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Con el ajetreo diario y la criminalidad, muchas personas se encierran en sus casas y pocos comparten con sus vecinos. Aquellos años en que se  formaba un bembé, una fiesta en las  urbanizaciones es casi cosa del pasado.

Pero en la calle The Kid, en la urbanización Parque Ecuestre en Carolina, esa tradición de celebrar entre vecinos la fiesta de Navidad se niega a morir. Desde el 1987, cada año, la mayoría de las 20 familias que allí residen se reúnen para este compartir navideño. 

“Yo creo que podemos llamar al libro Guinness (de los Récords) porque llevamos muchos años haciendo esta fiesta. Hay muchos que ya no lo hacen”, comentó José Torres, vecino de esta calle.

Torres se mudó allí con su esposa Hilda Román en 1986 y para ese tiempo allí no se hacía  una megafiesta de Navidad entre vecinos. La festividad se limitaba más bien adornar las residencias pero no a un alto nivel de colocar vistosos arcos que cruzan la calle como lo han hecho hace 27 años. 

 “Cuando nosotros llegamos eso lo hacía la calle aledaña y nosotros nos interesamos. Empezamos con los vecinos poniendo unos arquitos pequeños, se usaban cruzacalles con mensajes de felicitaciones por la Navidad. Se hacía algo pequeño”, comentó.

Con cada llegada de la Navidad, la tradición en la calle The Kid tomó fuerza al punto que todos los vecinos se botan con las decoraciones en sus residencias y cierran la  calle para hacer su fiesta. 

Pero esta fiesta no surge de la nada. Es algo bien planificado y es un trabajo en equipo, según comentó Carmen Matos, otra vecina de esta  calle que es de libre acceso.

La primera reunión con los vecinos se realiza en agosto para decidir si realizarán la fiesta de Navidad. Si están de acuerdo con la celebración se establece una cuota por familia que recoge un tesorero.

“En esa primera reunión el tesorero del comité informa los gastos que tuvimos en la fiesta del año pasado, informa el sobrante y se establecen las cotizaciones para lo que se quiera comprar y alquilar como la música, la carpa, la silla, las mesas, la comida. Luego, nos volvemos a reunir en septiembre. Hay algunos vecinos que no desean participar en la fiesta pero tampoco se oponen a que se haga”, manifestó Matos.

Para la festividad buscan un permiso de la Policía para cerrar la calle, lo que le permite a los vecinos bailar y caminar con facilidad y los niños puedan correr con sus patinetas y bicicletas. “La calle es de los muchachos”,  comentó Torres. 

La fiesta usualmente tiene una duración de cinco a seis horas, preferiblemente hasta la medianoche o  la 1:00a.m. En este bembé el típico menú navideño y  la música no pueden faltar, tanto así que han contratado música en vivo y hasta música con disc jockey.  

“Se pasa bien chévere. Es un compartir bien bonito”, manifesto Matos.

¿Por qué cree que esta tradición se ha perdido y muchas urbanizaciones ya no hacen este tipo de fiestas?, les preguntó este medio.

“Es que ya no hay unión entre vecinos. La gente se pasa encerrada en sus casas. Ya muchos vecinos ni se saludan”, opinó Jorge Figueroa, esposo de Matos.

“Yo pienso también que es por el costo de la energía. La gente no quiere adornar sus casas porque la luz está cara, aunque ha bajado algo”, destacó por su parte Torres.

“La delincuencia y el ajoro diario ha acabado con esto en muchos sitios”, indicó también Matos.

Pero a pesar de las limitaciones, este cuarteto de vecinos aseguró que son muchas las satisfacciones y beneficios que obtienen al mantener viva esta tradición navideña vecinal, y es que, según ellos, se logra mantener la unión entre vecinos todo el año.


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