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Son las 7:51 de la mañana y usted conduce hacia su trabajo. Faltan nueve minutos para que el ponchador acoja ansioso su tarjeta de asistencia. Un conductor, que tal vez lleva igual o más prisa que usted, cruza su vehículo de un lado a otro de la carretera sin encomendarse a nadie.

En lugar de vociferar los cuatro insultos que se le ocurren, hay quienes opinan que la mejor respuesta a ese momento de tensión es respirar.

Sí, respirar para que pasen varios segundos y, en lugar de responder de sopetón, detenerse a pensar antes de actuar. Sin saberlo, usted habría realizado en ese momento un ejercicio de meditación.

“La meditación no es sólo treparte en una montaña y estar quieto. Eso es meditar, pero la meditación es también ser consciente todo el tiempo de lo que dices y lo que haces”, explicó José Santini, quien ofrece un curso sobre esta disciplina.

“Las emociones no van a desaparecer, la emoción va a estar ahí. (Lo que va a cambiar con la meditación) es cómo tú reaccionas a la emoción”, agregó.

Santini, quien también es instructor de yoga, aseguró que para aprender a meditar no hace falta practicar una religión o creer en un dogma particular.

Insistió en que, aunque existen diversas técnicas, todas tienen un elemento común. “Poder conectarte con tu respiración, poder, de cierta forma, ampliar y expandir tu respiración, te permite sanar tu cuerpo, tranquilizarte y vivir una mejor vida. Y eso es un proceso fisiológico, eso es ciencia”, manifestó.

La sicóloga clínica Ibis Lebrón destacó que profundizar en esta práctica puede conducir a la paz y alejarle de la violencia, pero aclaró que, para tener éxito, hace falta que usted asuma y ponga en práctica su propósito. “El que tú llegues a detenerte y respirar antes de que digas todos los improperios requiere práctica. No es algo que sale de un día para otro”, dijo a El Nuevo Día.

Así como afinar la técnica de meditación requiere tiempo, su influencia para disminuir actitudes violentas será paulatina. “Es como cuando tú tiras una piedrita dentro del agua, que se van formando ondas, algo que parece bien sencillo o bien pequeño se va expandiendo. Esa conciencia o esa paz se va expandiendo”, manifestó.

“Si tienes una cultura de violencia como la que nosotros tenemos, que está desplegada en todos los aspectos, en todos esos entornos, tú tienes que ir con esa conciencia, mantener la conciencia de qué es lo que tú quieres... de crear una conciencia de paz”, abundó Lebrón.

Meditando para la paz

Cada jueves, Santini comparte con sus alumnos diversas formas de relajación y meditación para que escojan la que mejor se adapta a su estilo y que puedan utilizar en su vida diaria.

“Con esto, tú paras, respiras y vuelves y te centras, y no reaccionas rápidamente”, indicó Sandra Garriga, una de los cerca de 15 participantes de este taller, ideado por Santini como complemento al ejercicio físico que atraía a muchos de los alumnos del Samadhi Yoga Institute, en Santurce.

Lizelle Arzuaga, quien dirige el centro y participa del taller, reconoció que la meditación la ayuda a controlar sus impulsos. “A veces, uno reacciona (de forma violenta o sin pensar), pero sabes que tienes la opción de no hacerlo”, afirmó.

“No tienes que sacar una hora todos los días... sino ir desarrollando esa conciencia meditativa en todo lo que tú haces en tu vida”, agregó Arzuaga.

De la India hasta Estados Unidos y Argentina, se cuentan las iniciativas que promueven la meditación en escuelas, comunidades y hasta en las cárceles.

Y estudios científicos -de la Universidad de Michigan, la Universidad de California, entre otras instituciones reconocidas- han demostrado la capacidad de esta técnica ancestral para mejorar la calidad de vida de quienes la practican, ya sean adultos o escolares.

En Puerto Rico, existen programas para integrar la meditación a la vida de los niños y niñas, como el que Arzuaga mantiene hace siete años en la escuela elemental La Casa Montessori en Santurce.

Cada día, los estudiantes de nueve años en adelante llegan a la escuela y, tras el saludo oficial, realizan su rutina de 10 minutos de meditación, que Arzuaga confirma tiene un impacto claro en su comportamiento. “Salen más tranquilos, más calmados”, indicó.

“El día que no se hace (la meditación) se ve una diferencia radical: desorden en el salón, indisciplina, y, cuando lo hacen, esos nenes salen en silencio a trabajar en su área”, relató.


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