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Bryan Rivera Medina viajará a Suiza para una cumbre en la que presentará su proyecto de inteligencia artificial que ayuda a niños diagnosticados con autismo a identificar emociones. (Juan Luis Martínez)

No importa la calidad de los materiales educativos, la riqueza del currículo, ni la creatividad en las técnicas de enseñanza de un maestro, un estudiante no podrá aprender adecuadamente en un salón de clases si no se atienden primero sus necesidades emocionales.

Esa es la filosofía que el maestro de Educación Especial Bryan Rivera Medina aplica todos los días en su salón, especializado en autismo.

“El reto con estudiantes con autismo es que no se trabaja la educación emocional efectivamente, y eso es una barrera para darles acceso al contenido (educativo)”, explicó el maestro en la Escuela Elemental Urbana de Guaynabo.

Hace tres años, desarrolló un proyecto que usa inteligencia artificial para ayudar a niños diagnosticados en el espectro del trastorno de autismo a identificar emociones. El proyecto “Reading Faces” ha sido galardonado en competencias en la isla, y Rivera Medina ha viajado alrededor del mundo para dar a conocer lo que se puede lograr si se atiende a los estudiantes con autismo con un acercamiento distinto.

El maestro con seis años de experiencia en el sistema público de educación se prepara para viajar a finales de este mes a Ginebra, en Suiza, para ser parte de la tercera cumbre mundial “AI for Good”, organizada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones, un ente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Rivera Medina explicó que la ONU ha identificado el potencial que tiene la inteligencia artificial para servir a las personas, por lo que hizo una convocatoria para que profesionales presenten los usos que se le puede dar a esta tecnología.

“Se hace un llamado a expertos, empresas, sicólogos, docentes, científicos para, un poco, informarle a Naciones Unidas cómo se debería utilizar la inteligencia artificial alineada a sus 17 metas (Objetivos de Desarrollo Sustentable) 2030”, señaló.

Rivera Medina precisó que su proyecto se alinea con el objetivo número 4 de la ONU, que busca “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”. En Ginebra, él y otros profesionales explicarán cómo sus iniciativas pueden mejorar la comunidad y, al final, se unirá en un laboratorio estratégico para crear un proyecto que tenga un impacto global en la calidad de la educación.

Rivera Medina, quien desarrolló su proyecto cuando era maestro en un plantel en Toa Alta, se dio cuenta temprano en su carrera de la facilidad que tenían sus alumnos para manejar aparatos tecnológicos.

Las dificultades en la comunicación y la autoagresión eran comunes entre sus alumnos, por lo cual decidió que tenía que atender la inteligencia emocional antes de enseñarles conceptos académicos.

Para esto, el educador echó mano de un programa de reconocimiento facial y le enseñó a sus alumnos a identificar emociones, primero en imágenes simples y luego, en compañeros de escuela que Rivera Medina reclutó para asistirle.

Con estas destrezas, los estudiantes no solo aprendieron a reconocer las emociones que sienten las personas a su alrededor, si no que también adquirieron el conocimiento y el lenguaje para identificar sus propias emociones, expresarlas y manejarlas.

Para el secretario interino de Educación, Eligio Hernández, la iniciativa de Rivera Medina es ejemplo de la “genialidad” de un maestro que reconoce las diferencias de sus estudiantes y se encarga de enseñar tomando en cuenta las fortalezas y debilidades de cada uno.

“El contenido, lo encontramos en cualquier lugar, en cualquier momento, la educación realmente nos transforma con la genialidad de un maestro que reconoce que todos somos diferentes”, expresó Hernández.


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