Los manifestantes prodemocráticos de Hong Kong volvieron el pasado domingo a protestar en diversos centros comerciales. (AP)

La situación en Hong Kong sigue siendo una piedra en el zapato para el gobierno chino. Ahora, el presidente del Parlamento de la República Popular China, Li Zhanshu, aseguró que su país  tiene "pruebas contundentes" de la participación de Estados Unidos y otros países en la situación de tensión que se vive en Hong Kong. Así lo ha asegurado este jueves.

Las declaraciones de Zhanshu se producen en su visita a Moscú esta semana, durante una reunión con el presidente de la Duma Estatal rusa, Viacheslav Volodin, informó la agencia Interfax.

El día de ayer en su encuentro con el presidente ruso, Vladímir Putin, el parlamentario le expresó su confianza en que Beijing y Moscú no caigan en las trampas de EE.UU., que intenta provocar y dañar la relación entre los dos países.

Asimismo, el portavoz del Ministerio de Relaciones exteriores chino, Geng Shuang, instó a Washington a no interferir en los asuntos internos de Hong Kong, en respuesta a las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, ante la ONU.

"Insisto nuevamente en que los asuntos de Hong Kong son puramente asuntos internos de China. Ningún gobierno, organización o individuo extranjero tiene derecho a interferir", subrayó Shuang en una conferencia de prensa.

En tanto, a jefa del gobierno de Hong Kong, Carrie Lam, se enfrentó este jueves a un torrente de preguntas críticas por parte de ciudadanos descontentos durante la primera sesión de diálogo con la gente, en medio de una grave crisis política en esta ciudad semiautónoma china.

Este "diálogo comunitario" se realizó en un estadio de la isla de Hong Kong, y a él acudieron unos 130 ciudadanos hongkoneses que plantearon preguntas a Lam y a cuatro de sus ministros.

La líder, de 62 años, y sus colaboradores se enfrentaron a un público que plasmó su insatisfacción con la forma en la que su Ejecutivo ha gestionado el actual movimiento de protesta antigubernamental, que surgió en junio.

La policía local también figuró entre los principales objetos de crítica.

Cerca de un 80% de los participantes -escogidos aleatoriamente por un ordenador- en el evento, que duró dos horas, formularon preguntas críticas con las autoridades hongkonesas.

Cada uno tuvo tres minutos para hablar, y muchos reclamaron a sus gobernantes que establezcan un órgano independiente para que investigue los eventos que rodean al actual movimiento de protesta antigubernamental, especialmente la supuesta brutalidad policial.

Uno de los que tuvieron la oportunidad de preguntar, un trabajador de banca, dijo: "Lo que me rompe el corazón no es cómo los manifestantes han dañado algunas instalaciones e infraestructuras, sino cómo la policía ha invertido el bien y el mal... Hoy, nuestros jóvenes salen (a las calles) por la democracia y su sociedad, pero lo hacen a un alto precio".

Otro, padre de tres hijos, indicó que su niño de cuatro años le preguntó si debería confiar todavía en la policía de Hong Kong, y aseguró sobre Lam: "Es como mi esposa cuando cocina un plato e insiste en que es delicioso y me dice que me lo coma... pero a mí no me gusta".

Una de las asistentes no se cortó a la hora de hablar con Lam, a la que exigió que dimitiese por ser la "máxima responsable" de lo que ha ocurrido en Hong Kong en estos últimos meses.

En su respuesta a las preguntas de los ciudadanos, la política aseguró que es consciente de que la gente ha perdido la confianza en ella y en la policía, y mostró su esperanza de que un "diálogo comunitario" continuo sea capaz de acabar con los problemas.

Sobre las reclamaciones populares de un órgano independiente de investigación, Lam afirmó que ha tomado nota de las peticiones de la gente y que su gobierno "tiene la determinación de hacer frente a las exigencias".

"La única diferencia entre nosotros es qué medida usar (para tratar las quejas sobre la Policía). Hemos aumentado la transparencia e invitado a expertos extranjeros a unirse" al mecanismo existente que fiscaliza al cuerpo policial, insistió la líder.

Durante su discurso de apertura, una sonriente Lam había dicho que "el diálogo no es una acción de relaciones públicas. Se trata de buscar cambios, de hacer que Hong Kong, la ciudad a la que amamos, sea un lugar mejor. Quizá lleve tiempo, pero tenemos que empezar con ello".

Celebrado en el estadio Queen Elizabeth, construido durante la etapa colonial británica, el evento forma parte de las medidas anunciadas el pasado 4 de septiembre por Lam para tratar de apaciguar el descontento social, a las que también se sumó su inesperado anuncio de que retira formalmente el polémico proyecto de ley de extradición.

El diálogo de hoy fue la primera vez que Lam trató directamente con ciudadanos de a pie en Hong Kong desde que, hace más de cien días, comenzó el multitudinario movimiento de protesta, causado por el citado proyecto, que hacía temer la deportación a la China continental de disidentes políticos refugiados en esta ciudad.

Más de 20,000 ciudadanos hongkoneses se habían inscrito para el evento, pero el número máximo de participantes fue limitado a 150, pese a que el estadio tiene una capacidad para 2,000.

La seguridad en las inmediaciones del complejo fue numerosa. Durante la tarde, agentes antidisturbios introdujeron en el estadio armas de control de masas como gas de pimienta o gas lacrimógeno.

Asimismo, se prohibió a los asistentes que entrasen con paraguas, máscaras antigás o cascos, algunos de los objetos que suelen portar los manifestantes.

En la zona, las clases en los colegios terminaron antes y algunas tiendas cerraron, y a última hora de la tarde unas 100 personas se congregaron en las afueras del estadio cantando eslóganes como "Apoyad a Hong Kong, luchad por la libertad", a las que se fueron uniendo cada vez más mientras se celebraba la sesión de diálogo.

Los manifestantes prodemocráticos de Hong Kong volvieron el pasado domingo a protestar en diversos centros comerciales vinculados al operador ferroviario de la ciudad, MTR, con los negocios relacionados con la China continental como objetivo y vandalizando estaciones de metro.

Hong Kong vivió así su decimosexto fin de semana consecutivo de protestas antigubernamentales, originadas por un polémico proyecto de ley de extradición que permitiría entregar a sospechosos a otras jurisdicciones sin acuerdo previo, como la China continental.


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