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La ilusión de hallar nuestra imagen proyectada en aquella ciudad se desvaneció. Aquel era un lugar con respuestas, mientras los puertorriqueños vivíamos atascados en las preguntas. (Laura N. Pérez Sánchez)

No eran  las ocho de la mañana y el azote del calor al salir del aeropuerto me transportó, por un momento, de regreso a casa. Pero estaba muy lejos. Con 24 horas y media de vuelo, comenzaba un recorrido por el paraíso prometido de ideólogos y políticos boricuas de todo tipo. Singapur, la república más próspera del sureste asiático, está en las antípodas de Puerto Rico y, como comprobaría durante mi visita, esa distancia no es solo geográfica. 


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