Un estudio de la Universidad de George Washington reveló que fallecieron 2,975 personas durante el periodo de octubre a diciembre del 2017.

Lo repitió -al menos- siete veces: el huracán María fue una “catástrofe sin precedentes”. Con esta frase, el gobernador Ricardo Rosselló Nevares justificaba ayer las críticas sobre el desempeño de su propia administración en el manejo de la emergencia.

Las críticas son parte del estudio que el gobierno encomendó al Instituto Milken de la Universidad George Washington. Un informe de la investigación -publicado ayer- estima en 2,975 los decesos asociados al ciclón, establece que el gobierno no estaba preparado para atender una tormenta tan intensa, y que los líderes de las agencias estaban enajenados de las peripecias que ocurrían en las comunidades después que se acabaron los vientos.

De hecho, el documento se hace eco de testimonios recogidos por los investigadores, en los que se insinúa que los oficiales del gobierno manejaron el tema de los decesos asociados al huracán María siguiendo criterios partidistas, asunto que negó Rosselló Nevares en una entrevista con El Nuevo Día.

“Un número como este en nuestras manos, en aquel momento (en los primeros días después del huracán), lejos de negar lo que sucedía, lo que iba a hacer era apoyar la magnitud de la catástrofe”, contrastó Rosselló Nevares.

El gobernador admite, sin embargo, que hubo disloques significativos en los primeros días después del huracán, especialmente en lo que respecta a las comunicaciones.

Resaltó que los hallazgos de la investigación muestran que las poblaciones más vulnerables tras la catástrofe fueron los mayores de 65 años y las personas que residen en municipios con bajo desarrollo económico.

Del mismo modo, anunció que firmará una orden ejecutiva para establecer el Comité 9-20 (los números de la fecha del huracán) para que se encargue de poner en vigor las recomendaciones contenidas en el estudio y crear dos registros, uno de personas con enfermedades crónicas y otro de égidas y centros de cuido de personas de mayor edad.

Asimismo, le encomendó a la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico el diseño de un memorial para honrar a los fallecidos por el evento atmosférico.

“El objetivo es reconocer el valor de los puertorriqueños posterior a esta devastación, y mantener en la memoria a aquellos que perdieron su vida de tal forma que eso sea un recordatorio de la devastación que vivimos y de nuestro ímpetu para hacer cambios de cara al futuro”, dijo a preguntas de este diario.

El informe es muy crítico contra su gobierno. Dice que personas entrevistadas por los investigadores afirmaron que el liderato gubernamental parecía desconectado de lo que sucedía en las comunidades después del huracán…

—Eso era una de las observaciones. La preparación histórica en Puerto Rico para los huracanes y los protocolos están establecidos realmente para (un huracán) categoría uno (con vientos entre 74 y 95 millas por hora), tal vez categoría dos (entre 96 y 110 millas por hora), nunca al nivel de María. Ante la pérdidade todo el sistema de comunicaciones y de energía, hubo un disloque. Aunque había comunicadores afuera, hubo un disloque en el mensaje... Hubo falta de información. El Registro Demográfico, por ejemplo, estaba cerrado, y hubo muchos rumores que surgían… Una de las observaciones es que se debe trabajar un protocolo para que la comunicación sea consistente, constante, que sea un solo vehículo de comunicación para que el pueblo sepa de dónde emana la información correcta.

En el documento, se recomienda que en las comunicaciones públicas sobre los decesos haya “compasión”. Visto de otra manera, ese argumento presume que, tal vez, en ocasiones, no hubo tal compasión en las comunicaciones especialmente en el tema de las muertes. ¿Cómo usted lo ve?

—Aquí, sin duda alguna, este proceso fue uno sin precedentes y se tiene que hacer mejor. Nosotros estamos prestos a evaluar todas esas recomendaciones y ponerlas en práctica. La autoevaluación es parte importantísima en nuestra administración. Lo que hagamos ahora para identificar los errores que se cometieron, las fallas que hay y encaminar posibles soluciones es lo que va a enmarcar a Puerto Rico de cara al futuro. Cualquier observación, yo personalmente tendré una discusión con los investigadores para que me puedan dar mayor detalle de estos asuntos. Lo importante es que estemos listos para ejecutar, sea una recomendación pesada o liviana.

Ellos hablan de que no fue hasta febrero que los decesos llegaron a niveles que se pueden entender como normales. Es decir, casi cinco meses después del huracán, las personas seguían muriendo por el huracán.

—Eso denota la magnitud de la catástrofe. Eso denota que, en Puerto Rico, cuando se cayeron todos los servicios, había en unos casos muy poco auxilio, y denota los retos sin precedentes que tuvo Puerto Rico. También, denota la burocracia que pudo atrasar los procesos. Eso denota muchas cosas, pero, muy específico, que esto fue una catástrofe sin precedentes, y que tenemos que ver cómo nos preparamos de cara al futuro… con los resultados tenemos que hacer una evaluación, y tener una ejecución rápida para poder estar listos para cualquier otro evento, sea un huracán o un terremoto.

¿Qué usted aprendió del proceso?

—En lo personal, esto es un gran dolor para mí. Que murieran tantos puertorriqueños por un huracán es simplemente doloroso. Sabemos que muchas familias han sido afectadas, muchas continúan con retos, y mi compromiso aquí es que no voy a descansar hasta que podamos lograr normalizar las cosas en Puerto Rico, pero, más allá de eso, reconstruir de manera más efectiva. Creo que, a nivel profesional, y de enseñanza de vida también, uno tiene que anticipar el peor escenario, y esperar que no ocurra, pero estar preparados. Esto ocurre apenas a ocho meses de iniciada nuestra administración. Ya nosotros habíamos comenzado a hacer una serie de cambios y evaluaciones en el proceso de respuesta a la emergencia… pero lo cierto es que un evento de esta magnitud fue algo sin precedentes.

Cuando usted le encomendó al secretario de Seguridad Pública, Héctor Pesquera, la responsabilidad de dirigir los esfuerzos por conocer las fatalidades, se criticó la decisión por no estar en manos de algún experto en salud pública. A raíz de este desenlace, todavía piensa que tomó la decisión correcta.

—Es parte de lo que vamos a estar evaluando en términos de la estructura. La razón de escoger a Pesquera fue porque es el coordinador estatal con FEMA, y está a cargo de la sombrilla de seguridad pública, que implica una serie de áreas particulares que tienen que ver con la respuesta a la emergencia y a las muertes, y ciertamente hubo una colaboración con agencias como Salud, entre otras.

¿Hubo esa colaboración entonces?

—Sí. Lo que hubo también fue unos retos sin precedentes en ese momento. El Registro Demográfico estaba cerrado prácticamente. Las cosas estaban llegando semanas después de lo ocurrido. Había pobre comunicación y, hasta cierto punto, yo creo que, en términos generales, una de las recomendaciones era centralizar y tener una persona que sea el comunicador o la comunicadora sobre estos temas. Nosotros vamos a evaluar todas esas recomendaciones.

Cuando originalmente se hablaba de este estudio se daba la impresión de que no iba a ser un ejercicio de calcular el exceso de muertes, sino de identificar los casos. ¿Qué pasó?

—El estudio tiene fases. La fase que nosotros pudimos financiar era la primera, y establecía estimados de muertes en exceso con un rango de confiabilidad mucho más pequeño que los que hemos visto en otros estudios. Hubo uno que tenía un rango de confiabilidad que iba de 800 a 8,000. La idea era aterrizarlo con una metodología científica, algo que nos pudiera dar un aproximado. Estudios o fases posteriores que se pueden dar con este esfuerzo, que ya puede hacerse con subvenciones del gobierno federal, irían un poco más profundo hacia identificar cada una de las muertes que se han podido contabilizar, y arribar a lo que sería un número y las causas… Esta primera fase siempre era un estimado. Lo único es que era un tanto más preciso, según la metodología, y un análisis de lo que se había llevado a cabo con el protocolo del CDC (Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU.), que no era el mejor, pero que se llevó a cabo de la mejor manera que se podía hacer en aquel momento y un análisis en el proceso de la comunicación.

Pero ya habían estimados de exceso de muertes...

—Nosotros queríamos darle un mayor grado de certeza al pueblo de Puerto Rico sobre el análisis. Buscamos científicos de renombre para que pudieran hacer esto. Por eso, estaré activando la Comisión 9-20 que va a permitirnos mecanizar algunas de estas recomendaciones y otras que vengan. Posteriormente, se podría extender el estudio a otras áreas, aparte de salud pública, para atender otros asuntos que se tengan que mitigar en Puerto Rico posterior a un huracán. Mi aspiración es que podamos, de alguna forma, darles mayor claridad al pueblo de Puerto Rico y a los familiares que perdieron personas en el huracán.

Cuando vino el presidente de EE.UU. Donald Trump y mencionó el huracán Katrina como una catástrofe “real”, se hablaba de 16 muertes como consecuencia del ciclón (María). Dado lo que se conoce ahora, ¿cómo evalúa ese momento?

—Yo no soy perfecto. Yo cometo errores. Ahora, la visión hacia atrás tiende a ser 20-20. En aquel momento, teníamos un protocolo y no nos dimos cuenta hasta un poquito después que era totalmente insuficiente y que la responsabilidad de adjudicar la causal de la muerte era de los médicos, pero que lamentablemente no había un proceso formal para prepararlos ante una devastación. En aquel momento, era el número que se tenía. Luego, tenemos evidencia que apunta a que, en ese momento, el número, lo más seguro, era muchísimo mayor. Uno tiene que ser dueño de algunas de las acciones que uno toma. Yo he establecido que, en este proceso sin precedentes, he cometido errores, pero mi compromiso es aprender de ellos y corregirlos de cara al futuro.

Algunas personas han opinado que el manejo del asunto de las muertes tuvo consideraciones partidistas o políticas... (El tema es mencionado en el informe)

—Déjame categóricamente decir que no. Mi premisa, la premisa del secretario (Pesquera), y de nuestro equipo de trabajo, inclusive desde antes que el huracán llegara a Puerto Rico, es que esto iba a ser una catástrofe sin precedentes. Parte de lo que nosotros argumentamos a través de esos días es que Puerto Rico necesitaba ayuda. Un número como este en nuestras manos, en aquel momento, lejos de negar lo que sucedía, lo que iba a hacer era apoyar la magnitud de la catástrofe. No veo la razón, la lógica, la moral, de poder llevar a cabo ese tipo de proceso. Reconociendo como lo he hecho, que he cometido errores, pero les garantizo que eso no es una de las consideraciones.

El tema no es nuevo. Fue algo que estuvo en el debate público porque las cifras que daba el gobierno no parecían estar acorde con la realidad...

—Tiene que llegar el momento, en esta discusión, en que esto de lo político tiene que hacerse a un lado. Por favor, estamos hablando de gente que perdió su vida, de familiares, de su dolor y, muy por encima de cualquier consideración política, soy gobernador de Puerto Rico, y quiero que los familiares tengan claridad y la gente acceso a los servicios que necesita, y poder protegerlos. Fue un gran sentido de falta de poder ante esta devastación, pero el meramente insinuar que esto es una consideración política, creo que degrada la memoria de las personas y el objetivo de lo que estamos haciendo.


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