Mirelys Ocasio Hernández indicó que la situación la aisló de su familia y, cuando pensó en escapar de la violencia que vivía, quedó embarazada de una niña que hoy tiene cuatro años. (Vanessa Serra Díaz)

Tras dos años de un noviazgo “saludable”, Mirelys Ocasio Hernández se casó, a los 26 años, ilusionada y con el sueño de formar una familia.

Pero, a los cuatro meses de contraer matrimonio, el ambiente en el hogar cambió.

“(Mi esposo) se molestaba por las cosas más mínimas. Me maltrataba (emocionalmente), esos silencios… Empezó a abochornarse de mí, de mis expresiones. Traté de buscar ayuda, pero él no entendía que era necesario”, contó.

A los dos años de casada, comenzó el maltrato físico, justo cuando la pareja celebraba su relación viajando en un crucero. “Se molestó… Me cogió por el cuello y me tiró en la cama. Estuve todo el día llorando en un baño del crucero. Cuando llegué al cuarto, había una nota de él que decía ‘no lo vuelvo a hacer’. Y le creí”, relató a El Nuevo Día.

La segunda agresión ocurrió mientras Ocasio Hernández mapeaba. Su esposo llegó enojado, según dijo, por una situación del trabajo y la empujó, provocándole una caída que le costó la pérdida de un embarazo.

“No salí antes (del ciclo de violencia) porque pensé que no tenía alternativas. Es bien difícil salir. Uno siente vergüenza. Piensas ‘¿escogí mal, me apresuré (a casarme)?’ Te daña mucho el corazón”, dijo.

La situación la aisló de su familia y, cuando pensó en escapar de la violencia que vivía, quedó embarazada de una niña que hoy tiene cuatro años. La relación continuó con más agresiones y maltratos. Ocasio Hernández también aguantó infidelidades y el control extremo de su esposo, quien impidió que continuara con un negocio que tenía y cumpliera su objetivo de desarrollarse como cantante.

“No le gustaba que tuviera una cuenta de banco, no tenía carro, no podía pedir dinero prestado. Controlaba todo”, dijo.

Tras el huracán María en 2017, su esposo decidió que se mudarían a Estados Unidos. Primero, estuvieron en un hotel y, luego, alquilaron una casa en la ciudad de San Antonio, en Texas.

Allí, decidió buscar ayuda en un grupo de apoyo. Le contó a su familia, y su madre viajó a su lado y la ayudó a hacer un plan de escape. “Perdí tiempo tratando de amar a una persona que no me amó. Dejé todo, salí solo con mi perrito, mi niña, mi guitarra, una mochila y una maleta”, contó.

Por unos meses, vivió con su madre, luego buscó ayuda y comenzó el proceso de separación. “Él trató de conquistarme. Una vez, me persiguió. Me escribía. Me ofreció villas y castillas. Se comunicaba con mi mamá. Luego, cesó y se pudo lograr el divorcio hace un año”, indicó.

Posteriormente, recibió ayuda en el Instituto de Psicotraumatología de Puerto Rico y la refirieron al Hogar Ruth. “Fue un lugar de mucho aprendizaje, donde recibí más de 42 horas en talleres para reorganizar mi sueño y tener las herramientas para poder amarme”, contó.

Con la ayuda de la entidad, en cuatro meses, enmendó su crédito y consiguió un hogar transitorio a través del programa de Plan 8. Tanto Ocasio Hernández como su hija recibieron ayuda psicológica,y la pequeña estudia en una preescolar.

Ocasio Hernández, además, retomó su negocio de confeccionar muñecas y, con la ayuda de un productor, se prepara para lanzar su primer sencillo musical en enero.

“Volver a mirarme en el espejo fue muy difícil. Ahora lo más gratificante es ver a mi hija sonreir. Nuestra casa es nuestro refugio, donde cantamos y bailamos. Esto (la violencia de género) es algo que ocurre bastante, lo que pasa es que callamos. Mi deseo ahora es poder ayudar a otras mujeres”, concluyó, no sin antes agradecer la ayuda de su familia y amistades cercanas.


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