(GFR Media)

Más de la mitad de los puertorriqueños con más de 65 años padecen de al menos una de las condiciones que aumentan significativamente el riesgo en el caso de un contagio con el COVID-19.

Un análisis de vulnerabilidad hecho por el bioestadístico Ángel Suárez Rivera, el experto en climatología Ángel Torres-Valcárcel y el consultor en economía, Jesús Salgado-Carreras, arrojó que algunas de las áreas con mayor concentración de adultos mayores están alejadas de los servicios médicos que necesitarían en caso de una propagación mayor de la enfermedad que ya ha cobrado la vida de 7,893 personas a nivel mundial, según datos de la Universidad John Hopkins.

“Son más de 330,000 personas que entran en el área de alto riesgo al coronavirus según la información que ha provisto el CDC (Centro de Control de Enfermedades)”, expresó Suárez Rivera a El Nuevo Día.

Específicamente, el CDC ha informado que las personas con enfermedades del corazón, los pulmones o con diabetes tienen un alto riesgo de enfermarse con mayor severidad con el COVID-19 o hasta morir.

“Si no hacemos algo nos vamos a enfermar muchos y se nos van a ir muchos viejos”, explicó Suárez Rivera.

Según el bioestadístico, el Sistema de Vigilancia de Factores de Riesgo por Conducta expone que alrededor del 35.4% de la población de adultos mayores padece de diabetes y el 15.2% de asma.

Por su parte, la demógrafa Judith Rodríguez, resaltó que la hipertensión, población que también muestra mayores niveles de riesgo que el resto de la población, tiene una tasa de prevalencia de 73%, según los últimos datos disponibles del CDC.

Los principales síntomas de la enfermedad son fiebre, tos y dificultad al respirar. El CDC recomienda que si la persona presenta esta última dificultad en la respiración, tiene dolor persistente en el pecho, tiene los labios morados o muestra señales de confusión, debe buscar atención médica inmediatamente.

Debido a que se trata de un virus nuevo, los humanos no tienen defensas y se enferman. Por eso los altos niveles de contagios que se han experimentado desde los primeros reportes de la enfermedad en la provincia de Wuhan en China a finales del 2019.

Por el momento, las autoridades médicas basan sus decisiones en las experiencias reportadas en las primeras localidades afectadas como China, Corea del Sur, Hong Kong e Italia, entre otros.

El llamado distanciamiento social, que en días recientes ha tomado forma en la cuarentena ordenada por la gobernadora Wanda Vázquez Garced busca, en cierto modo, retrasar la rapidez con que se contagian las personas de modo que no haya muchos pacientes a la vez con emergencias en los hospitales provocando un ataponamiento de casos y desatando racionamientos en los servicios, explicó Rodríguez.

Se presume que la propagación del virus y el nivel de mortandad variará según las costumbres y características de la región. Por ejemplo, la población de un país con una estructura de edad joven sufrirá con menos intensidad los contagios del COVID-19 en comparación con un pueblo con una mediana de edad relativamente alta, como es el caso de Italia.

La mediana de edad en Italia es de 47.3 años. Los datos más recientes, correspondientes al 2018, calculan que la mediana de edad de Puerto Rico es de 42.9 y la de Estados Unidos es 38.2.

La experiencia en Puerto Rico con la pandemia de este coronavirus no se conoce a fondo puesto que en la isla apenas se han llevado a cabo 37 pruebas de diagnóstico, de los cuales cinco han arrojado resultados positivos.

En parte, el problema responde a una serie de contratiempos a nivel federal con el manejo, distribución y análisis de las pruebas diagnósticas.

Vulnerabilidad geográfica

Según Suárez Rivera, parte del problema es que muchas de las poblaciones de mayor edad, están alejadas de los servicios médicos o enfrentan condiciones socioeconómicas que los pone en una situación de vulnerabilidad ante la emergencia.

Suárez Rivera indicó que, junto a sus colegas, desarrollaron un modelo que estima cuáles municipios son los más vulnerables a las consecuencias del COVID-19 tomando en consideración varios factores como la población de adultos mayores, la prevalencia de enfermedades, la disponibilidad servicios médicos o de diagnóstico, y asuntos socioeconómicos. El análisis reflejó que en los pueblos donde se concentra la actividad económica las personas son menos vulnerables al coronavirus en comparación con las zonas menos pobladas y más empobrecidas.

“Lo que queremos es que los que están tomando decisiones vea la vulnerabilidad de estos sitios y los tome en cuenta cuando estén decidiendo movilizar recursos en medio de esta emergencia", dijo el bioestadístico.


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