En 2015, expertos habían advertido que hospitales del Centro Médico tenían una alta probabilidad de quedar inoperante en caso de catástrofes o  desastres naturales. (horizontal-x3)
En 2015, expertos habían advertido que hospitales del Centro Médico tenían una alta probabilidad de quedar inoperantes en caso de catástrofes o desastres naturales. (Vanessa Serra Díaz)

Tres años antes que el huracán María cobrara la vida de unas 2,975 personas y que hospitales a lo largo y ancho de la isla quedaran sin electricidad y medicamentos, un grupo de expertos de la Universidad de Puerto Rico (UPR) advirtió que varias de esas instalaciones no estaban listas para responder a un desastre.

Ese mismo estudio también advirtió que, al menos, cuatro de nueve hospitales que integran el Centro Médico de Puerto Rico, en Río Piedras, así como el hospital universitario Ramón Ruiz Arnau (RRA), en Bayamón, podrían colapsar o quedar inoperantes si un terremoto estremece a Puerto Rico.

El informe, con fecha del 29 de mayo de 2015, al que tuvo acceso El Nuevo Día, estableció que el Hospital Universitario de Adultos (UDH) y el Hospital Pediátrico se encuentran en mayor riesgo de quedar inoperantes durante un desastre. Mientras, el hospital en relativa mejor condición para encarar un terremoto es el Centro Cardiovascular de Puerto Rico.

Sin embargo, a juicio del experto en estructuras sismorresistentes José A. Martínez Cruzado, es muy probable que el resto de los 68 hospitales y otras instalaciones de salud en Puerto Rico, públicas o privadas, tampoco cumplan con los criterios establecidos por la Organización Panamericana de la Salud (PAHO, en inglés) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Dichos criterios, agrupados bajo el Índice de Seguridad Hospitalaria (ISH), persiguen que estas instalaciones puedan servir a la población luego de un desastre, o sea, justo cuando más se necesitan.

En este país, cuando se habla de las estructuras principales, te hablan de las escuelas y no se imagina que la estructura de mayor importancia es el hospital, porque ahí es que van todos los heridos luego que pase la vibración”, explicó a El Nuevo Día el catedrático del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) de la UPR.

“Si el hospital llegara a colapsar, entonces no solamente nos quedamos sin la estructura, nos quedamos sin los equipos, sin los médicos, las enfermeras”, abundó.

Aunque el análisis se concibió enfocado en la actividad sísmica, la metodología empleada, así como los criterios que abarca el ISH, aplican a otros desastres naturales, como pueden ser los disturbios atmosféricos.

No hay un solo hospital en Puerto Rico que cumpla con los códigos (de construcción) más recientes”, agregó Martínez Cruzado, también director del programa de Movimiento Fuerte de Puerto Rico, iniciativa paralela a la Red Sísmica, pero dedicada al estudio de grandes movimientos telúricos.

Martínez Cruzado fue parte del grupo de académicos del RUM que, junto con estudiantes de esa institución, examinaron las condiciones estructurales, no estructurales y funcionales del Universitario de Adultos, el Pediátrico, el Cardiovascular, así como el Hospital de Trauma y el Universitario en Bayamón.

El grupo de expertos pasó juicio siguiendo la metodología del ISH, y concluyó entonces que en cuatro de los cinco hospitalesevaluados había que adoptar “medidas a corto plazo” porque los niveles actuales de seguridad en esas instalaciones pueden potencialmente “poner en riesgo a los pacientes, el personal y su funcionamiento durante y después de un desastre”.

El documento lleva la firma de Ricardo López Rodríguez, como investigador principal, y Luis E. Suárez, Juan A. Rodríguez Vargas, Christian Villalobos Soto, Manuel A. Conde Fuster y Martínez Cruzado.

El informe del RUM sobre los hospitales del gobierno y las recomendaciones de estudios adicionales se entregaron al Centro de Preparación de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas de la UPR. Un intento por conocer qué se hizo como resultado del informe no tuvo éxito.

Según Martínez Cruzado, el grupo de trabajo entregó su análisis luego de concluir el proyecto investigativo, que tomó unos dos años. Hasta la fecha, que sepa el experto, nunca más se les ha abordado del tema.

Deficiencias conocidas

El informe pareció ser un presagio de la saga que Puerto Rico vivió el año pasado, luego del azote del huracán María.

Por ejemplo, la evaluación de las instalaciones del Hospital de Trauma –adscrita a la Administración de Servicios Médicos (ASEM)– reveló que se necesitaba actuar de inmediato. Entre otras cosas, se concluyó que el hospital tenía una alta probabilidad de quedar inoperante porque “no se tiene almacenaje de combustible para el generador eléctrico para más de tres días, y las antenas de comunicaciones no se encuentran soportadas satisfactoriamente”.

“Una gran deficiencia que se encontró en esta edificación fue el hecho de que no posee una cisterna de agua potable de reserva, por lo que es necesario tomar medidas al respecto”, reza la evaluación del Pediátrico.

Durante los días siguientes al huracán María, fueron noticia los relatos de galenos y de otros profesionales de salud prestando servicios sin que hubiera luz ni agua, e incluso haciendo intervenciones quirúrgicas bajo la luz de celulares en Centro Médico.

Aunque el Cardiovascular estaría en mejor posición porque su diseño y construcción tuvieron las consideraciones sísmicas más recientes en los códigos de construcción, el informe advirtió que “el generador eléctrico es capaz de producir menos de un 30% de la demanda total del hospital” y “no se cumple con el mínimo de días requeridos para suplir gases medicinales luego de una catastrófe”. La PAHO recomienda abastos de gases médicos para 15 días.

En el hospital regional de Bayamón, los expertos encontraron que el generador de emergencia producía “30% o menos” de la demanda energética de la institución y, ante la falta de reservas de gases médicos, “en una situación de emergencia, carecerían de estos gases inmediatamente”.

Al borde del colapso

El informe que detalla las vulnerabilidades de estos hospitales, donde miles de pacientes de Puerto Rico y el Caribe reciben servicios a diario, se une a otros hallazgos del trabajo investigativo de El Nuevo Día, en los cuales ha quedado a la luz la desarticulación que existe en la respuesta y manejo de emergencias de salud en Puerto Rico, una situación que, según documentos y entrevistados, lleva años sin que ninguna administración de gobierno haya procurado corregir en definitiva.

Entre las fallas identificadas, figuran protocolos obsoletos para atender emergencias y el hecho de que pacientes politraumatizados tardan seis horas, en promedio, para llegar al Hospital de Trauma.

El trabajo periodístico también ha revelado el incumplimiento de leyes que exigen reclutar emergenciólogos en las salas de urgencia. Allí, de paso, datos estadísticos sugieren que, antes del huracán María, los pacientes esperaban -en promedio- hasta 13 horas para ser atendidos y admitidos en el hospital, de ser necesario.

Lo viejo y lo nuevo

De acuerdo con Martínez Cruzado, la experiencia en otros lugares debería servir de lección.

Relató que eventos como el terremoto de San Fernando, en California –que resultó en el colapso del hospital Olive View–, y los terremotos en Chile han servido para que varios países fortalezcan sus infraestructuras hospitalarias ante un desastre.

Puerto Rico comenzó a incorporar temas de inteligencia sísmica en sus códigos de construcción para 1987 y, desde entonces, se han efectuado varias actualizaciones. El problema es que la gran mayoría de los hospitales en Puerto Rico y complejos como el Centro Médico se construyeron antes de ese año.

El académico explicó que las construcciones nuevas en los hospitales cumplirían con los estándares vigentes. Pero se trata de estructuras nuevas, unidas a estructuras viejas y, según Martínez Cruzado, la evidencia sugiere que en un terremoto, la parte que colapsa suele ser la más nueva.

“Lo que hacen las compañías de diseño es cumplir con los requisitos mínimos que dice el código”, insistió Martínez Cruzado, al recordar que más que un hospital en pie, se necesitan hospitales que funcionen después del desastre.

La falla que parte a la isla

Las deficiencias estructurales y funcionales en los hospitales cobran más trascendencia cuando se sabe que, aparte de estar enclavado entre dos placas tectónicas, cuya fricción puede provocar un terremoto mayor, Puerto Rico tiene una falla sísmica que discurre por su suelo de manera diagonal, justo entre las periferias de Salinas y Aguadilla, y que “está claramente activa”. No obstante, los códigos de construcción vigentes no contemplan esa realidad.

Para Martínez Cruzado, desde hace mucho, es hora de tomar acción. Algunas medidas son complejas y costosas, como la construcción de estructuras sobre aisladores de base, lo que evitaría el desplome de las estructuras.

Pero otras estrategias debieron ponerse en práctica hace años, como advierte el informe del 2015 y no se hizo. Entre esas medidas, se recomienda la instalación de tuberías flexibles para evitar que los suplidos de gases o de agua se averíen y anclar equipos en el interior de los hospitales para evitar que estos caigan, atrapando a pacientes y empleados. Estas medidas, incluso, son requeridas por los manuales de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, en inglés).

El plan del gobierno

Durante los pasados 12 meses, Puerto Rico presentó al gobierno federal dos planes para su reconstrucción post-María y estimó se necesitan unos $14,946 millones en el tema de salud. Empero, en tales documentos no hay estrategias específicas para cumplir con los estándares del ISH, aunque en los planes se asegura que el objetivo principal de las inversiones es aumentar “la resiliencia”.

“Esas son palabras vacías”, dijo Martínez Cruzado, al señalar que tras el huracán María, se ha adoptado el concepto de resiliencia sin que se entienda lo que significa.


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