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Creyentes de la religión yoruba en la Isla rechazaron los presuntos vínculos entre personas que profesan esta fe y el narcotráfico. Además, coincidieron al señalar que los vínculos que se les atribuyen se basan en una percepción errónea y prejuiciada de sus creencias.

Joseph Carroll Miranda, secretario del Templo Yoruba Omorisha de Puerto Rico, indicó que no es que no haya personas creyentes en la santería que estén “descarriladas” en asuntos como el narcotráfico. Señaló, no obstante, que esto no debe suceder con mayor proporción a lo que se ve en otras religiones como la cristiana o el islam.

“De que hay personas santeras en el bajo mundo, seguro que las hay, como también hay personas de otras religiones... Nosotros no le negamos la entrada a nadie. Lo único que buscamos es que esa persona busque mejorar en su vida en la búsqueda espiritual”, dijo Carroll Miranda.

“Porque alguien tenga una vela prendida en una mesa con flores no significa que está en la religión”, dijo, por su parte, Carmen Rivera, quien sigue la santería desde hace más de 40 años .

Ambos reaccionaban a la serie publicada por este diario a inicios de semana en la que se reveló la adhesión de poderosos narcotraficantes a la santería o el palo mayombe. Ambas religiones son de origen africano y llegaron a América a través del tráfico de esclavos desde Nigeria y el Congo. Los narcotraficantes, presuntamente, buscan esta conexión religiosa para ser protegidos de los enemigos, no ser detectados por las agencias de la ley y el orden, y para conseguir éxito en sus empresas criminales.

Se estimó que alrededor del 60% de las personas procesadas en la esfera federal por narcotráfico o por desempeñarse como gatilleros de alguna organización criminal practican esta fe.

Carroll Miranda, quien ofrece servicios religiosos en el Centro de Detención Metropolitano en Guaynabo, indicó que este porcentaje es exagerado. Estimó que, de un grupo de alrededor de 2,000 reclusos, solo unos 50 son santeros. Esto es apenas el 2.5% de los presos.

“Y no hay persona con la que haya hablado en la cárcel que no haya dicho que los santos le dijeron que dejaran el mal camino”, dijo.

Prejuicio y desconocimiento

Rivera, por su parte, puntualizó que el problema es uno de desconocimiento y percepción social prejuiciada.

“Que existan santeros narcotraficantes no quiere decir que seamos el zafacón de todo lo malo que pasa en Puerto Rico. Estamos ya cansados de que se piense que porque se tenga una vela prendida ya es un delincuente que está en la religión”, señaló.

“Es una religión que ha estado al margen debido al alto nivel de estigma. Hay muchos profesionales con grandes aportaciones a la sociedad y que creen en la santería, pero mantienen oculto esto de sus vidas para no ser víctimas del discrimen”, dijo Carroll Miranda.

La mayoría de las personas en esta fe, señaló, solo buscan un desarrollo espiritual y un camino haciala divinidad. Esto último lo hacen, entre otras cosas, conservando con sus actos una serie de valores como la humildad, el buen carácter, la sensibilidad, la ternura, el amor y la solidaridad, entre otros.

“Hay protecciones contra la adversidad o el mal. El problema es que algunos creen que es una especie de chaleco antibalas y al sentirse protegidos piensan que pueden seguir con la vida de antes”, dijo.

“Cuando hacen esto es que llegan los cantazos. Hay otros que creen que los problemas se pueden resolver con un ‘trabajo’ o con dinero. En nuestra fe, se resuelven los problemas con cambios en la persona; cambios en esas conductas que los llevaron a los problemas. Si no se cambia para bien, no se profesa bien la fe”, agregó.


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