Pista Atlética, para construir un módulo que servirá como dormitorio para los niños que permanecen allí como refugiados por los terremotos que han devastado parte de la zona sur.

“Lo que queremos es traer un poquito de luz y esperanza a Peñuelas construyéndole un módulo donde los niños puedan dormir en las noches, en un lugar dentro de las circunstancias, seguro”, dijo Betsy Rivera, administradora de la ferretería Ámbico, a El Nuevo Día.

“Nos dimos a la tarea, un grupo de amistades, empleados, de llegar hasta aquí, somos de diferentes partes de la isla”, indicó. Los integrantes del grupo llegan desde Arroyo, Naguabo, Caguas, Cidra y Jayuya.

Rivera relató que al llegar al refugio se topó con que fueron los mismos refugiados quienes la animaron en medio del difícil momento que atraviesa la región sur y suroeste.

“Nosotros que llegamos a dar a ellos, nos vamos con mucho más de lo que llegamos a dar, y es por la manera como están afrontando la situación, ver su sonrisa”, manifestó.

Rivera indicó que la travesía comenzó a las 3:00 de la madrugada y que uno de los integrantes del grupo pagó la grúa que transportó los materiales necesarios para la construcción de la recámara de madera. Manifestó, además, que el ser madre la motivó a llevar a cabo la iniciativa. “Estamos aquí porque somos padres”, dijo, en referencia a su esposo y contratista de la ferretería.

“Yo tengo dos niños”, contó, uno de ocho meses y otro de seis años, quien participó de la iniciativa. “Lo traje porque lo estoy llevando a que hay que ser solidario y ayudar al que necesita”, manifestó.

“Nosotros al ser padres, nos toca esa fibra de ver los niños tal vez durmiendo a la intemperie, pasando necesidad”, explicó.

Sadally Orama, también integrante del grupo de voluntarios, llegó desde Jayuya para apoyar en el proceso de construcción. “Mi familia es de Jayuya y allá se sienten bastante los temblores. Nosotros, gracias a Dios, estamos bien, pero tenemos esa incertidumbre, esa preocupación, por estos temblores”, relató.

“Nosotros, gracias a Dios, tenemos un techo. Mi familia está durmiendo en casetas de campaña, que sigue siendo un techo, pero pensamos y vemos las noticias, que hay personas que no tienen absolutamente nada y están durmiendo bajo el cielo. Pensé que tenemos que hacer algo, y como tenemos los recursos, vamos a hacerlo”, afirmó.


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