El documento reitera que el distanciamiento social será la nueva realidad en el futuro cercano. (David Villafañe)

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El grupo asesor médico (“task force”) en COVID-19 entregó ayer a la gobernadora Wanda Vázquez Garced una “hoja de ruta” que recomienda que no haya un regreso total a la normalidad hasta que se tenga una vacuna o un tratamiento efectivo contra la enfermedad, y propone una reapertura paulatina y limitada de la actividad socioeconómica del país.

El documento, que fue compartido con El Nuevo Día, reitera que la expectativa es que -al menos- no habrá disponible una vacuna contra el COVID-19 hasta año y medio (18 meses), por lo que el distanciamiento social será la nueva realidad en el futuro cercano.

Otros asuntos, como el toque de queda, la pérdida de recursos humanos en los hospitales, las playas y las actividades religiosas, no son mencionados en el documento.

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La flexibilización que se propone divide el proceso en etapas de reapertura -un total de cuatro- por las cuales se avanzará en la medida en que se cumplan ciertos criterios epidemiológicos y el gobierno cumpla con una serie de preparaciones para manejar la pandemia que, a nivel mundial, ha provocado más de 195,000 muertes.

El principal factor, sin embargo, es la tasa de transmisión, que se calculará de acuerdo con la información sobre los nuevos contagios que agrupa el Departamento de Salud, confirmó Marcia Cruz Correa, miembro del “task force” y directora ejecutiva del Centro Comprensivo de Cáncer. En el modelaje de los escenarios, proyectaron los contagios totales, no solo los confirmados con pruebas, usando el nivel de personas fallecidas por la enfermedad.

Puerto Rico actualmente es una de las jurisdicciones con menos pruebas hechas por habitante. Cruz Correa estima que esa realidad va a cambiar debido a que recientemente se flexibilizaron las guías médicas, de modo que las pruebas puedan ser administradas a personas que no cumplen estrictamente con los síntomas del COVID-19.

Según la académica, durante las primeras semanas de contagios, la tasa de transmisión llegó a rondar el 37%. Destacó que, debido al cierre forzoso y el toque de queda, esa tasa se redujo a entre 6% y 8%. Para no sobrepasar la capacidad de los hospitales de atender pacientes, ese porcentaje no puede pasar de 12%, añadió.

La recomendación, en esencia, lo que busca es establecer un sistema en el que se flexibilicen las restricciones comerciales poco a poco y que, en caso de que los contagios aumenten y se sobrepase del 12% en la tasa de infección, se reactivarán, de manera súbita, las medidas actuales de distanciamiento social contenidas en las órdenes ejecutivas firmadas por la gobernadora.

“El número de casos es lo importante. No puede ser más rápido que el 12%”, dijo Cruz Correa, al asegurar que el gobierno tiene la capacidad de llevar a cabo 1,500 pruebas diarias de COVID-19.

De este modo, la actividad comercial puede tener mayor libertad sin que los niveles de contagios, hospitalizaciones y muertes se salgan de control.

La última versión del documento no recomendaba fechas específicas para las primeras flexibilizaciones de las actividades socioeconómicas de Puerto Rico, aunque versiones anteriores ideaban un pedido de reapertura que comenzaba en mayo y terminaba en otoño, con las escuelas al final del camino.

Sin embargo, no se recomendaría la reapertura de algunos negocios hasta que se tenga una vacuna. Por ejemplo, los cines y teatros, según el documento, “podrían representar condiciones favorables para la propagación del virus en un grupo de personas, por lo cual su reapertura no es recomendable en estos momentos. Igualmente, los conciertos, festivales y actividades multitudinarias no deben ser fomentadas hasta que haya una vacuna, tratamiento o suficiente inmunidad de grupo”.

Cruz Correa explicó que las iglesias no fueron incluidas en las recomendaciones porque se concentraron en los sectores económicos. Indicó, no obstante, que, desde un punto de vista epidemiológico, se trata de una actividad que es similar a los teatros.

Versiones anteriores tenían recomendaciones sobre las playas, pero al final no se incluyeron. En cuanto al toque de queda, Cruz Correa dijo que se trata de una determinación que le corresponde tomar a la mandataria.

Los primeros sectores en abrir

Bajo la propuesta, en primera instancia se recomienda que, siempre que se pueda, se debe favorecer el trabajo a distancia. En cuanto a la reapertura, los primeros sectores para flexibilizarse serán los de la construcción, minería, informática, agricultura y la manufactura. Cada uno de estos sectores deben ajustarse a los criterios de distanciamiento social, que incluyen la disponibilidad de equipo higiénico, de protección y cambios en las áreas de trabajo para evitar la aglomeración de personas.

Esta primera fase, según Cruz Correa, se podrá comenzar tan pronto como en mayo, puesto que entienden que ya tienen en marcha todos los sistemas de vigilancia que se necesitan. El criterio principal a nivel federal para comenzar a reabrir -de 14 días consecutivos con reducciones en los casos nuevos- aún no se cumple en Puerto Rico, pero ya se están viendo indicios en ese sentido, contestó la académica. Originalmente, la experta había establecido que en la isla ya se cumplía con este criterio federal, pero se comunicó esta mañana con El Nuevo Día para retractarse de esta aseveración.

En la segunda fase, se añadirían a las flexibilizaciones los sectores de bienes raíces, comercio al por mayor, finanzas, seguros, recreación, arte, entretenimiento y los servicios no esenciales del gobierno.

Semanas después, les correspondería el turno a los establecimientos de ventas al detalle y los centros comerciales. En este grupo, también estarían los hoteles, paradores, restaurantes, los servicios de transportación, almacenamiento, comerciales o técnicos, según se desglosa en el documento. Lo más tarde que comenzaría a flexibilizarse serían las escuelas.

De hecho, el grupo asesor sostiene que es “muy probable” que los padres tengan que regresar a sus trabajos antes que los estudiantes a las escuelas, por lo que “los empresarios y dueños de negocios deben tomar en cuenta que los empleados con niños en edad escolar se beneficiarán de continuar sus trabajos de manera remota cuando sea posible”.

También, hacen hincapié en que, en estos procesos, se debe proteger especialmente a las personas mayores de 65 años, los que han tenido trasplantes, los que reciben tratamientos de diálisis y los que tienen historial de cáncer o síndromes de inmunodeficiencia.

El esquema de orden para la reapertura responde a un análisis de riesgos de contagios y fatalidad, por sector industrial, elaborado por el catedrático de la Escuela Graduada de Salud Pública Heriberto Marín. El indicador, mientras más alto, mayor riesgo implica. La informática, por ejemplo, conlleva un riesgo de 3.5 bajo este índice, lo que es muy bajo. Para la manufactura, el índice relativo es de 6.8; para el comercio al por mayor es de 16.2, y para el comercio al detal es de 61.7. Las escuelas aparecen con mayor riesgo que los de talleres asociados a la salud, según la tabla contenida en el informe.

“En todos los casos, hay que evaluar diariamente que ningún empleado acuda a trabajar con síntomas por medio de entrevista y toma de temperatura. Se evaluarán, a su vez, a los clientes que acudan a recibir servicios. De presentar síntomas, la persona se referiráa aislamiento y a hacerse las pruebas pertinentes con su médico de cabecera, tal como indica el protocolo de control de propagación del virus”, se indica en el documento.

“Es vital que cada empresario, administrador y supervisor evalúe las funciones de sus empleados, interacción entre estos, y sus clientes para desarrollar e implementar las medidas necesarias para proteger a clientes y empleados basado en riesgo, tipo de contacto y comportamiento modificable”, se añade.

Cruz Correa indicó que, mientras estas fases de reapertura se llevan a cabo, el Departamento de Salud tendría que fortalecer procesos y desarrollar una serie de iniciativas que permitan comprender mejor el comportamiento de la epidemia en Puerto Rico y administrar la respuesta a la emergencia a mediano o largo plazo.

Entre las encomiendas al Departamento de Salud, está completar el sistema de identificación de contagiados y rastreo de expuestos (“contact tracing”), contar con los recursos humanos necesarios para manejar los brotes, robustecer la capacidad de los hospitales, llevar a cabo estudios de prevalencia de la enfermedad y comenzar a ensayar con tratamientos que mitiguen la letalidad, como el uso del plasma de los sobrevivientes entre los convalecientes, antivirales y antibióticos, entre otros. Algunos de estos hitos ya han sido alcanzados.

Actividades al aire libre y la salud mental

Por otro lado, en el informe se establece que las actividades al aire libre como caminar, trotar, correr bicicleta y deportes con poco contacto físico tienen un bajo riesgo de transmisión del COVID-19. Se recomienda la apertura de las áreas naturales protegidas evitando la aglomeración de las personas y manteniendo las recomendaciones de distanciamiento social.

“Esto ayudará y beneficiará grandemente a la relajación y salud mental de la comunidad”, sostiene el grupo asesor médico de la mandataria.

El equipo, sin embargo, estimó que, a juzgar por las llamadas y la merma en suicidios que se ha reportado en los últimos meses, “no parece haber señales de un aumento en emergencias psiquiátricas en Puerto Rico durante el ‘lockdown’. Hay muchas variables de adaptación a los estresores de la pandemia y el ‘lockdown’ sobre las cuales aún no se tienen datos certeros pero que deberán evaluarse”.

Entre esas variables por examinar, se dice en el documento, están la incidencia de actos violentos, exacerbaciones en la ansiedad, casos de depresión, uso de alcohol o sustancias adictivas, y también la utilización de servicios de salud mental.

Las actividades comerciales o recreativas en sitios de alojamiento (hoteles, paradores, etcétera) y restaurantes, cuando les toque reabrir, deberán, por su parte, mejorar las medidas de higiene y reducir la capacidad de clientes que pueden atender en sus salones para garantizar el distanciamiento físico. En el caso de las hospederías, recomiendan mantener cerradas las áreas comunes como gimnasios, piscinas, salón de actividades, entre otros.

Del mismo modo, se establece que los municipios deberán establecer brigadassanitarias para desinfectar los espacios comunes.

El Nuevo Día supo que el grupo asesor económico de la gobernadora sometió sus propias recomendaciones durante la semana. Durante la última semana, un grupo de empresarios comenzó una campaña pública para impulsar la reapertura de la economía de Puerto Rico paralizada por las medidas de mitigación para prevenir un descontrol en los contagios.

El SARS-CoV-2 es altamente contagioso y muy letal, sobre todo para adultos mayores.


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