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En cuestión de segundos, mientras el cliente se distraía, un cajero, presunto miembro de una pandilla, pasaba la tarjeta de crédito o débito por un diminuto aparato que cargaba en el bolsillo. Copiaba disimuladamente el número secreto, si se trataba de una tarjeta de débito, y entonces el robo estaba completado.

La víctima, quien había acudido a hacer una compra en una gasolinera o restaurante de comida rápida, nunca se enteraba hasta que un buen día observaba el daño en su estado de cuenta.

Su tarjeta había sido clonada.

Ayer en la madrugada, la Policía, el Departamento de Justicia y el Servicio Postal ejecutaron un operativo en el residencial Manuel A. Pérez para ir detrás de una de estas pandillas. Eran 28 órdenes de arresto para impactar una organización que se apropió de $117,000 al clonar las tarjetas de 86 consumidores por espacio de un año.

“Esto estaba bien organizado, bien planificado y bien pago”, explicó el superintendente de la Policía, Emilio Díaz Colón.

El esquema, según la investigación, era dirigido por Carlos Dávila Jaime y su hermano Charlie desde un lujoso apartamento con televisores plasma, rejas especiales, cocina de lujo y acondicionadores de aire en todas las habitaciones.

Según explicó el secretario de Justicia, Guillermo Somoza, Carlos conseguía cajas de aparatos llamados “skimmers” y les pagaba $1,000 a nueve personas que a su vez identificaban cajeros dispuestos a participar del esquema desde sus puestos de trabajo: cuatro negocios de comida rápida y tres gasolineras que no fueron identificados por “confidencialidad”.

Patronos no sabían

La fiscal Lourdes Acevedo, de la división de Delitos Económicos, aclaró que de la pesquisa no se desprende que los patronos de estos cajeros supieran del esquema criminal.

Estos cajeros pasaban las tarjetas de los clientes por los “skimmers” -fácilmente adquiribles en Internet por entre $30 y $120- y la información guardada era entregada en forma de “chip” a razón de $100, por tarjetas de crédito, y $50, por las de débito.

La información digital era entonces almacenada en una computadora para clonar las tarjetas en blanco de crédito y débito que igualmente se compran por Internet. Las que mayor balance tenían eran utilizadas para comprar giros postales que luego eran cambiados en efectivo en un negocio. Esta modalidad era la más lucrativa y le generó $89,000 a la organización.

El propietario de ese negocio, Federico Pérez, figura entre los arrestados, quienes enfrentan cargos de diversos delitos como apropiación ilegal de identidad, uso ilegal de tarjetas de crédito o débito, utilizar equipo electrónico para clonar tarjetas, apropiación ilegal agravada o menos grave y lavado de dinero.

Arturo Carrión, vicepresidente de la Asociación de Bancos y quien estuvo presente en la conferencia de prensa sobre el operativo, instó a la ciudadanía a siempre seguirle el rastro a las tarjetas de crédito o débito que utilizan. Recomendó además a los ciudadanos que sean muy cuidadosos al momento de pulsar el número secreto de su tarjeta de débito y que verifiquen a diario sus estados de cuenta.

“Es la única forma en que se puede evitar que la usen para fines ilícitos”, dijo Carrión.