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Antonio de Vera, director ejecutivo de LifeLink de Puerto Rico. (Archivo / GFR Media)

Aun cuando Puerto Rico tiene una de las tasas de autorización de donación de órganos más alta de Estados Unidos y sus territorios, todavía la resistencia mayor parece estar en reconocer que un ser querido está muerto cuando el corazón, impulsado por una máquina, todavía late.


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