Conmovedor testimonio de una adopción en Puerto Rico durante la crisis de COVID-19.

¿Cómo estás?

—Feliz

¿Por qué estás feliz?

—Porque llegó el momento tan esperado.

Fue el martes, cerca de las 3:00 p.m., que un niño de 11 años, a quien identificaremos como Andrés para proteger su identidad, vio su sueño hecho realidad al oficializarse su adopción. Tras más de seis años bajo la custodia del Departamento de la Familia, el pequeño es ahora, oficialmente, el hijo de Yessica Rondón y David Maldonado.

La ceremonia no fue como la habían pensado. La declaración del estado de emergencia en el país, a raíz de la pandemia por el COVID-19, trastocó todos los planes. La cita se pospuso dos meses, sus familiares no pudieron acompañarlos físicamente y la sala judicial pasó a ser la oficina de su abogada, desde donde -gracias a la tecnología- vivieron el momento más feliz de sus vidas.

“Estamos felices de que ya pudimos lograr lo que queríamos que era ser una familia legalmente”, dijo Maldonado minutos después de terminada la vista.

“Nos lo gozamos igual, lloramos igual... creo que cuando las cosas uno las hace de corazón, cuando las hace con un propósito tan hermoso como es la adopción, de verdad que las barreras de mirarnos a través de una cámara se rompieron”, añadió Rondón.

Desde que la gobernadora Wanda Vázquez Garced declaró el toque de queda y cierre forzoso el pasado 15 de marzo, el Departamento de la Familia, en conjunto con la Oficina de Administración de los Tribunales, ha logrado formalizar tres adopciones a través del sistema de videoconferencias, procesos que resultan ser un bálsamo en momentos tan convulsos como los que vive el país.

En lo que va de 2020, la agencia ha logrado concretar 34 adopciones, 27 menos que las completadas para el mismo período en 2019. La declaración de la pandemia, junto con los terremotos que impactaron la zona sur del país en enero, han si factores determinantes.

Encuentro de amor

El caminar del matrimonio de 18 años para formar una familia no ha sido fácil. Tampoco el de Andrés. Pero, si de algo están seguros, es que su encuentro estaba destinado.

Como muchas otras parejas, el matrimonio ingresó al Registro Estatal Voluntario de Adopción (REVA) del Departamento de la Familia en 2018 con la ilusión de adoptar un menor no mayor de cinco años. Sin embargo, esa no es la realidad de la mayoría de los niños bajo el cuidado del sistema.

Según estadísticas oficiales, de los 2,930 menores bajo el cuidado de la agencia, 167 están liberados de custodia, lo que quiere decir que están listos para ser adoptados. Mientras, de esos 167 menores, 119 tienen 8 años en adelante y solo 11 tienen 3 años o menos.

“Cuando una pareja que quiere adoptar un niño pequeño termina adoptando un niño grande, ahí es que es donde uno dice: ‘realmente es una adopción del corazón’, porque lo han ido conociendo con sus altas, con sus bajas, con sus manías y virtudes”, compartió Sheila Llanos, trabajadora social de la dependencia y quien trabajó el caso de Andrés.

Hubo un click

Yessica tiene muy vivo el recuerdo de aquel día en que supo que Andrés los había elegido como sus padres mientras visitaban el centro donde vivía el menor, en Aguas Buenas, por primera vez.

Contó que se sentó con el menor en el suelo y empezaron a jugar. De momento, el pequeño, que es muy competitivo, le expresó unas palabras que para ella fueron definitivas: “Oye, a mí me está gustando como tú estás jugando esto, yo puedo seguir tu ejemplo”; y yo dije: '”Este es”, recordó sin poder esconder la alegría que aún le provoca aquel momento.

Tras ese primer encuentro, comenzaron a visitar al menor semanalmante, por un periodo de cinco meses, hasta que el 20 de diciembre de 2018 llegó a su casa como un hogar sustituto.

Ambos reconocen que este último año y medio ha sido un proceso de ajuste para los tres. Ha habido momentos retantes y otros muy felices, como cuando les llamó papá y mamá, los partidos de baloncesto y las reuniones escolares.

“Yo me quedé muda (cuando me dijo mamá), porque esperar tanto para oír eso, en mi caso, me impactó. Es como cuando un ‘baby’ dice mamá por primera vez, es lo mismo”, compartió Yessica.

“Después de 18 años de matrimonio nosotros dos solitos, ya queríamos estar en eso, ir a baloncesto, ir a deportes, ir a actividades de las escuelas. Ya queríamos ser particípes de esa experiencia”, añadió Maldonado.

Sostuvieron que el apoyo de expertos, así como de otras parejas adoptantes, es esencial para sobrellevar el proceso de adaptación. “Hay que ser empático con el sentir, en el caso de nosotros, de nuestro niño. Hay que conocerlo y, sobretodo, no se puede ser egoísta. Hay que ponerlo a él en primer lugar y saber qué es lo que está sintiendo y pensando para, entonces, tomar las decisiones”, señaló Maldonado.

En ese proceso, lograron comprender que no se trataba de llenar la necesidad que tenían como pareja, sino de ver cuáles eran las carencias del menor. “Por más que uno busque herramientas, uno necesita esa persona que te diga: ‘Sigue adelante, no te frustres, sigue, coge el aire y date el break’; y (tiene que haber) mucha comunicación, véngase el amor, la paciencia, el amor incondicional”, dijo Yessica.

También, expresaron, hay que dejar a un lado las ideas preconcebidas de cómo debe ser la crianza de un menor.

Todo tiene sus ventajas

La doctora Amarilis Ramos, presidenta del Grupo Servicios en Psicología e Integrativos (SEPI), sostuvo que cada proceso de adopción es especial y como ocurre con la llegada de cualquier niño al hogar, desembocará en un mar de emociones.

Cuando se trata de un niño de mayor edad, sin embargo, hay intercambios que se pueden integrar a la relación que serán vitales en el proceso. “Puede valorar de una manera diferente, con una confianza crítica, lo que está viviendo, a diferencia de un bebédonde el proceso es más complejo en esa área porque quizás puede extrañar”, detalló.

Agregó que las dinámicas de juego, así como los períodos de sueño son distintos. Pueden, además, compartir actividades recreativas y deportes que sean del agrado de ambas partes. “Los deportes fomentan la estructura, la disciplina y el compromiso”, señaló la psicóloga clínica.

“Hay unos niveles de comprensión más alto y está más consciente de las situaciones que han vivido”, añadió.

Sostuvo, además, que hay que promover la comunicación en el proceso de adaptación y tener clara la decisión por la que decidieron dar el paso. “Si estamos claro en el motivo que es adoptar a un menor, no va a importar la edad ni las condiciones”, dijo.

¿Qué recomienda a la persona que esté en el proceso de adopción?

— Que se dé la oportunidad, que ame con todo su corazón, con toda la entrega, sin miedo a mostrar su amor, independientemente la edad que tenga el menor. Lo que ese niño necesita, aunque no lo demuestre, es amor. Hay que amarlo de una manera saludable, que cree independencia y seguridad al menor. Hay que trabajarle el autoestima y la seguridad”, expresó.


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