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¿Quién dijo que por vivir en un hogar de cuidado prolongado usted o su familiar pierden sus derechos?

Derecho a decidir sobre la ropa que usa, a exigir un trato digno y adecuado según su condición de salud, a recibir los servicios que le ofrecieron cuando aceptó entrar al hogar, a establecer un diálogo con la administración para cambiar procesos o decisiones que resulten en beneficios para todos los residentes, entre otros.

La defensa de esos derechos y la participación en los procesos y las decisiones del lugar son la razón por la cual la Oficina del Procurador de los Personas Pensionadas y de la Tercera Edad (OPPTE) están promoviendo la creación de consejos de residentes en los hogares de cuidado prolongado. La iniciativa, más que tener una intención fiscalizadora, pretende que las personas se organicen en comunidad y se mantengan activas, explica la procuradora auxiliar de Protección y Defensa, Carmen Ortiz.

“Lo ideal es que estén en todos los hogares porque el Older Americans Act promueve la autodeterminación” de los ancianos”, señala Ortiz, al referirse al estatuto de 1965 que se creó para velar por los servicios sociales a los ancianos y con la cual se creó la Administración en Envejecimiento de Estados Unidos.

Hasta ahora, la OPPTE ha ayudado a establecer consejos de residentes en el asilo municipal de Isabela, Cándido Crispín, y en el Asilo Municipal de Mayagüez. El proceso de orientación comenzó en el 2010.

“La idea es apoderar a los residentes, que conozcan sus derechos y que establezcan diálogos con los dueños de los hogares” para mejorar los servicios, agrega Ortiz. La función de las personas que los residentes escojan para que formen parte de esos consejos es servir de portavoces -particularmente de los compañeros más frágiles- ante de los dueños y administradores.

Estos consejos permiten que se fomente no solo la autodeterminación, sino que contribuyen a la independencia de los adultos mayores y a mejorar su autoestima porque les permite sentirse útiles y en control de su vida, recalca Dania Vázquez, coordinadora principal del programa Ombudsman de la OPPTE.

Ortiz reconoció que la iniciativa ha encontrado resistencia entre algunos dueños y empleados de hogares y aún entre residentes que piensan que por querer participación van a tener problemas con la administración del hogar y prefieren no organizarse.

La funcionaria, sin embargo, afirma que la labor del consejo no solo sería beneficiosa para los residentes, sino para sus familiares, que se sentirían más tranquilos de que el residente conozca y vele por sus derechos o tenga a otros que lo hagan por él.

Asimismo, dijo Ortiz, esta nueva dinámica podría evitar querellas o quejas en las agencias porque los señalamientos se podrían hacer y resolverse internamente.

Por lo novel de la iniciativa y la educación necesaria para que residentes y dueños de hogares comprendan su alcance, el establecimiento de los consejos puede tomar algún tiempo.

Vázquez explica que, inicialmente, se convoca a una reunión en la que los residentes dan ideas sobre sus necesidades, la forma de mejorar sus condiciones de convivencia y cómo podría ser el consejo, que debe estar integrado por residentes que estén bien de sus capacidades cognitivas.

Vázquez indica que lo consejos pueden tener diversas formas de funcionar, dependiendo del tamaño del asilo y las preferencias y experiencias de los residentes.

Las personas podrían decidir formar un grupo en el que todos participen o escoger un comité o representantes. “Hay que ajustar la estructura a la cultura y las necesidades de los residentes”, destaca Ortiz. “Hay que educar a las agencias que intervienen estas instituciones para que sean parte del proceso”, agrega.