Decenas de ellos hacen largas filas para usar el servicio de la Cruz Roja, que provee celulares para llamadas breves con el objetivo de informar a sus familias dónde y cómo están.

 A la espera de ver cuál será el próximo paso de la caravana, que podría decidirse este jueves, los miles de migrantes que la conforman intentaban entretenerse  en un estadio del sur de la capital mexicana mientras continúan las conversaciones y sesiones informativas sobre las opciones legales que tienen en México y en Estados Unidos.

Durante una asamblea, realizada el miércoles por la noche, hablaron de elegir con cautela la ruta más segura y enfatizaron la necesidad de tener claro qué localidades se ofrecían a apoyar a la caravana antes de tomar decisiones, ya que cualquier camino atraviesa lugares donde el crimen organizado es muy activo.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos ya solicitó a las autoridades que se permitiera “un traslado humanitario adecuado” para las personas más vulnerables.

El periodista hondureño Milton Benítez, que habló a la prensa como integrante de la caravana, reiteró el miércoles por la noche que algunos de ellos tenían previsto entrevistarse el jueves con el presidente Andrés Manuel López Obrador con el fin de saber sus planes para los migrantes, ya que ha prometido programas con visas de trabajo para centroamericanos. Sin embargo, el equipo de trabajo del futuro mandatario negó que estuviera prevista una reunión con miembros de la caravana.

Christopher Gascón, el representante de México ante la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), calculó que había alrededor de 6,000 migrantes en el complejo deportivo Jesús Martínez de la Ciudad de México y tal vez otros 4,000 avanzan en caravanas por el sur del país. Y el jefe de gobierno capitalino, Ramón Amieva, ya advirtió que la ciudad tiene que “reforzarse” para cubrir las necesidades de los migrantes, especialmente de los niños y las mujeres embarazadas.

Entre los migrantes circula la idea de que van a emprender de nuevo su camino hacia Estados Unidos el viernes, cuando los contingentes que se encuentran en el estado de Puebla ya hayan alcanzado Ciudad de México.

Sin embargo, varias asociaciones humanitarias, entre ellas el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), están redoblando los esfuerzos para informar a los migrantes de las dificultades de entrar en Estados Unidos y les aconsejan pedir asilo en México.

"Para quedarme en México, me hubiera quedado en Honduras", dijo León Rodríguez tras abandonar una carpa de asesoramiento migratorio donde le advirtieron de "los peligros de la frontera", como la "separación de familias".

Este hondureño, que abandonó su país por "la inseguridad y el mal gobierno" tiene claro, a pesar de las dificultades de la travesía, que "uno sabe a lo que se atiene y el riesgo que corre".

Rosaura Pineda, una anciana hondureña que viaja con ocho familiares, agradeció el apoyo de las autoridades mexicanas en cuanto a comida, ropa y medicamentos, pero no desiste de su sueño de reunirse con su hija que vive en Minnesota.

"No dejan de preocuparnos pero cuando estemos allá será otra cosa. A lo mejor el gobierno de Estados Unidos cambia de opinión cuando mire a la gente y le acaba tocando el corazoncito", explicó Rosaura, quien se encomendó a "esperar a ver qué dice Dios".

Darwin Pereira, un trabajador de la construcción de 23 años y originario de Olanchito, en Honduras, dejó su país junto con su mujer y su hijo de 4 años porque “allí no hay trabajo, no hay nada”, y tiene claro lo que hará si cruza la frontera estadounidense.

Si encuentro a Donald Trump le voy a llorar, hay que llorarle, no hay más”, afirmó.

Nora Torres, una hondureña de 53 años que tuvo que cerrar su restaurante por las extorsiones de las pandillas, tampoco se intimida ante las amenazas del jefe de la Casa Blanca.

Estados Unidos nos necesita a nosotros, los hispanos, por la mano de obra que es más barata”, afirmó.

El también hondureño Francisco Redondo tiene más dudas sobre la llegada a suelo estadounidense porque "dicen las noticias que hay muchos militares en la frontera".

Como al resto de migrantes, le gustaría llegar a Estados Unidos porque "hay mejores oportunidades", pero se ha planteado pedir refugio ante las autoridades mexicanas, aunque todavía no lo ha hecho porque el trámite "tarda hasta uno o dos años".

De todos modos, regresar a su país natal no está de momento en sus planes: "O Estados Unidos o México. La última opción es Honduras", sentencia.

Las autoridades migratorias y las organizaciones civiles informan a los migrantes de que tienen 30 días desde que entraron al territorio mexicano para pedir la condición de refugiado si sufrieron violencia en su país.

Una vez iniciado el trámite, se les brinda un visado de un año por razones humanitarias con el que pueden trabajar en México hasta que se resuelva su solicitud, que en caso de ser denegada podría provocar la deportación.

De la caravana migrante que entró en México el 19 de octubre, los 5,000 que han llegado a la capital han rechazado hasta ahora pedir refugio para poder alcanzar Estados Unidos, mientras que otros 3,000 sí lo hicieron y permanecen retenidos en la frontera sur.


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